Más cerca de Burkina Faso

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La reforma de la Constitución de Salta, que impulsan algunos incondicionales del gobernador Romero para favorecer su reelección indefinida, amenaza con convertirse en la operación política más inmoral de la historia institucional de nuestra Provincia. Las primeras reacciones sociales avisan que, tras casi ocho años de cerrada autocracia, los salteños ya no están tan dispuestos como antes a abrir créditos de cuantía ilimitada al grupo gobernante y denuncian -si bien, tímidamente por ahora- la insuficiencia de nuestros mecanismos electorales para construir en la Provincia una auténtica democracia plural y representativa.

Estas reacciones ponen de relieve también que, a pesar de los intentos totalitarios de uniformizar el pensamiento y de la asfixia informativa que promueve la prensa única, algunos sectores de la salteñidad todavía son capaces de plantar cara al poder y de relacionar claramente sus abusos con el deterioro del bienestar material y de la salud moral de la sociedad salteña.

Algunos, como el que esto suscribe, piensan también que la montonera reeleccionista no sólo desafía abiertamente los cánones más elementales de la ética política y republicana, sino que se encuentra gestando un esperpento que, por primera vez y con creces, supera sus propias marcas de antiestética democrática, ya de por sí muy próximas al mal gusto absoluto.

A muchos nos gustaría interpretar este esperpento político en clave de farsa, porque así nos lo sugiere la puesta en escena organizada desde el núcleo íntimo del poder. Pero, a pesar de esta escenificación política y de la calculada hipocresía del ridículo organizado, muchos salteños se han negado a picar el anzuelo y advierten que detrás del intento de reforma constitucional se ocultan propósitos mucho más serios y preocupantes para el futuro de nuestra Provincia y para el bienestar de sus habitantes que la simple habilitación para mandatos indefinidos del actual gobernador.

Un grupo en crisis

Por un lado, los salteños parecen comenzar a comprender que la intentona reeleccionista y su peculiar sentido de la oportunidad, están dejando al descubierto las debilidades del establishment gubernamental y revelan su verdadero rostro: el de un grupo de personas que, de forma obsesiva, febril y descompuesta, persigue el poder político como el único atributo de su identidad y única fuente de consideración social.

De una forma suave pero inexorable, comienzan a distinguirse en Salta signos que anuncian que este grupo enfrenta la amenaza de la disgregación y de la inexistencia en caso de no alcanzar sus objetivos reeleccionistas, sobre todo después del sonado fracaso de su líder en la carrera hacia la vicepresidencia de la Nación.

No es difícil aventurar que sin el poder político, huérfanos de talento intelectual y económico, sin especiales dotes carismáticas, sin el apoyo coyuntural de un sector de la oligarquía lugareña y en los antípodas ideológicos del gobierno nacional, el grupo que hoy gobierna Salta no tendrá más remedio que retornar a los oscuros huecos que ocupaba en los años sesenta y setenta, épocas en las que subsistió gracias a su apoyo explícito a las dictaduras militares de entonces.

Qué duda cabe de que los estrategas del grupo gobernante han sabido descodificar también estas preocupantes señales y de que frente a la angustia de una cuenta atrás inexorable y de la posibilidad de un desalojo sin retorno de las fuentes de poder que hoy alimentan su ego y sus arcas, han decidido poner en escena un acto sarcástico -la reforma constitucional- con el que pretenden engañar al respetable, haciendo pasar como una pirueta instantánea ensayada para recibir al día siguiente el halago del jefe, lo que no es sino un trabajo lento, disciplinado, fértil y de largo plazo.

El buen gobierno que no fue tal

Por otro lado, son, afortunadamente, muchos los salteños que comprenden racionalmente que la imagen de buen administrador construida en torno a la figura de nuestro gobernador es una formidable cortina de humo y que los aciertos -más presuntos que reales- de su gobierno son en buena medida producto del silenciamiento de la oposición, de la venalidad de ciertos dirigentes, de la inexistencia casi absoluta de controles democráticos, del monopolio de los medios de comunicación de masas y de la docilidad de una legislatura cuya mansedumbre emula las mejores prácticas de los parlamentos fascistas de los años 30.

A lo largo estos ocho años la Provincia de Salta ha alcanzado sus cotas más elevadas de conflictividad social, ha conocido los niveles de pobreza más graves y acuciantes de toda su historia, ha asistido a la descapitalización social y humana de su entramado societario, ha sustituido la imaginación, la libertad y el pensamiento de los salteños por la obsecuencia, la vulgaridad y la irracionalidad, como nunca antes habíamos conocido, ha presenciado la entronización de la brutalidad en desmedro de gusto por la razón y ha consagrado el fraude, el oscurantismo y la aniquilación del enemigo como las herramientas indispensables para una buena faena política.

Sede del gobierno de Burkina Faso, edificio cuyas líneas arquitectónicas recuerdan mucho al Grand Bourg SalteñoLa presunta eficacia económica de la gestión gubernamental es otro de los grandes totems que se desmorona tan pronto como los salteños comienzan a percibir que "tener los sueldos de los empleados públicos al día" es un logro tan alejado de la economía productiva como todas las cuestiones relacionadas con la administración burocrática. Los famosos "sueldos al día" no han mitigado ni un ápice la pobreza y la indignidad en la que viven y malviven muchos salteños y no han inyectado ni vitalidad ni dinamismo a una economía regional en permanente crisis, más allá de la prosperidad coyuntural de algunos sectores productivos. Curiosamente, en Ouagadougou, la capital de uno de los países más postergados de la Tierra (Burkina Faso), los sueldos de los empleados públicos también se pagan puntualmente.

Conclusiones

Tengo la esperanza de que estos signos de desestructuración del poder sirvan para despertar las conciencias de algunos comprovincianos y para alertarles de que el camino elegido por el grupo gobernante nos conduce, en el mejor de los casos, a la construcción de una democracia y una sociedad africanas. Creo que ha llegado el momento de revisar profunda y detalladamente nuestra forma de hacer oposición y de reaccionar frente a los abusos del poder de turno, porque está en juego nada menos que nuestra libertad y el futuro de cientos de miles de personas.

Pienso, finalmente, que es hora de que, con la ayuda de las Nuevas Tecnologías, los salteños nos animemos a expresarnos mediante «ese signo supremo de nuestra condición humana, la palabra inteligible, la palabra que significa, nombra y explica, no la que niega y oscurece, no la que siembra la mentira, la oscuridad y el odio», que es en cualquier caso la que esgrimen quienes pretenden arrebatar a los salteños su futuro.