El comerciante de Salta no goza de la presunción de honradez

  • Con sus campañas obsesivas, el gobierno provincial de Salta da a entender que vivimos en una sociedad en la que los comerciantes estafan y abusan de sus clientes como les da la gana.
  • Una imagen distorsionada
A juzgar por las reacciones del gobierno provincial, que cada vez que se acerca una fecha propiciatoria del consumo alerta a la población sobre posibles abusos y estafas, los comerciantes de Salta podrían estar entre los más deshonestos del mundo.

La realidad es muy diferente a esta, ya que si bien la picaresca suele primar en las relaciones entre empresas y consumidores, la mayoría de quienes ofrecen bienes y servicios lo que buscan es ganar dinero honradamente, sin recurrir a engaños o subterfugios.

Desde luego, está muy bien que la autoridad recomiende estar atentos a los fraudes, pero mejor haría en enseñar a los ciudadanos pautas de consumo responsable. Como por ejemplo, hacerles saber que los «días» de la madre, del padre, del niño, de la mujer o de los enamorados no son fiestas de guardar y que nadie obliga a que las personas se dejen el sueldo en regalos.

Son fechas instituidas claramente con interés comercial, y aunque esta estrategia de ventas no está mal, no es posible confundir las ventas masivas con los fraudes generalizados. Hay comerciantes que actúan correctamente, así como hay consumidores malintencionados que solo buscan perjudicar a los comerciantes honrados.

La exaltación de los días de consumo como «fiestas religiosas» es algo que el gobierno debería desalentar porque en el fondo solo se trata de un impuesto a la pobreza disfrazado. El capitalismo lugareño se esmera en crear fuentes de diversión y de ocio improductivo con el solo objetivo de expropiar las escasas rentas de las personas con menores recursos. Lo peor es que el gobierno no los protege.

Lanzar alertas de fraude no es la mejor forma de ayudarlos. Lo que hay que hacer es educar para que las personas aprendan a confiar en los sistemas de distribución, en la transparencia de las prácticas comerciales y que, llegado el caso, para que no compren objetos que no necesitan.