Desde el 1 de febrero de 1997

    Abucheos al Presidente

    Abucheos al PresidenteEl pasado 12 de octubre, como todos los años, en España se festeja el Día de la Hispanidad, y es habitual conmemorarlo con un desfile de soldados de las tres armas. Estuvieron presentes las más altas autoridades del país. Como también es habitual, la gente allí presente o parte de ella, año tras año aprovechan el encontrarse a cien metros o más del Presidente Rodríguez Zapatero para abuchearlo y exigirle a gritos que se marche del Gobierno.

    Esta expresión popular ha causado enorme indignación entre las files de la izquierda socialista y de otras fuerzas políticas de la misma inclinación, acusando a la derecha y derecha extrema de esta pitada contra el Presidente aunque, como es notorio, nadie puede asegurar a qué partido pertenecen los que gritan y protestan. Una Ministra afirmó que no los había visto pero que eran de derecha. La protesta no se silenció ni cuando se izó la bandera o se rindió homenaje a los soldados caídos en misiones fuera del país. Ello se debió a que la gente cada año es desplazada más lejos del palco de autoridades para evitar la vistosidad de estos abucheos y es a causa de esa distancia y de que se habían suprimido las pantallas gigantes, la razón por la que quienes chillaban no sabían lo que estaba ocurriendo.

    Los socialistas, como es costumbre, por falta de aptitud intelectual o por mala fe, sólo juzgan el acontecimiento final, el del 12 de octubre, como si se tratara de una expresión popular carente de una fuente generadora de la protesta, cuando en realidad es una consecuencia de acontecimientos anteriores que le sirven de inspiración y sustento.

    No se puede negar que gritarle y abuchearle al Presidente del Gobierno en plena calle es una falta de respeto y con mayor razón si se lleva a cabo durante la celebración de una festividad nacional. Todos se indignaron como si los abucheados y los que apoyan su victimismo fueran autoridades de otro país. Lo que han hecho los españoles que acudieron a presenciar el desfile de las fuerzas armadas fue recoger las semillas de la corrupción política y las malas maneras de gobernar. Los políticos se quejan de esta mala educación y se olvidan que fueron ellos los que dieron el mal ejemplo reflejado en actos degradantes de moralidad política. En el día de reflexión que es el inmediatamente anterior a la de las elecciones y que según la ley electoral se prohíbe toda manifestación y propaganda política, un candidato socialista y hoy premiado con un Ministerio, apareció en la televisión culpando al Partido adversario, de la masacre del día anterior en la que murieron 200 personas en un atentado contra varios trenes de cercanías. Como consecuencia de ello, ese mismo día al anochecer se concentraron frente a la sede del Partido Gobernante, centenares de personas abucheando e insultando gravemente al Gobierno por ser el culpable de aquellas muertes, regalándole al todavía Presidente del Gobierno con epítetos como el de “asesino”, que es bastante más que pedirle a Zapatero que se marche a casa.

    Los simpatizantes socialistas suelen penetrar al interior del Congreso de Diputados sin autorización ninguna para increpar e insultar a los parlamentarios de derechas, sin que se los reprima ni siquiera se los desaloje. El Gobierno promete un día lo que al día siguiente olvida y luego de haber repetido el Presidente Zapatero hasta con enfado que él jamás menguaría los derechos sociales de los españoles ni rebajaría las conquista de los trabajadores, porque su partido era el de los progresistas y protector de los derechos sociales y laborales, llevó a cabo la más escandalosa y profunda reforma destruyendo la hasta entonces incólume garantía de los trabajadores. Modificó unilateralmente el llamado Pacto de Toledo en el que deben participar todas las fuerzas políticas y de común acuerdo fijar los derechos y obligaciones de los jubilados y pensionistas, imponiendo su congelación y rebajando el salario de los funcionarios públicos un 5% mientras frecuentemente y aun en plena crisis dona dinero en cantidades cifradas en cientos de millones de euros a los sindicatos que se mantienen callados y vergonzosamente inmóviles mientras los parados llegan a cerca de los cinco millones (un 20%) y se prevé que subirá esa cantidad. En fin, que los Sindicatos que reciben dinero para cualquier clase de actividad no específicamente sindical no han protestado jamás contra el Gobierno y asfixiados por la vergüenza, convocan una huelga general, pero no contra el Gobierno, según lo proclamaron, sino contra los empresarios y los banqueros. La desvergüenza institucional no tiene límites. Y ente toda esta repugnante realidad que apenas si está esbozada en estas líneas, los políticos se quejan de la falta de respeto de los españoles de a pie, que aprendieron de ellos, que no hacen otra cosa que faltar el respeto a la ciudadanía con sus conductas incalificables.

    Los políticos y gobernantes faltan el respeto a la ciudadanía porque cuando alguien se atreve a denunciar actos de corrupción, los Fiscales que deben obediencia por ley a los Fiscales Jefes y éstos al Fiscal General del Estado, Conde-Pumpido, no promueven la acción penal pertinente, ni cuando es evidente que un Jefe de Gobierno de una Comunidad Autónoma premia con una subvención de 10 millones de euros a una empresa en la que trabaja su hija de asesora, porque desde la Fiscalía del Estado se dan las órdenes contra quien se puede proceder y contra quien no se puede.

    ¿Cómo es posible que los políticos se alarmen por la falta de respeto del pueblo español que chilla contra este Gobierno que no hace otra cosa que faltar el respeto al pueblo que tiene el deber de gobernar con decencia política?

    Hoy le toca al Gobierno socialista que es el que gobierna desde hace siete años. Mañana será Gobierno alguien del otro partido mayoritario de España, y pasará o lo mismo, o algo semejante. Todos los partidos se enlazan amorosamente cuando en las Cortes españolas deciden incrementar sus salarios o aprobar planes de pensiones privilegiadas para ellos y para los Ministros cuando dejan de serlo. La crisis ha hecho retroceder los derechos de trabajadores y de los jubilados, que son las personas menos afortunadas de este país. Los Ministros y Diputados y Senadores no se han reducido el sueldo ni en un solo euro. Es una falta de respeto, ganando lo que ganan. Reducen los salarios de los pobres sin rozar siquiera los propios. Además de una desvergüenza es una infamia y una falta de respeto a la sensibilidad de los españoles, a sus actuales necesidades vitales y a la solidaridad que tanto pregonan con cinismo.

    No se puede pronosticar que esta situación de indignidad política llegue algún día a su fin. Tal vez todo siga igual y empeore. Yo no estaré para verlo y juzgarlo. Tengo la esperanza que alguien lo haga sin esa retórica de plastilina que quiere pero no quiere criticar a los poderosos, tan al uso.

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