Desde el 1 de febrero de 1997

    Salta y el modelo español de gestión hospitalaria

    Leo en estas páginas, con cierta sorpresa, la postura del sindicato APSADES en relación con la gestión española del nuevo Hospital del Milagro de Salta y la lectura me produce sensaciones ambivalentes. Por un lado, me sorprende que la queja sindical haga alusión a "luchas de poder orquestadas en el viejo continente" que datan, supuestamente, de hace seiscientos años.

    La desconexión entre aquellas luchas y éstas que tienen a APSADES como protagonista es tan evidente, que lo único que a lo que me recuerda es a aquella exageración cometida por el relator José María Muñoz en el famoso estadio de Old Trafford, cuando al comprobar que llovía tanto en Manchester como en Buenos Aires, dijo aquello de "parece que es general el mal tiempo".

    Pero al sindicato salteño parece no faltarle razón cuando en un párrafo de su queja cuestiona las "estrategias de atención" puestas en prácticas por la gestión hispana del nuevo Hospital del Milagro.

    Creo que es bueno que los salteños sepamos que entre los clientes de CODEH (la empresa española de consultoría y gestión sanitaria establecida en Salta) se cuentan las Consejerías de Salud de por lo menos diez de las diecisiete Comunidades Autónomas españolas, incluida la poderosa Comunidad de Madrid. Por eso quizá resulta interesante saber también que cuando menos en Madrid, la atención sanitaria atraviesa por uno de sus peores momentos y no creo que pueda ser considerada modelo, o por lo menos, un buen modelo, para el sistema de gestión hospitalaria salteño.

    La sanidad madrileña enfrenta problemas que van desde las larguísimas listas de espera diagnósticas y quirúrgicas (pueden pasar incluso años desde que un enfermo visita a su médico de cabecera hasta que es diagnosticado por un especialista y otro tiempo considerable desde el diagnóstico hasta la operación quirúrgica), hasta el colapso de los servicios de urgencia de los hospitales y centros de salud de la región, la burocratización de la atención primaria (en manos de 'médicos de cabecera' que ni siquiera examinan al paciente), la irregular distribución de los recursos, la presión demográfica proveniente de la inmigración, la mala calidad de algunas infraestructuras y su notable insuficiencia en algunos centros urbanos.

    Por si todo esto fuera poco, no faltan los problemas políticos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que prometió dimitir si no acababa con las listas de espera, mantiene al frente de la Consejería de Sanidad a don Manuel Lamela, un impenetrable abogado que forma parte del equipo del exministro de Economía y hoy director gerente del FMI, Rodrigo Rato. Lamela está enfrentado desde hace años a la comunidad médica por promover causas penales contra facultativos del Hospital Severo Ochoa de Leganés por presuntas prácticas de sedación excesiva a pacientes terminales.

    El problema más grave de todos

    Pero la sanidad española, con la madrileña a la cabeza, se enfrenta a un problema bastante más difícil de resolver que los anteriores: los médicos españoles, especialmente los más jóvenes, se han convertido en una suerte de autómatas que prefieren interactuar con el ordenador más que con el paciente, al que no dispensan, por decirlo de un modo suave, un trato cordial y comedido.

    Por supuesto, sería injusto atribuir sólo a los médicos este problema. El maltrato es una patología que atraviesa todas las profesiones sanitarias y afecta también a enfermeros, celadores y especialmente al personal administrativo de los centros sanitarios.

    Para ser más justos todavía, diré que este problema afecta a cuatro de cada cinco médicos o profesionales jóvenes de origen español. Lo que quiere decir que para muchos pacientes representa un alivio notable el que al lado de estos robots hispanos, en la sanidad de este país trabajen también muchos otros profesionales formados técnica y humanamente en otros países.

    Si ésta es la "estrategia de atención" que denuncia APSADES, no puedo sino plegarme a sus reivindicaciones, porque si algo ha caracterizado siempre al hospital público salteño, es el compromiso humano de los profesionales de salud con los pacientes. No creo que pueda hablarse de xenofobia o de nacionalismo cuando criticamos un modelo como el español, porque no lo hacemos para denostar su origen, sino, simplemente, para poner de relieve su probada ineficiencia y para (esperanzadamente) influir en su mejoramiento.

    Que lo diga un salteño desencantado con la sanidad madrileña, como el que suscribe, probablemente no sea la evidencia más contundente. Por eso, prefiero recordar las palabras con que el novelista español Javier Cercas se ha referido recientemente a esta cuestión. "No hace mucho, -dice el autor de 'Soldados de Salamina'- el sabio cardiólogo Valentín Fuster aconsejaba a los médicos prepararse menos de los avances tecnológicos y más de escuchar a sus pacientes y de atenderlos bien. Cuando salí de la consulta del doctor cubano me acordé de la oculista peruana, pero también de una dentista chilena y de un estomatólogo argelino y de un traumatólogo sirio, y sobre todo me acordé de que, casi siempre que consulto con un médico español, las consultas son muchísimo más ásperas y expeditivas, de manera que casi siempre salgo de ellas lleno de dudas y enfermo de lo que los franceses llaman pensaments d'escalier".

    Concluye Javier Cercas diciendo: "Y entonces me pregunté si lo que vale para los médicos vale también para los arquitectos y los ingenieros y los albañiles y los camareros y los escritores y los abogados. Y entonces, en una humillante efusión de lirismo, pensé: Que vengan. Que no dejen de venir. Que se queden. Que no se vayan. Que follen. Que tengan familia. Que sean felices. Que coman perdices. Que nos enseñen. Que mejoren la raza. Que la ciudad se suya. Y en ese momento me di cuenta de que acababa de descubrir definitivamente el Mediterráneo".

    Pienso, finalmente, que los actores del sistema de salud salteño deben plantearse con la máxima seriedad posible la conveniencia de la importación de modelos de gestión que descreen de nuestra propia idiosincrasia y, sobre todo, de los que han demostrado ineficiencia en sus países de origen. La opinión de Javier Cercas no es una voz aislada: la corroboran y avalan diariamente miles de españoles nativos, especialmente, mayores de edad, que, a igual nivel de cualificación y experiencia, prefieren la asistencia y la proximidad de profesionales extranjeros.

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