Las sucesivas derrotas electorales enhebradas por el gobierno de Urtubey en el Departamento de la Capital (el más populoso de la Provincia), primero a manos del Partido Obrero, y del romerismo, después, han motivado, hace tiempo ya, que el Gobernador de la Provincia decidiera colocar sus huevitos en algunas localidades del interior provincial en donde los resultados electorales dicen que se le quiere un poco mejor que en la esquiva ciudad de Salta. En la lógica de los grandes números, basta con ganar en algunas zonas claves y cautivas del interior provincial para llevarse la parte del león de la tarta de cargos políticos en juego. Tanto es así que, a pesar de aquellas derrotas tan sonoras, Urtubey mantiene un control estrecho, directo y mayoritario, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado provincial. Nadie le tose en ninguna de las dos asambleas.
Pero las buenas señales que solo hasta ayer emitía ese interior agradecido por regalos tan poco significativos como tanques de aguas y chapas para las escuelas se han vuelto hoy mucho más débiles. De modo que se hace necesario que Urtubey, que ha venido intentando ganarse la simpatía de los residentes en la capital de la Provincia en base la expansión incontrolada del empleo burocrático, cambie ahora de registro y empiece a hacer en esta ciudad algunas cosas, para no parecer -mejor dicho, para no dejar que parezca- que en Salta el único que hace cosas es el Intendente Municipal, Gustavo Sáenz.
Que Urtubey tiene una piedra en el zapato con este asunto no es noticia. Ya desde hace tiempo viene operando una célula de activistas que intenta superponer regulaciones, supuestamente diseñadas para un «área metropolitana» que se extiende ya sobre dos tercios del territorio andino de Sudamérica, y anular la eficacia de las políticas que elaboran y dirigen los intendentes municipales elegidos legítimamente por sus propios pueblos.
Después de haberles expropiado a los intendentes las competencias en materia de transporte y de hacer el intento de despojar a los municipios de algunas otras no menos importantes, alguien se ha dado cuenta -recién ahora- del enorme retraso que existe en materia de infraestructura de la salud en la propia capital del feudo, en donde algunos centros de salud no tienen nada que envidiar a los que existen en ciertos países del África subsahariana.
Por eso, con la ayuda puntual y segura del gobierno de Macri, que no desea ver a Urtubey haciendo cola para mendigar recursos, por razones que solo la política más opaca puede explicar, Urtubey se florea con obras y promesas de obras para esa ciudad que le ha dado tan feamente la espalda en tres elecciones consecutivas. Entre esas obras se cuentan la reforma a los centros de salud de cuatro barrios importantes y la inauguración del nuevo Museo de Güemes.
Con dinero ajeno cualquiera puede hacerse el guapo. Faltará ver si ese coraje blinda también el ánimo de aquellos que se aventuran a meter mano en el electorado ajeno. Si Urtubey consigue en las próximas elecciones levantar la derrota que le vienen endosando desde hace varias citas electorales, no será por su buen hacer sino por la perversa (para algunos) y salvadora (para otros) interferencia de Macri en las disputas internas de los salteños.