Urtubey y su protagonismo de tercera fila bicentenaria

El Gobernador de Salta experimentó el sábado en carne propia la desagradable sensación que provoca comprobar que los focos y los micrófonos que tanto adora esta vez no fueron para él.

«¿Quién es Manzur?» se preguntaron durante toda la semana los arquitectos delineadores de la pulida imagen del Gobernador de Salta en los medios de comunicación de masas.

Y se respondían: «apenas el gobernador kirchnerista de una provincia pequeña y calurosa que tiene menos de cien frecuencias aéreas semanales».

Otros, cargándose de razones, argumentaban que Manzur (morocho, calvo y con sobrepeso) no daba la talla como imagen del Bicentenario de la Patria, como podría haberla dado Urtubey (apolíneo, de tupida cabellera y, para colmo, con novia vistosa).

Pero el protocolo, que reservó al rey emérito (desciendiente directísimo* de Fernando VII) un lugar de privilegio, dejó a Urtubey en una apretada y mal iluminada tercera fila. El macrismo no perdona.

Especialmente no perdona gestos desleales como el amparo del gas o las críticas selectivas a la apertura de la economía. Urtubey se muestra macrista en las formas pero kirchnerista en los fondos.

Por alguna razón, el excavallista y exkirchnerista Alberto Fernández dijo que Urtubey era «casi» del PRO. Bastó para que lo dijera para recibir como recompensa un sonoro escrache aéreo. El mundo está loco, loco.

Ahora se entiende mejor la exageración de la gloria de Güemes el mes pasado. Los salteños no podíamos permitir que el primer Gobernador nacido en estos valles que fue capaz de echarse una novia actriz de la escena nacional fuese desplazado de los primeros planos mediáticos. Y por eso, en vista de que los tucumanos ya tenían pensado hacerle una trastada (solo por celos turísticos, no por envidiarle la novia), los salteños fueron más listos y organizaron veinte días antes una festichola patriótica a la que Manzur ni siquiera fue invitado.

Después de la fiesta, claro está, hay que pagar la factura. Y esa factura se pagó el sábado, con Urtubey y Macedo hundidos en la amarga e injusta fila de la historia bicentenaria de la patria.
(*) El rey Alfonso XII, bisabuelo de Juan Carlos I, era a su vez nieto de Fernando VII, que reinaba en España el 9 de julio de 1816.