La confirmación oficial del gobierno de Salta de que la reciente operación financiera de colocación de bonos de deuda pública ha sido realizada a través de los operadores del Citigroup, del Deutsche Bank y del Banco Macro, pone en duda la supuesta gestión realizada en la ciudad de Nueva York por el Gobernador de la Provincia en persona, entre los días 23 y 29 de abril pasados. Como se recordará, las fuertes críticas que recibió el gobernador Urtubey en aquellas fechas por su prolongado y misterioso viaje al extranjero, forzaron al aparato de comunicación gubernamental a difundir a toda prisa unos vídeos y unas fotografías en las que se ve al mandatario y a su jefe de gabinete entrando y saliendo por la puerta del Credit Suisse, en el número 11 de Madison Avenue de la ciudad de los rascacielos.
No solo las informaciones posteriores desmienten que la entidad helvética haya tenido intervención en la operación financiera anunciada el pasado miércoles. También las anteriores, ya que IFR Reuters informaba ya a comienzos de mes de marzo pasado que la Provincia de Salta había conferido mandato al Citi y al Macro para negociar los bonos con inversores en renta fija.
¿Qué hacían Urtubey y Parodi en el Credit Suisse, entonces? Nadie lo sabe. Ni siquiera ellos.
Lo más curioso de esta información -que data de hace cuatro meses- es que el gobierno de Urtubey había dado a estas entidades no solo un mandato para negociar con los inversores, sino también «una guía inicial de rendimiento del 9,5 por ciento para su nuevo bono RegS/144A».
Si esto fuese realmente cierto, el argumento esgrimido por el gobernador Urtubey después de concretada la operación, acerca de que fueron las turbulencias del Brexit las que ocasionaron que Salta tuviera que cerrar la operación por una tasa de interés del 9,125%, es sencillamente falso. El mercado ya penalizaba de antemano la financiación de Salta.
Lo que más se aproxima a la realidad es que el viaje de Urtubey a Nueva York no tuvo una finalidad de Estado, como no la tuvo su desplazamiento a París cuatro días antes, mientras Orán se desangraba en dengue.
Si al final el Credit Suisse no intervino en la operación y el mandato ya estaba conferido con anterioridad a otras entidades, la visita de Urtubey a este prestigioso banco no tendría ningún sentido.
Más aún: Ningún ministro de Finanzas serio hubiera expuesto a su Gobernador a sentarse a negociar con una entidad determinada, a sabiendas de que ya se había encargado a otras la colocación de los títulos, o calculando que el banco pueda negarle sus servicios. Hacer esto es temerario.
Por lo tanto, si nos creemos que fue verdad la visita de Urtubey al Credit Suisse a finales de abril, y que las fotos y los vídeos no son simplemente un teatro montado para calmar a las fieras, solo pueden haber pasado tres cosas: 1) que el banco suizo le haya cerrado las puertas en las narices; 2) que Urtubey haya ido allí a negociar de mala fe; 3) que haya ido a hacer gestiones de su patrimonio personal.
La tasa de interés
Si nos dejamos llevar por IFR Reuters, parece evidente que Urtubey salió al mercado con la intención de endeudar a Salta por encima del 9%.Lo que ocurrió entre medias no fue el Brexit sino la recalificación al alza de la deuda pública de Salta y la consecuente reducción del riesgo financiero en las operaciones de largo plazo, que al final Salta no pudo aprovechar.
Allí fue, presumiblemente, que Urtubey y sus negociadores se envalentonaron y creyeron que iban a financiar a Salta a las mismas tasas que se financia Bolivia, con sus enormes reservas de respaldo. Pero el mercado, en vez de reaccionar favorablemente a estos estímulos, lo hizo en el sentido contrario. ¿Por qué motivo?
Tengamos en cuenta que si, entre principios de marzo y finales de junio, el gobierno de Salta no consiguió mejorar más que en unas pocas décimas de punto la tasa de interés, desaprovechando los vientos favorables para las inversiones públicas argentinas tras la salida del default, las razones deben ser cuanto menos inconfesables.
Y pueden ser algunas (o todas) de las siguientes:
1) El crecimiento del déficit fiscal en el último ejercicio;
2) La falta de credibilidad del plan de inversiones;
3) La poca confianza que genera el gobierno de Salta y, en particular, su Gobernador;
4) La escasa habilidad o la bisoñez de los negociadores.
Muy pocas veces en la historia de las finanzas públicas de Salta se ha visto una operación tan poco eficiente, tan rodeada de puntos oscuros, tan sospechada de falsedades y amaños, y, al mismo tiempo, tan demandada de transparencia.