Las relaciones carnales entre Urtubey y Macri

Poco después de que los papeles filtrados por Wikileaks revelaran que el Gobernador de Salta había traicionado al kirchnerismo mucho tiempo antes de lo que se suponía, y que su sobreactuado apoyo a la campaña de Daniel Scioli fue solo una máscara para ocultar la verdad, se ha producido ahora la confirmación oficiosa del alejamiento, quizá definitivo, de Juan Manuel Urtubey del Partido Justicialista y su fichaje por el macrismo.

Esta confirmación se produjo, otra vez, gracias al escaso tacto verbal del Gobernador de Salta y a su debilidad por los focos. Sucedió en Villa Martelli, en donde los periodistas entrevistaron a Urtubey luego de que éste asistiera al acto de reapertura de Tecnópolis.

El mandatario salteño, luego de felicitarse por la iniciativa presidencial de llevar la muestra al interior del país (en eso consiste para él el «federalismo»), dijo a los periodistas: «Con el presidente (Mauricio Macri) estamos buscando que esto le sirva a toda la Argentina».

Es decir, que si Tecnópolis ha cambiado de perfil, no es por el acierto de Macri, sino por la intervención providencial de Urtubey. Sin ella, la exposición tecnológica nacional seguiría siendo un bastión del centralismo asfixiante del puerto.

Pero lo que de verdad quiso decir Urtubey al lanzar al aire eso de que «con el presidente estamos buscando...», es que él cogobierna, y que Macri no toma decisiones sin levantar el teléfono y consultarle qué rumbo ha de adoptar el gobierno.

En suma, que Macri tiene unos aliados tan precarios y tan livianos que si no fuera por el apoyo que le llega desde Salta, el gobierno nacional ya hubiera perecido bajo las corrosivas críticas de Tinelli.

En menos de un año, Urtubey ha pasado de defender al kirchnerismo y de considerarse pieza clave de la «peronización» de Scioli, a ser un suporte insustituible e imprescindible del gobierno macrista. Tanto, que Urtubey no comparte hoy una sola de las posiciones políticas del Partido Justicialista, con cuyas siglas aún aspira a convertirse en Presidente de la Nación en 2019.

Aunque tal vez lo más chocante de la situación es que la misma persona que comparte responsabilidades en la revolución federal que encarna Macri sea el mismo tipo que le cerró las puertas en la cara a Jean-Michel Bouvier, después de haberle prometido formalmente que gestionaría para el francés una audiencia con el presidente Macri.

Urtubey puede conseguir llevar a Macri y a su esposa a carnavalear a Purmamarca, a compartir los fogones con los gauchos, a comer empanadas en su casa, a pasearse por las calles de Cerrillos, pero no encuentra un minuto en la vida para decirle al Presidente: «Che, Mauricio, ¿podrías hacerme el favor de atender a un francés barbudo que no sé exactamente qué anda queriendo?»

Tal parece que a Urtubey las influencias con Macri se le terminan cuando se trata de asuntos que le salpican, a su gobierno o a él personalmente. Cuando se pretende sacar a la luz temas como estos, Urtubey deja de ser el campeón del federalismo postergado y el reorientador de las políticas de Macri y pasa a ser menos influyente que el cadete más joven de la Casa Rosada.

El Gobernador de Salta tiene que superar no una sino varias esquizofrenias. La primera, terminar de una vez con el peronismo, en el que no pega ni con cola; la segunda, decidirse entre a amar a Macri ante los focos y declararse suri frente a las peticiones de justicia. La última, decidir, si lo suyo es la política o los teleteatros, aunque entre una y otra actividad las diferencias se hayan estrechado muchísimo en los últimos tiempos.