
Vivimos en una sociedad de sospechosos, en la que lo son más aquellos que tienen la buena o la mala suerte de tener algún negocio abierto. Basta con dedicarse a vender, lo que sea, para que automáticamente le cuelguen al comerciante una arbitraria etiqueta de ladrón o delincuente.
La sospecha generalizada -y más aún la arbitraria- no soluciona ningún problema. Al contrario, crea problemas nuevos y virtualmente irresolubles.
Es el caso de las inspecciones «permanentes» que realiza la Secretaría de Defensa del Consumidor del gobierno de Urtubey, que está obligada a hacerlas, pero de ningún modo a publicitarlas; y, menos, dando la idea al público de que los comercios son antros en los que se debe entrar cuidando la cartera.
La peor propaganda para el turismo de Salta es publicitar periódicamente las inspecciones de consumo que efectúa el gobierno sobre la base de que muchos comerciantes se abusan sistemáticamente de los turistas. Si los que planean visitarnos leen estas noticias, seguramente elegirán otro destino menos peligroso. Son muy pocos los que dicen: «Me voy para Salta, cuyo comercio está bien controlado».
Por informar, el gobierno de Salta ha informado que los inspectores de la Secretaría de Defensa del Consumidor han hecho un raid punitivo por locales gastronómicos de zonas turísticas de la ciudad, para controlar el cumplimiento de la exhibición de la lista completa de precios de los productos y servicios, en el acceso a los comercios, como así también en cartas y menús.
No dice que la inspección eche un ojo sobre lo que efectivamente cobran estos comercios, pero sí se hace saber que 11 de los establecimientos visitados (el total no se conoce) han sido objeto de la apertura de un expediente sancionador.
Para más y mejor ilustración de los turistas, la información oficial dice que los controles se llevaron a cabo el fin de semana pasado en la calle Balcarce y el casco céntrico de la ciudad, y que continuarán durante la presente semana.
Recuerda que la norma que aplicable a este sector de actividad manda a que los establecimientos, cualquier sea su especialidad, incluidos bares y confiterías, exhiban sus precios en el acceso y en el interior del local, “pudiendo efectuarse en este último caso por medio de listas, ya sea menú o carta individuales que se entregarán a cada consumidor”. +
Y añade que en todos los casos las variaciones de precios, por cualquier motivo (precio por cubertería, derecho de espectáculo, pan, entre otros), deberán comunicarse al cliente previo consumo.