Desinformación y censura cortadas por la misma tijera

Imprimir
No parece excesivo sostener que la libertad como problema, y las libertades individuales como práctica, estuvieron y siguen estando excluidas de nuestras reflexiones y ausentes en nuestra agenda de preocupaciones. Si, en nombre del orden y la Patria, la derecha las desalojó de nuestra práctica y valores, el populismo las subordinó a la comunidad organizada y la izquierda las suplantó por la liberación nacional. Estamos frente a tres vertientes que convergen y coinciden en su común resentimiento contra la libertad y comparten un "desapego cínico hacia la libertad" (Bernanos). Por caminos diferentes coinciden, además, en su defensa de la idolatría del Estado y de la omnipotencia del gobierno. Paradójicamente, a su turno, cada una de esas tres vertientes experimentó la negación de la libertad en carne propia, infligiéndose recíprocos agravios y heridas.

Esta ausencia explica que, en Salta, el ejercicio de la libertad de prensa -salvo breves y excepcionales periodos- haya estado, y siga estando, sometida al recelo, a la indiferencia, a la manipulación, a un encubierto o abierto control gubernamental o a su lisa y llana supresión. La prensa escrita en Salta padeció la aplicación de todas estas modalidades, a lo largo de los 180 años que corren desde la aparición del primer periódico mensual en 1824, hasta hoy. Por sus críticas al gobierno de entonces, "El Diario Popular" (1885), primer cotidiano salteño, terminó su corta vida cuando la imprenta fue asaltada y empastelada por orden de un gobernador que convirtió en papel mojado la Ley de Imprenta que consagraba "la libertad de prensa ilimitada" en la provincia.

Sesenta y tantos años después, pretextando una "campaña antiargentina" y una prédica "extranjerizante", el 29 de diciembre de 1949 el gobierno de Perón clausuró y luego expropió a "El Intransigente" de Salta, junto a otros diarios opositores del país. La libertad de prensa era tenida entonces por "una superstición liberal", y los diarios opositores por "enemigos del país".

En 1951 el gobierno encarceló durante más de tres años a David Michel Torino, director del diario a quien desde el diario oficialista se le llamó "la bestia entintada". Desde enero de 1950 hasta octubre de 1955, "El Intransigente" circuló clandestinamente en copias impresas en un mimógrafo ambulante que se ocultaba en el baúl de un coche. Cuatro meses antes de la clausura, comenzó a circular el matutino que fue órgano oficial del Partido Peronista de Salta, confiscado en 1955 tras el derrocamiento de Perón y luego subastado.

El 8 de junio de 2004, en una sesión pública del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta con motivo del Día del Periodista, recordé que en mi libro Historia de la Gente Decente en el Norte Argentino (1970: 170), justificaba aquella clausura de "El Intransigente". Al hablar en esa oportunidad, dije: "Como no tengo miedo a rectificarme pues creo que he aprendido algo de la dura experiencia argentina, considero que esa clausura fue nefasta, como también lo fueron las confiscaciones y el retiro de personerías jurídicas a organizaciones no gubernamentales. Esa clausura permitió que prosperara una prensa oficialista complaciente que ahogó a la oposición, cerró los caminos de la oposición legal y los del disenso legítimo y reabrió los del golpismo y la violencia".

A aquella mordaza siguió, a partir de 1955, la que el gobierno de facto impuso al peronismo perseguido y proscrito. Los que padecieron hasta entonces la censura pasaron a ejercerla, y el sector político que la practicó durante una década, comenzó a sufrirla. Mientras reaparecían las ediciones normales de "El Intransigente", el peronismo silenciado recurría a hojas clandestinas impresas en mimeógrafos. Entre 1958 y 1962 aparecieron en Salta algunos precarios impresos. Recuerdo dos en los que escribió mi padre: "Lealtad" y "Resistencia civil".

