Para el candidato kirchnerista a Vicepresidente de la Nación, Carlos Zannini, no sería una sorpresa descubrir un día que doña Paula Albarracín mantenía una relación oculta con Dominguito, su nieto adoptivo. Que Manuelita, la que vivía en Pehuajó, era hija de San Martín; que Merceditas lo era a su vez de Rosas y que ambas se entendían haciendo jueguitos de manos debajo del mantel. Y como la historia atesora también las perversiones de los próceres, de golpe la hermana del General Güemes, universalmente conocida como Macacha, se convirtió en «Machaca», una mujer que no solo compartía los sueños independentistas con su hermano sino también su cama.
Para Zannini, la patriota Machaca fue amante y no hermana del héroe gaucho. El que aspira a ser, algún día, Vicepresidente de la Nación, no tiene aparentemente problemas para presentarse en Salta y decirle a los salteños que su máximo héroe alternaba la defensa de la frontera en el norte con el incesto en el sur y que no fue la espada del general gaucho sino los cuernos de Tejada la verdadera valla contra el avance realista.
A los votos que pueda haber perdido Zannini con su lapsus linguae se suman los que solito perdió Scioli al confundir el santísimo nombre de la Virgen del Milagro en plena temporada milagrera. Aunque hay que agradecer que el candidato a Presidente haya tenido la delicadeza de no mezclar a la Sagrada Imagen con los amoríos de Güemes.
Lo que hay que lamentar es que son estos mismos señores los que borraron al Virrey Toledo de las calles y los que tumbaron el monumento a Colón para ponerla a Juana Azurduy, quien probablemente también se «entendía» con Güemes, a escondidas de Machaca. O quizá fue la generala boliviana la que, con su viril porte, tuvo algún enredo con la propia Machaca, a escondidas de Güemes... y de Tejada.
Si algo ha quedado muy claro después del discurso de los candidatos presidenciales es que Urtubey los tiene muy bien entrenados. ¡Que sigan así!