Juan Manuel Urtubey se ha apresurado a aclarar que su viaje a los Estados Unidos, en compañía de funcionarios nacionales, no tiene por objeto «tomar» un crédito (léase: endeudar aún más al Estado provincial salteño), sino simplemente gestionar ayudas no reintegrables que concede el Banco Interamericano de Desarrollo. Esta información, proporcionada por el mismo Gobernador de la Provincia a los medios, parece guardar una relación distante con la realidad. Especialmente, si se tiene en cuenta que el Banco Interamericano de Desarrollo, según se anuncia en su página web oficial, no concede ayudas (o créditos) no reintegrables -los llamados «grants»- sino a un solo país de la región que es Haití.
Los demás países -incluida lógicamente la Argentina- pueden optar por los instrumentos financieros comunes (de capital ordinario) que el BID pone a disposición de los estados y que se encuentran perfectamen detallados en la página web oficial de la entidad multilateral de crédito.
Un grupo reducido de países calificados como «vulnerables», entre los que se encuentran Bolivia, Guyana, Honduras y Nicaragua, tiene la posibilidad de beneficiarse con lo que el BID llama «concessional financing», una clase mixta de créditos blandos que son reembolsables a muy largo plazo.
La información del gobierno nacional argentino sobre el viaje de sus ministros Frigerio y Caputo junto a cinco gobernadores provinciales (entre los que se encuentra el de Salta) dice con claridad que la visita persigue como objetivo obtener un «crédito» del BID de 120 millones de dólares para financiar el llamado Programa de Desarrollo y Fortalecimiento de la Gestión Provincial, un programa que por debajo de su pomposo nombre disimula un mecanismo diseñado simplemente para auxiliar a las provincias con mayores dificultades de gestión financiera. Salta, claramente es una de ellas, pero Urtubey se niega en redondo a reconocerlo.
Es decir, que salvo error en la comunicación oficial, tanto del BID como del gobierno nacional, los señores Frigerio, Caputo y Urtubey viajan a los Estados Unidos a pedir un crédito puro y duro. Que este préstamo no deba ser reembolsado directamente por el Estado salteño a la entidad requerida no quiere decir que no genere «deuda» en sentido técnico (como afirma Urtubey) y, menos, que esta deuda no repercuta en su momento sobre el bolsillo de los salteños.
Aunque el sujeto obligado a devolver la cantidad prestada sea el Estado nacional y la deuda no se apunte en su día en la columna del «debe» del Estado salteño, no quiere decir, sin más, que Urtubey no viaja a los Estados Unidos para endeudar a los salteños. Sí lo hará. Y haría mucho mejor si lo reconociera públicamente.