¿Por qué, a mí, se me ha caído un Pikachu en mi jardín?

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Pokémon Go y Nintendo mantienen al mundo tan revuelto como no lo hubiera soñado ni Lenin. Mientras las acciones de la compañía tecnológica suben sin parar, las calles, los parques y los monumentos públicos se han convertido en silenciosos cotos de caza, frecuentados por ansiosos buscadores de estas extrañas criaturas.

No se han salvado los cementerios ni las iglesias. Muchos fanáticos del juego han pisado sitios como estos por primera vez en su vida, lo cual ha propiciado, entre otras reacciones, la del padre Ánge, de 79 años, párroco de la iglesia de San Antón, en el madrileño barrio de Chueca, que celebra que la gente circule por su templo, que cuenta con wi-fi, misas en streaming, lugar para las mascotas y está trabaja -como el peluquero de Hollande- 24/7.

También ha desatado la codicia de algunos, como el caso de un señor mayor residente en el Reino Unido, que se encontraba cómodamente en su casa viendo Netflix cuando oyó que tocaban la puerta de su casa. Eran dos niños de unos doce años (un niño y una niña) que muy educadamente le dijeron que la aplicación móvil había detectado un Pikachu en su patio trasero y pidieron permiso para ir a cazarlo.

El hombre dice que al ver a esos niños entrenadores de mascotas virtuales se vio a sí mismo reflejado en sus infantiles ojos y que acto seguido procedió a cerrarles la puerta en la cara, tomar su teléfono móvil y disponerse a atrapar al Pikachu, pero para él.