Aquella intolerancia, que hunde sus raíces en las guerras civiles del siglo XIX y que se prolongó en las pugnas ideológicas de los '60 y la violencia terrorista de los ‘70, asumió rasgos autoritarios durante los sucesivos gobiernos de facto, pero adquirió formas brutales durante la dictadura del Proceso (1976-1983). A partir de diciembre de 1983, en provincias como Salta, esa tradición censora se adaptó a los tiempos, utilizó nuevas modalidades pero sin alterar aquella matriz. Los rasgos más acentuados y abiertos de la censura y la manipulación de los medios de comunicación por parte del poder, no desaparecieron: encontraron modalidades diferentes, extra legales e incruentas, pero igualmente letales.

La transición a la democracia coincidió con la irrupción de la sociedad de la información, que llegó de la mano de las nuevas tecnologías de la información. La multiplicación de la masa de información, la aceleración de la velocidad de su transmisión, la expansión de su propagación geográfica, el libre tejido de redes, la explosión de los medios y del acceso a los mismos, está provocando la remodelación de las relaciones sociales y un cambio de paradigma en el mundo.

La enorme contradicción es que, en nuestro caso, este fenómeno se da dentro de una situación local signada por la supervivencia de un régimen de caciquismo que refuerza su poder mediante la abolición del derecho a informar y ser informados y a través del control de la información y medios de comunicación, de la presión sobre éstos a través de reparto de fondos para publicidad oficial, de la manipulación informativa, del silenciamiento de la crítica, de la exclusión organizada en listas negras, y la sustitución de la publicidad y transparencia de los actos de gobierno por una propaganda empeñada en disfrazar la pobreza de abundancia, y la desesperación, de "rebosante optimismo".

El artículo 23 del capítulo II referido a deberes y derechos individuales de la Constitución de la Provincia de Salta (1998) asegura a todos los ciudadanos la "libertad de expresar y difundir, sin censura previa, sus pensamientos, ideas, opiniones y críticas mediante la palabra oral o escrita, por cualquier medio de comunicación, así como la libertad de buscar, recibir y transmitir información". Las presiones que el gobierno local ejerce sobre los medios de comunicación y los periodistas han convertido este artículo en una letra muerta y sepultada.

Resulta paradójico que ahora, habiendo en Salta la mayor cantidad de medios de comunicación de la historia de la provincia, el acceso a la información esté sometido al estrechamiento, a restricciones y elconstreñimiento impuestos por el poder. Sólo en la capital de la provincia, se editan más de veinte publicaciones periódicas, unas diarias, otras semanales y algunas mensuales. A ello se sumaban, según datos de 1997, 146 emisoras de Frecuencia Modulada y 5 de Amplitud Modulada.

El número de abonados a la televisión por cable es creciente, lo mismo que el acceso a Internet a través de computadoras personales y de miles de cybers. Según datos del año 2003, en la provincia de Salta se encontraba el 2% de las PC de la Argentina. Había 7,25 PC por cada 100 habitantes. Los usuarios de Internet con abono eran el 1.5% del total del país; lo que representaba un total aproximado de 120.000 personas. Por cada 100 habitantes 5,14 eran usuarios de Internet. Las conexiones gratuitas y de banda ancha y los cyber, están al tope de las preferencias. Según estimaciones de D'Alessio y Asociados, el número de usuarios de Internet crecerá en la Argentina un 51%. En algunas provincias, estimaba esa consultora, ese incremento será del 60%.

Sin embargo, y salvo honrosas excepciones, esa diversidad de medios no se traduce en pluralismo sino que, por el contrario, está siendo organizada para reforzar la uniformidad oficial. La proliferación de medios gráficos está acompañada por un decrecimiento de la cantidad de lectores de periódicos (45,76% entre 1998 y 2002), que supera la media nacional (18,71% en ese mismo periodo). También coincide con la pérdida de calidad y de credibilidad de esos medios, por la casi total dependencia de la mayoría de los mismos del gobierno, por la impuesta abolición del pluralismo y el disenso, y por los altos niveles de autocensura y censura que rige en la casi totalidad de esos medios.

