
El exministro de Turismo de Salta, Federico Posadas, ha sido designado nuevamente ministro de Turismo, pero esta vez de la Provincia de Jujuy, gobernada por un alto exponente de la derecha macrista argentina: el gobernador Gerardo Morales.
Con la aceptación de este cargo, Posadas clausura -siempre provisionalmente- una larga andadura en el campo del «progresismo» nacional y popular, concretando de este modo el mismo giro hacia la derecha que su amigo y mentor el gobernador Juan Manuel Urtubey.
Todavía no está muy claro cómo recibirán a Posadas sus antiguos aliados en Jujuy, como la piquetera kirchnerista Milagro Sala, hoy detenida y encausada por iniciativa del gobernador Morales. Tampoco se sabe si los integrantes de la belicosa Tupac Amaru le darán la bienvenida.
Por supuesto, Posadas tiene a su favor algunas cosas más importantes que sus antecedentes en el gobierno. Por ejemplo, sus orígenes radicales que, aunque ya difusos y licuados en el kirchnerismo urtubeysta, lo dibujan como un alfonsinista de «pata negra».
Pero para quien ha sido un poco de todo en esta vida, es fácil colocarse en cualquier lado, aun cuando hasta hace poco ese alguien hablara pestes de las políticas «regresivas» de Macri.
Los más atrevidos piensan que el nombramiento de Posadas en Jujuy es parte del precio que Macri y sus valedores han tenido que pagar para que Urtubey y «sus» diputados voten afirmativamente el proyecto de reforma previsional que recorta sustancialmente los ingresos de los jubilados.
Pero para Posadas, que ha pasado diez de los últimos doce años dedicando sus mejores oraciones para execrar al neoliberalismo y las políticas restrictivas del gasto público, este parece ser un detalle sin importancia.
Lo importante aquí es que, a pesar de que alguien pueda saber a ciencia cierta que se ha convertido en moneda de cambio de una operación política de humillantes condiciones, ese alguien mantenga la cabeza en alto, como quien desea aparentar que conserva aún la dignidad que acaba de perder.