Página 6 de 6
Respecto al servicio doméstico, Margarita es la que tiene más amplias referencias –primero, por el volumen de su relato-. Ella trata con mucho respeto a las chicas de servicio, como las llama, y se refiere a ellas hasta casi con afecto. Cuenta cómo su madre trataba a las que traían de los Valles Calchaquíes, a fin de que vuelvan a sus casas más educadas, instruidas en la doctrina cristiana y con los sacramentos recibidos, y con un dinero ahorrado. Una de las empleadas estuvo cincuenta y dos años con la familia. En algún momento habla de algunos domésticos infieles de la casa de Buenos Aires; describe sus conductas pero lo hace sin inquinas. Zulema menciona a las domésticas por sus especialidades: niñera, cocinera, lavandera; lo hace con respeto sin más. Carmen Rosa, en cambio, las llama "chinitas" y si bien no muestra un abierto desprecio, las trata como inferiores con cierta compasión humillante.Sólo Margarita atestigua haberse ocupado personalmente del conjunto de tareas domésticas: cocinar con leña, lavar la ropa a mano y demás. Lo hace cuando se queda sin servicio en la estancia "La Clarita", de General Villegas, Provincia de Buenos Aires (p.390). También cuenta que durante los veraneos en San Lorenzo, tejía cinco suéteres para cada uno de sus cinco hijos –veinticinco en total- (p.204).
Podríamos contar muchísimos rasgos comunes y no comunes a los tres relatos pero la extensión de este trabajo no nos permite hacerlo. Antes de terminar: uno de los detalles que nos llamó la atención es la referencia que hace Zulema Usandivaras al uso de la quinina para combatir el paludismo. "Las familias de más de diez hijos fueron lo común hasta promediar el año 20, en los que, tal vez por las altas dosis de quinina a la que era sometida la población salteña fuertemente castigada por el paludismo endémico, disminuyó esta fertilidad. En las mujeres la droga tenía, en cierto modo, consecuencia abortiva, que no fue claramente advertida, aunque no escapaba a la observación de quienes la consumían y que observaban sus efectos en una incipiente gestación. No sé si habrán estudios médicos al respecto, pero escuché este comentario entre las mujeres de la familia y, ahora, me pasma la inocencia con que recurrían a esta limitación de la natalidad las mismas mujeres que luego habrían de escandalizarse con las píldoras y otros métodos anticonceptivos que aparecieron después" (p. 109).
Otro dato curioso es que Zulema manifiesta que la oligarquía se valía de cualquier recurso para perpetuarse en el poder como la digitación de candidaturas (p.15), o el fraude (p. 102). La influencia ejercida por la viuda de don Sixto Ovejero, que ella menciona, también la cuenta Carmen Rosa en una de las cartas incluidas:
"Don Ángel Zerda nombró a Robustiano Patrón Costas que tenía 24 años su ministro de gobierno. En aquel entonces nadie robaba ni había ningún déficit. Era la plena época de los conservadores, en que se elegían los candidatos en consejo de familia. Delfina González de Ovejero, madre de David, le mandó a llamar a su hijo y le dijo: "quiero que sea senador Luis Güemes", y como era bien pensado, esa misma semana salió su candidatura. Después de Avelino Figueroa vino Robustiano Patrón Costas que era su primo, y fue entonces cuando comenzó la importante actuación de la familia Patrón Costas, hasta que subió Perón. Joaquín Castellanos y Adolfo Güemes fueron radicales no obstante que el conservadorismo primaba" (p.133).
En síntesis, el género autobiográfico plantea de forma particular el desafío de usar narraciones con una alta proporción de subjetividad, como fuentes historiográficas. Este desafío se enmarca, pensamos, en el problema más general del recurso y el abuso de la memoria, problema que el historiador habrá de resolver con el auxilio de la filosofía y la psicología. En el caso de estas memorias, nuestro balance es ampliamente positivo a pesar de las limitaciones que señalamos respecto a la percepción, por parte de las narradoras, de un mundo bipolar donde los señores y el servicio casi no dejan lugar para lo que hay –lo que debería haber en forma múltiple, diversa, compleja- al medio.
El pronunciado tono moralizador de Carmen Rosa y Margarita no mengua el interés de sus testimonios.
Afrontando el riesgo de romper el silencio femenino en una sociedad, nuestras tres autoras hacen un aporte valioso a la historia de Salta cuya documentación es tan escasa y ha sido tan sistemáticamente destruida. Son notarias de un mundo que se fue; sólo Carmen Rosa parece un poco inquieta por ello. Como sugiere Mannheim, sus actitudes introspectivas pueden ser leídas como funciones sociales.
Finalmente habremos de decir que, si estos relatos son bienvenidos como fuentes historiográficas, no por eso llenan el espacio de voces femeninas: quedan muchas, muchas mujeres sin voz.
NOTAS
Esto lo afirma el investigador mendocino Alfonso Sola González, quien por primera vez llamó la atención sobre la importancia del raro libro Las Aventuras de Learte (1927). Córdoba, Archivo de Gobierno. Documentos Históricos Coleccionados por el P. Grenón S.J. Sección Literatura. Tomo Cuarto.
Parte de estas memorias transcurren en Salta en el momento que se produce la expulsión de los Jesuitas.
Se puede completar la lista de memorias con los libros: Viaje alrededor de mí misma, de Ana María Giacosa (1982) Buenos Aires, Ediciones del Mar Dulce; Memorias de una familia. Los Ivanissevich en la Argentina, de Magda Ivanissevich de D’Angelo Rodríguez (1996). Una mujer sola, de Lita Arroyo (1997) Salta, Víctor Manuel Hanne; y Ni gordas ni flacas, apetitosas, de Nora Lobo de Moncho (2000) Barcelona, Ediciones Destino.
Aunque este trabajo procura centrarse en Salta, no queremos dejar de señalar que los recuerdos de Carmen Rosa se amplían a sus vivencias en Buenos Aires e Italia, y los de Margarita a Buenos Aires (Capital), General Villegas, San Isidro y Punta del Este. Las tres refieren viajes.
Adolfo Prieto. La literatura biográfica argentina. (1966) Buenos Aires, Editorial Jorge Alvarez.
Gregorio Caro Figueroa. "Escritura de salteñas". En Agenda Cultural, Diario EL TRIBUNO, Salta, 30-7-00. La mención de epistolarios y diarios íntimos no es ociosa: además del creciente interés que suscitaron en la historiografía de las últimas décadas, recientes hallazgos nos comprometen a ocuparnos de ello más adelante.
Silvia Molloy. Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. (1996). México, Fondo de Cultura Económica.
Georg Misch. El problema de la verdad en la autobiografía. Cit. Por Prieto, ob.cit. pág. 14.
BIBLIOGRAFIA SUMARIA
Edel, León. Vidas ajenas. Principia Biographica. (1990) Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Molloy, Silvia. Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. (1996). México, Fondo de Cultura Económica.
Prieto, Adolfo. La literatura biográfica argentina. (1966) Buenos Aires, Editorial Jorge Alvarez.
Sola González, A. "Una novela autobiográfica del siglo XVIII", en Capítulos de la novela argentina (1959). Mendoza, Biblioteca San Martín. Cit. Por Javier de Navascués. "Desarraigo y primeras huellas picarescas en América: Fracasos de la Fortuna de Miguel de Learte". Actas del XXIX Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Tomo II (Vol. 1).