
El Gobernador de la Provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, celebra hoy su 48 cumpleaños, envuelto por un polvoriento remolino de pasiones, y no precisamente amorosas, como las que vivió para estas mismas fechas el año pasado.
Apurado por los números y por el calendario, Urtubey ha volcado en los últimos días todo el aparato del Estado, con el desparpajo antidemocrático de que solo él es capaz, para tratar de apuntalar la tambaleante candidatura a diputado nacional del renovador Andrés Zottos, quien fue su vicegobernador durante ocho años.
Para ello ha dado una orden tajante: «El que se mueve no sale en la foto». Y en cumplimiento de la misma, se han puesto las pilas todos los holgazanes que viven y se reproducen a la sombra del presupuesto.
Todo indica que ni Urtubey ni Zottos las tienen todas consigo en la próxima cita electoral, puesto que allí donde el Gobernador esperaba pasar un comienzo de primavera relajado, entre flores, pajaritos y pulóveres tejidos para perros vagabundos, la realidad le ha obligado a dar, de forma algo desesperada, un golpe de timón con el objeto de intentar convencer a la siempre mal avenida grey peronista de que el más peronista de todos los peronistas es Zottos. Algo bastante difícil de creer.
Los problemas de Urtubey no se detienen en el escasísimo ADN peronista de Zottos. El gobierno también está intentando luchar contra la imagen robótica y cuadriculada del exvicegobernador y contra su propio pasado político. Un gran esfuerzo van a tener que hacer los expertos en neuromarketing para convencer a los salteños de que Zottos tiene algún talento escondido; sobre todo después de que el propio Urtubey lo redujera de una forma casi humillante a una nada política durante los ocho años que fue Vicegobernador, obligándole a acudir a fiestas patronales y gastar zapatos en los misachicos.
Pero alguna forma habrá -dicen estos entusiastas de la imagen- de hacer pasar por bueno a quien fue nulo de absoluta nulidad durante dos periodos de gobierno enteros.
Es precisamente la nulidad «republicana» de Zottos -una virtud de no mejora con los años- lo que desvela a Urtubey el día de su cumpleaños. El riesgo de que Zottos sea desbordado en las urnas por el macrista Grande o el kirchnerista Leavy es cada vez más intenso. Si Zottos no consigue, como se intuye, convencer a los peronistas y Urtubey no logra hacer que los electores comprendan que él y Zottos son la misma cosa, probablemente las aspiraciones presidenciales del Gobernador de Salta sufrirán otro enfriamiento glacial. El quinto en los últimos dos años.
Los 48 años del Gobernador no vienen solos. El desgaste personal y político se va haciendo cada vez más apreciable, incluso si se interpretan con sentido constructivo las palabras del propio Urtubey que, un día sí y otro también, dice que su matrimonio con Isabel Macedo lo hace sentirse «invulnerable». Nadie que experimente una sensación de creciente vulnerabilidad busca blindarse de sus enemigos a través del matrimonio.
A todo ello se suma la caída -natural- de la popularidad de la pareja gubernamental, que cada vez atrae menos y ocupa menos centímetros en la prensa del corazón. Aun en Salta, Macedo ha dejado de ser una novedad y su figura, aunque distante, es considerada ya un elemento más del paisaje.
En medio de todo este panorama, que no es el más alentador para un hombre cuya ambición política se ha disparado hasta niveles poco saludables, la figura de Zottos representa un lastre. «Es como tirar de una vaca empantanada», reconocen algunos cuadros intermedios del Partido Justicialista.