
Entre las cosas increíbles que pasan en la política de Salta se cuenta la repentina peronización de Andrés Zottos, expresidente del Partido Renovador de Salta, que ha sido uno de los protagonistas más notables del llamado Día de la Lealtad (peronista).
El desbordante entusiasmo de Zottos durante la fiesta por antonomasia de la grey peronista dejó a una gran cantidad de gente con la inquietante sensación de la sospecha.
Una sensación que se acentuó de forma notable cuando un entonado Zottos lanzó al aire una frase cargada de osadía como esta: “Va a suceder lo que sucedió en 1945, que se llegó a la Casa Rosada. Y los salteños vamos a llegar a la Casa Rosada de la mano de Juan Manuel Urtubey”.
Algunos se preguntaban, no sin asombro, si en el 45, Zottos -que no había nacido aún- «llegó» a la Casa Rosada. Hasta los menos memoriosos lo pusieron en duda al recordar que fueron personas muy parecidas a Zottos las que confinaron a Perón en la isla Martín García, no sin antes destituirlo de los tres cargos que ocupaba en el gobierno militar surgido del golpe de 1943.
«En 1955 esta gente bombardeó la Plaza de Mayo», recuerdan otros que saben distinguir bien y son capaces de señalar, entre el gorilaje vernáculo, al que se deja ver la patita.
No faltó quien recordara también que Perón llegó a la Casa Rosada en 1946 y no en 1945, como señala el candidato Zottos.
Y, por supuesto, hubo quien se encargó de tirar de hemeroteca para pedir a los peronistas que no se olviden de que el partido al que pertence Zottos surgió de las entrañas mismas de la dictadura militar, cuando muchos de los que habían usurpado las instituciones legítimas del país y de Salta en 1976 intuían que iban a quedar huérfanos de poder y a manos de los «sudorosos peronistas».
Como dijo en el mismo acto de la Lealtad el señor Valenzuela, inseparable compañero de andanzas de Zottos, «hay mucho tilingo por ahí que se dice peronista y cree que puede representar a la clase obrera». Aunque no se refería en concreto a Zottos, es muy probable que el piropo fuera para el canoso senador por Tartagal; o si acaso para el propio Valenzuela, otro recién desembarcado en el flexible y cabedor peronismo local.
Un peronismo que, si bien se lo mira, no tiene por misión transformar de raíz la vida de los descamisados sino únicamente la de colocar a Urtubey en la Casa Rosada. ¿Para qué? Nadie lo sabe con certeza; aunque si nos dejamos guiar por el discurso de los «rosadistas» que rodean y jalean al Gobernador de Salta, es solamente «para que tengamos un presidente salteño». Un objetivo trascendental, sin dudas.
Al peronista normal, aquel que entiende al peronismo como un ejercicio de nostalgia permanente y como una no menos duradera aspiración de progreso, le cuesta creer que Zottos haya abrazado su causa, y con tanto ardor, en un tiempo tan breve. Algo raro hay detrás de esta conversión «express».
El problema no es, por supuesto, que Zottos y Valenzuela se digan peronistas, porque esa gran tranquera que abrieron los Romero (el padre primero y el hijo después) sirvió para que por ella penetrara la peor derecha de Salta, encabezada por Urtubey. Y si Urtubey ha podido disfrazarse de peronista durante tantos años, ¿por qué no habría de hacerlo ahora Zottos?
A medida que se acerca Halloween, se multiplican los disfraces en Salta. Algunos eligen el atuendo de enfermera zombie; otros se colocan la careta peronista, aunque en ella no les quepa bien la quijada, cuya deformidad generalmente delata la mentira que envuelve a su dueño.