
Ni Clinton, ni Trump. Para hallar al político con mejor imagen y mayor proyección en el mundo de hoy en día debemos dirigir la mirada un poco más hacia el Norte.
Más precisamente hacia el Canadá, en donde desde hace menos de un año gobierna un hombre de 44 años, que decidió volcarse a la vida política con 29, y que saltó a la consideración nacional después de pronunciar el elogio fúnebre de su padre, el exprimer ministro canadiense Pierre Trudeau, muerto en septiembre de 2000.
La carrera política de Justin Trudeau es modélica en varios sentidos, pero se destaca por la inteligente construcción de su imagen pública y el cuidadoso diseño de su estrategia de comunicación; unos aciertos tan visibles que sirven incluso para destacar, por contraste, los clamorosos errores que en los mismos terrenos está cometiendo el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que es solo un par de años mayor que Trudeau.
Tal vez los salteños se podrían ahorrar mucho dinero si Urtubey dirigiera su mirada al Canadá, se decidiera de una vez por todas a echar a la calle a esos «inútiles importantes» que hasta ahora le han venido mal asesorando (incluidas esas carísimas agencias con contratos totalmente opacos) y se limitara simplemente a copiar o adaptar para el público vernáculo las recetas que, en pocos años, han conseguido llevar a la cima a Trudeau.
Como cualquier líder de estos tiempos, el actual primer ministro canadiense enfrenta problemas de una enorme envergadura y su programa de reformas encuentra dificultades para ponerse en marcha. Pero sus tropiezos y sus errores no desmerecen en absoluto el gran trabajo que Trudeau y sus asesores están haciendo y cuyos resultados se pueden apreciar, entre otros indicadores, en el ranking que elabora Forbes y que sitúa al premier canadiense en el puesto número 69 entre las personas con más poder en el mundo.
Antípodas ideológicos
Un breve repaso al ideario político de Trudeau no deja dudas acerca de su escasa proximidad con las posiciones públicamente asumidas por el Gobernador de Salta. Para empezar, el primer ministro canadiense -católico, educado en colegios católicos al igual que Urtubey- defiende en materia de aborto el derecho de las mujeres a decidir, se ha manifestado a favor del matrimonio entre las personas del mismo sexo y ha participado de varias marchas de la comunidad homosexual.En 2014, Trudeau prohibió que los miembros de su partido que se opusieran al aborto pudieran ser candidatos si no se comprometían a votar a favor. En aquel momento argumentó que quería un gobierno absolutamente «pro-choice» y que «no era el rol de ningún gobierno legislar en lo que una mujer decide hacer con su cuerpo».
Más todavía, Justin Trudeau manifestó públicamente que el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo eran parte de sus «principios bases» y que, por consiguente, no podría «complacer» a los que estuvieran en contra ya que tiene que sostener sus propias ideas.
Para seguir marcando diferencias, Trudeau también se ha mostrado abiertamente partidario de legalizar la marihuana. El primer ministro piensa que la criminalización de la sustancia efectuada por el gobierno de su antecesor Stephen Harper le cuesta al Estado canadiense unos 500 millones de dólares por año. La legalización de la marihuana podría evitar esta pérdida y al mismo tiempo ayudaría a reducir las ganancias que actualmente obtienen los traficantes y el crimen organizado. Trudeau, que ha reconocido haber fumado alguna vez marihuana, afirma que su postura sobre este tema está marcada por el hecho de que su hermano Michel (fallecido en una avalancha de nieve) fue procesado en su día por posesión de droga.
Hay más cuestiones que diferencian claramente al Gobernador de Salta con el líder canadiense. Por ejemplo, la transparencia. En junio de 2013, Trudeau propuso publicar trimestralmente los gastos de viaje de los diputados, senadores y de su personal, en un formato que facilite la consulta y la investigación por parte de cualquier ciudadano u organización. Al mismo tiempo, anunció la presentación de un proyecto de ley destinado a la apertura al público de las deliberaciones de la Oficina de Economía Interna de la Cámara de los Comunes. Al año siguiente presentó en el Parlamento un proyecto para reformar la ley de acceso a la información, con el propósito de establecer, como principio general, que el gobierno debe estar «abierto por defecto», y que el secreto solo puede ser excepcional.
En materia de separación entre Estado e Iglesia, el católico Trudeau ha dicho que «aunque las creencias privadas tienen que ser valoradas y respetadas, son fundamentalmente ajenas al servicio público, y es sobre eso de lo que trata el liberalismo». A pesar de sus creencias religiosas, el premier canadiense planteó alguna vez su discrepancia con dogmas de la Iglesia, particularmente el de «que alguien que no fue un sincero católico practicante no pueda ingresar al Cielo». Lo consideró «extraño e inaceptable».
El primer ministro ha dicho también, repetidas veces, que se siente «orgulloso de ser feminista». Ha recordado que el Partido Liberal que preside es contundente en la defensa de los derechos de las mujeres y que son el partido de la Carta Canadiense de los Derechos y las Libertades.
Durante la campaña de las elecciones legislativas de 2015, en la que Trudeau consiguió que su partido pasase de 36 a 184 escaños (el más grande crecimiento numérico obtenido por un partido en una elección canadiense), se comprometió a formar un consejo de ministros paritario con igual número de hombres que de mujeres. Luego de jurar su cargo de primer ministro fue consultado sobre la razón por la que consideraba que la paridad de sexos era importante, y respondió: «Porque estamos en el 2015».