
La señora Isabel Macedo ha sido objeto en las últimas horas de un vendaval de críticas por el simple hecho de haberse prestado a amadrinar un proyecto del gobierno que preside su marido para crear en Salta una fiscalía especializada en delitos de crueldad animal.
Ofendidos -vaya a saber uno por qué-, algunos activistas de los derechos de los animales han calificado a la Primera Dama de «oportunista», de «advenediza» y de «modelo»; por solo citar los adjetivos más suaves que han utilizado públicamente quienes no se han sentido cómodos con su madrinazgo.
A la señora Macedo se le pueden reprochar muchas cosas: desde su dudosamente cristiana decisión de presidir las procesiones del Milagro, hasta alimentar a su pequeña hija bajo el sol y rodeada de una multitud durante la inauguración de una escuela. De lo que no se puede dudar es de que ama a los animales, de que está comprometida con su bienestar y de que ella misma es una persona muy influyente en las decisiones públicas que se adoptan en la Provincia de Salta.
Los activistas que defienden los animales, con todo el respeto que merecen, pierden de vista que el madrinazgo de la Primera Dama a un proyecto que coincide con sus intereses es lo mejor que podría sucederles. El madrinazgo, más que una amenaza, debe ser visto como una oportunidad. Una que por cierto han perdido, no tanto por torpeza sino más bien por sus pobres formas.
Lo último que se puede esperar de un protector de animales es que reaccione como los seres irracionales a los que defiende. Solo se puede proteger adecuadamente a los animales practicando la racionalidad y, seguramente mejor, la tolerancia.
La señora Macedo ha hecho muy bien en amadrinar el proyecto, pero mejor todavía lo ha hecho al no reaccionar frente a las críticas injustas que ha recibido. En solo dos años de matrimonio, y después de muchas millas voladas en el avión de la Provincia, la Primera Dama ha desarrollado un pequeño instinto político que -quién sabe- puede catapultarla a los primerísimos planos y convertirla en pocos años en Gobernadora de la Provincia. Y que conste que no estamos dando ideas.
La creación de una fiscalía especializada en delitos de crueldad animal es de todo punto de vista necesaria en Salta. Ya una vez tuvimos que asistir a la degradación funcional de una conocida fiscal de graves atentados contra las personas, que tuvo que ocuparse de unos graves atentados contra los gallos. No es conveniente mezclar los tantos, pues aunque haya muchos bípedos implumes que no merezcan la consideración de seres humanos, todavía es necesario distinguir entre unos animales y otros de cara a la protección que brinda el derecho penal.
En casi once años, el gobernador Juan Manuel Urtubey no ha dado en la tecla con ninguna medida efectiva que impida que se mate salvajemente a las mujeres en Salta. Desde que volvió a casarse, en septiembre de 2016, los asesinatos de mujeres incluso se han multiplicado en Salta. Es por ello que ahora, por la intercesión de esa fuente de aguas vivas que es su esposa, nadie tiene por qué sentirse ofendido si al cabo de largos años de gobierno el señor Urtubey consigue que se mueran menos gallos en Salta. Una cosa así debería alegrar a todos.