
En los últimos once meses, Urtubey ha cambiado el oficio de Gobernador (porque ya no gobierna) por el de telepredicador.
El cambio, que se venía insinuando desde hace tiempo, ha sido posible por una razón muy sencilla: sus asesores lo han convencido de la necesidad de dar el salto del nivel descriptivo al nivel predictivo; es decir, de pasar de ser un político al uso, atormentado por la realidad y siempre a remolque de ella, a ser un gurú, un oráculo de lo que vendrá.
Cualquiera que tenga televisión por cable puede darse cuenta con solo sintonizar un par de programas de que a Urtubey le encanta que le consulten; es decir, que los movileros más inexpertos lo tomen por un «referente» y que le pregunten eso de «cómo ve» el futuro del país.
Los mismos asesores -seguramente porque se han leído algún libro de autoayuda- han aconsejado a Urtubey hablar de los «círculos virtuosos», como quien huye del discurso negativo y catastrofista. Desde entonces, los «círculos virtuosos» se han convertido en una muletilla infaltable en los discursos del Gobernador, como antes lo fue aquello «de la lógica».
El caso es que la mayoría de los ciudadanos se da cuenta perfectamente que Urtubey sabe tanto de virtudes como de lógica; es decir, que sabe poca cosas para lo mucho que guitarrea.
Pero la frase de por sí impresiona a los incautos, pues los argentinos están mayormente acostumbrados a que los políticos solo vean el lado oscuro de la realidad. Que Urtubey hable de círculos virtuosos (aunque no haya visto uno ni de lejos) no solo es un detalle dialéctico. De lo que se trata es de endulzar el oído del ciudadano dibujando una especie de espiral hacia la luz infinita, un anillo de abundancia, que gira fuera de nosotros pero que nos invita a entrar (como esas calesitas que dan vueltas a paso de hombre) para que todos nuestros males se resuelvan casi al instante.
Aunque en la ciencia económica se discute si el círculo virtuoso es realmente algo preferible al equilibrio natural y algunos escépticos afirman -no sin fundamento- que demasiada virtud solo podría conducir al estallido de la economía, lo cierto es que hay consenso acerca de que «entrar» en el círculo virtuoso, como sueña el Gobernador de Salta, es una aspiración típica de los países pobres y marginales. Urtubey probablemente no lo sabe y por eso sigue predicando.
Básicamente, un círculo virtuoso consiste en que la autoridad monetaria del Estado promociona tipos de interés bajos para abaratar el crédito y fomentar así la producción y la reactivación de sectores deprimidos. Los tipos bajos permiten al mismo tiempo tener más recursos disponibles para el consumo, el ahorro o la inversión.
La mayor inversión, a su vez, aumenta la producción de los recursos económicos (expande la economía) y crea nuevos puestos de trabajo (se requiere mano de obra nueva para utilizar en la nueva producción)
El aumento del empleo se traduce automáticamente en el mayor ingreso de las unidades familiares (mientras más miembros de la familia encuentren empleo, el ingreso familiar mejorará).
Esta mejora propiciará, por otro lado, un aumento del consumo y, si existen excedentes, estos serán destinados al ahorro. Y ya se sabe: el ahorro vuelve al sector financiero, que a su vez retorna al círculo virtuoso como crédito generador de más inversión, empleo y consumo.
Aunque Urtubey no cuenta toda la película (el círculo virtuoso para él consiste simplemente en el paraíso de inversiones que promete), varios datos de la realidad desmienten que la Argentina y, en particular, la Provincia de Salta, puedan entrar fácilmente en esa dinámica.
En primer lugar, porque los tipos de interés se mantienen altos, entre otros motivos, porque la remuneración (relativamente alta) del dinero es una forma de compensar la alta inflación.
En segundo lugar, porque el crédito interno no fluye. Las expectativas de inversión del gobierno, después de la salida del default y el archivo del cepo cambiario, se concretan en las aportaciones de capital extranjero que aún están por verse.
En tercer lugar, porque en vez de aumentar, las rentas del trabajo han caído de forma dramática, como lo acaba de certificar el INDEC; no solo por la contracción del empleo sino por la pérdida de competitividad de nuestras unidades productivas. «Abrir» la Argentina tiene, desde luego, sus riesgos.
En cuarto lugar -y lo dejaremos aquí- ningún inversor se arriesga allí donde el gasto público está fuera de todo control y el déficit fiscal se ha disparado, como sucede por ejemplo en la Provincia de Salta.
Urtubey no tiene competencias en materia monetaria y las tiene muy reducidas en materia laboral y fiscal, de modo que si llegan inversiones a Salta (en donde el Gobernador solo puede perdonar unos impuestos poco trascendentes), será porque Macri quiere que se invierta aquí y no por los aciertos de Urtubey.
Un telepredicador cómico
Las inversiones (internas o internacionales) no solo requieren créditos con tipos de interés bajos sino que demandan también seguridad jurídica y paz social. Pocos (por no decir nadie) invierten en un país en el que las reglas del juego cambian constantemente para los agentes económicos y en lugares en donde se producen agudos conflictos sociales, con piquetes extorsivos y cortes de ruta. Eso, sin hablar de muertos, como en Bolivia.A pesar de estas clamorosa realidad, Urtubey habla de Salta como si fuese Luxemburgo y lo hace por un solo motivo: cree que así como ha conseguido (con cierta facilidad) hacer de Güemes un héroe nacional, a fuerza de consignas livianas, con lobbys secretos y campañas «posicionadoras» en las redes sociales, puede hacer algo parecido con su propia persona; es decir, con un poco de maquillaje, pasar él mismo por héroe nacional.
Pero Urtubey no es Güemes. Y si lo fuera, Salta no se convertiría en Luxemburgo por arte de magia. El Gobernador carga en su mochila con el pesado diploma que lo acredita como el mandatario de una de las provincias más pobres, más atrasadas y peor gestionadas de la Argentina. Una Provincia en donde los índices de asesinatos de mujeres son los más altos del país, y donde se producen, un día sí y otro también, escándalos de desnutrición infantil. En donde el desempleo sube por encima del crecimiento de la tasa nacional, la tasa de actividad es de las más bajas de la región y la inoperancia del gobierno mantiene paralizada desde hace 75 días a la empresa privada más importante de toda la región.
La teoría del círculo virtuoso de Urtubey no explica absolutamente nada acerca de estas patologías sociales, como no explica tampoco el pobre nivel de la educación pública, los altísimos precios de los hoteles (más caros que en Europa), las carencias del sistema sanitario, la baja productividad de las empresas, el gasto público desbocado y los agudos desequilibrios territoriales.
De lo que no caben es dudas es de que se puede soñar con círculos virtuosos -solo eso faltaría- pero, en el caso de Urtubey, sería mejor que sus asesores le aconsejaran que en vez de fantasear con paraísos económicos y sociales hiciera un máster acelerado para aprender a salir de los círculos del infierno del Dante, que es a donde su gobierno ha llevado a un millón trescientos mil salteños tras ocho años de errores de bulto.