Las tijeras de podar y las listas negras son las herramientas de mayor uso en las mesas de redacción. La cantidad de dinero que el gobierno destina a pagar a los medios de comunicación y quienes los reciben, pertenecen al submundo de los secretos de Estado. En España se llama fondos de reptiles a la parte de los fondos reservados destinada a fomentar el apoyo de la prensa a la política de un gobierno autista y autocomplaciente. Cobrar aquí de ese espurio fondo de reptiles no es una excepción sino una práctica habitual. Bajo el estímulo de ese oscuro fondo, se afilan plumas, se afinan micrófonos y se ajustan cámaras, ora para calumniar al "enemigo", ora para endulzar los oídos del poder.

De modo informal, pero efectivo, funciona una Glavit (**), sigla del organismo de la censura en la Unión Soviética, que, creada en junio de 1931 por un decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo, operó en con el eufemístico nombre "Administración Principal de Asuntos Literarios y Editoriales". Ya no hacen falta expeditivos métodos para amordazar y disciplinar a los medios: el cheque oficial resulta persuasivo, sedante y contundente. Aunque generadas y alimentadas desde el poder, tales prácticas son reproducidas a escala más allá de la esfera oficial. Como un virus, amenaza con atacar a todo el organismo social y con corroer el oficio. El periodismo deja de ser un ejercicio de la libertad social; se hace venal, cortesano y, vestido de librea, reduce a escombros la dignidad del oficio.

Resulta necesario explicar y comprender este fenómeno desde su raíz histórica, ubicarlo dentro de la mentalidad local y de su estructura social, yendo más allá del estrecho espacio local y trascendiendo el mero cuestionamiento político o la condena moral. Si, como señalé en El clientelismo en Salta (2004), las relaciones clientelares se apoyan en el uso político del miedo, las constricciones al periodismo y la degradación de su ejercicio, tienen sustento parecido. Nuestra pertenencia al mundo de la cultura andina nos hace participar, no sólo de su buen legado, sino también de sus algunas de sus lacras.

Para iniciar la búsqueda de esa comprensión, me parece pertinente recordar lo que, referido a los intelectuales de su país, explica Mario Vargas Llosa en su libro El pez en el agua, (Seix Barral, 1993: 317). "El Perú es una prueba, más bien, de lo frágil que es la clase intelectual y la facilidad con que, la falta de oportunidades, inseguridad, escasez de medios de trabajo, ausencia de un status social y también la impotencia para ejercer una efectiva influencia, la vuelven vulnerable a la corrupción, al cinismo y al arribismo". Las causas de tal vulnerabilidad incluyen, también, al trabajo del periodista.

Concluyo con Georges Bernanos: "La peor amenaza para la libertad no es que nos la dejemos tomar -pues el que se la ha dejado robar siempre puede reconquistarla- sino que se desaprenda a amarla o que ya no se la comprenda" (***). Muchos de nuestros periodistas, padece y no usufructúa, de esta situación. Ellos saben que tienen por delante abrir nuevos horizontes para pasar, con profesionalidad, responsabilidad y sin estridencias, desde un periodismo con librea a un periodismo profesional, limpio, de calidad, veraz, crítico, plural y libre.

(*) Ejerce el periodismo desde 1964. Autor de Historia de la Gente Decente en el Norte Argentino (1970); con Félix Luna y María Saénz Quesada, Historia integral de la Argentina (1996); Salta-Argentina (1997); en colaboración, Norte Grande de Chile - Noroeste Argentino (1998); Salta bibliotecas y archivos (2002); El clientelismo en Salta (2004, inédito).

(**) Según ese decreto, la Glavit se estableció "con el objeto de obtener la seguridad efectiva del control de todo el material político, económico, ideológico y militar: manuscritos, fotografías y cualquier otro elemento similar que se intente publicar o distribuir". El control que hoy se ejerce en Salta sobre los medios llega al extremo de no publicar los resultados en Salta de las elecciones presidenciales de 1999, omitir sistemáticamente datos del INDEC referidos a índices de pobreza, indigencia y desempleo en la provincia, y de no consignar aquellas cifras que desmientan el triunfalismo del gobierno local.

(***) Georges Bernanos. La libertad, ¿Para qué?. Conferencia leída en Suiza en enero de 1947. Incluida en el libro del mismo título. Editorial Hachette. Buenos Aires, 1955: 65.