Salta tiene 'costumbres distintas', dice Urtubey al defender la religión en las aulas

  • El Gobernador de Salta ha aprovechado el día de la Procesión del Milagro para justificar los excesos religiosos de los maestros públicos de Salta, que de él dependen, con el argumento de que la población de esta Provincia tiene 'costumbres diferentes', que deben ser respetadas. ¿Tiene razón en lo que dice?
  • Un Gobernador costumbrista

Para el Gobernador de la Provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, asuntos tan importantes como la libertad de conciencia de los individuos no es algo que se encuentre regido por la Constitución -que ocupa la cúspide de la pirámide jurídica- sino por la costumbre, que hunde sus raíces en lo más bajo del edificio.


El argumento -¡vaya casualidad!- es calcado al que en su día esgrimió la Corte de Justicia de Salta en una recordada sentencia que saltó a los medios de comunicación de todo el mundo por su debilidad jurídica y por sus pasajes absurdos y conservadores.

Para Urtubey, ser cristiano en Salta es como ser gaucho. No hay diferencias ontológicas entre estas dos categorías, ya que ambas arraigan en la famosa costumbre.

Pero lo que preocupa de este peculiar enfoque -que no es de cualquier persona sino de la cabeza del Estado- es la existencia de costumbres «diferentes» a las del resto de los argentinos.

El argumento es bastante peligroso y se vuelve fácilmente en contra de quien lo esgrime, pues todo el mundo recuerda que Juan Manuel Urtubey, por activa y por pasiva, ha sostenido que la violencia criminal y asesina contra las mujeres en Salta obedece a «factores culturales»; es decir, a la «costumbre».

Algo parecido dijo años atrás la propia Corte de Justicia, al sostener en una sentencia que la violación de niñas de la etnia wichi formaba parte de las singularidades culturales de este pueblo.

Evidentemente, si en Salta se mata a las mujeres por «motivos tradicionales» y se viola a las aborígenes menores de doce años de edad sin consecuencias penales, los salteños sí que tienen -como afirma el Gobernador- costumbres bastante diferentes a los argentinos que habitan el resto del territorio nacional.

¿Pero son todas nuestras costumbres dignas de ser mantenidas y respetadas como si se tratara de objetos de veneración?

Machacar la libertad de conciencia de pequeños niños indefensos en las aulas públicas, a escondidas de sus padres y con la alevosía que supone el ejercicio omnímodo de la autoridad del maestro, es sin dudas una costumbre perversa; que por supuesto distingue a los salteños, pero los distingue para mal.

Tener malos gobernantes y tratarlos como si fuesen tótems, sagrados e intocables, es también una costumbre diferencial, pero no precisamente una que provoque un orgullo desbocado.

Arrinconar a las minorías ideológicas, religiosas o étnicas, privarles de sus derechos en nombre de la «gran extensión» de la opinión mayoritaria, es también una práctica tradicional en Salta, que aunque esté avalada por la Corte de Justicia, constituye la negación más perfecta a la democracia que la Constitución provincial dice instaurar.

Precisamente si alguna utilidad tiene esta Constitución es la de permitir que quien en Salta no quiera ser cristiano (o serlo a la fuerza, por la imposición del sistema educativo); quien no desee ser gaucho y quien se rebele contra la estupidez generalizada, pueda hacer alguna de estas tres cosas o alguna de ellas, a su elección. Las mayorías y sus privilegios no necesitan Constitución que los ampare; las minorías, por el contrario, sí necesitan el cobijo de una norma que se imponga a cualesquiera otras que pretendan desconocer sus derechos.

Pero lo que sería normal en cualquier país del mundo democrático (no solo en las restantes provincias argentinas) no lo es en Salta, porque el «guardián» de la Constitución -la Corte de Justicia- hace lo que las cabras sin GPS: tira para el monte. Arrima ascuas a la sardina del Gobernador y santifica, cada vez que tiene oportunidad para ello, todas las conductas que terminan por aniquilar los derechos de las minorías en democracia.

Bien podría este tribunal publicar una antología de sus abusos, con solo recopilar las más recientes decisiones del Tribunal Electoral de la Provincia.

El resto de la Argentina piensa exactamente igual que Urtubey; es decir, que los salteños tienen costumbres distintas: por ejemplo, la costumbre de ser rematadamente opas sin darse cuenta de ello. Así piensa el político que -dice- pretende llevar a la Argentina a integrarse en el mundo.

¡Viva la diferencia!

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