El gobierno nacional envió ayer una pésima señal a la sociedad, un preocupante aviso de su debilidad. Sucedió cuando tras el anuncio del presidente Macri de que no iba a asistir a los actos programados para cerrar los festejos del bicentenario de la independencia, el mandatario se vio obligado a volver sobre sus pasos y a aparecer en público, cuando su salud o su estado físico le aconsejaban descansar. Fueron, sin dudas, las reacciones intempestivas en las redes sociales las que obligaron a Macri a deshacer sus planes. El anuncio de su ausencia en la clausura de los festejos fue el detonante de una andanada de críticas que finalmente terminaron por disuadir al Presidente de su propósito inicial.
Tras cambiar de opinión, Macri no avisó que finalmente iría al desfile. Apareció por sorpresa. Lo cual invita a pensar que el mandatario prefirió no volver a utilizar el Twitter por temor a que su rectificación fuera ocasión para una nueva polémica.
Pero no lo consiguió. Las críticas le llovieron igual.
A nadie se le ocurrió pensar que el Presidente de la Nación -que hace pocas semanas tuvo que ser ingresado por un episodio de arritmia cardiaca y que está convaleciente de una operación en la rodilla- no es Iron Man y que, como cualquier ciudadano de su edad (cumplió 57 años en febrero), tiene derecho a experimentar cansancio.
Pocos se detuvieron a reflexionar en que la admisión de la fatiga presidencial, antes que un signo de debilidad, es una actitud humana.
Su antecesora en el cargo, ante una situación parecida, hubiera optado por dirigir el desfile a través de una pantalla de televisión. Y hubiera sido aplaudida.
Pero por alguna razón, a Macri se le exige más que esto. Tal vez fue él mismo el que creó las expectativas que hoy están insatisfechas, pero eso es poca razón, la verdad, para cargar contra él. Sobre todo si se tiene en cuenta que faltar a un desfile no es lo mismo que errar en el pronóstico de la inflación.
¿Qué ocurrirá mañana si el pueblo, reunido en solemne tertulia de Twitter, reclama que el Presidente abandone sus reformas y vuelva a declarar el default?
Si las redes sociales fueran las que gobiernan y el malhumor generalizado se conviertiese en el termómetro de la salud de la política, esta es la hora en que el Gobernador de Salta y su novia deberían haber dado, en prolija coreografía, un definitivo «paso al costado».
Si Urtubey no les hace caso, ¿por qué debería obedecerles Macri?
Cansado por la extenuante gira y actos, lamento no poder asistir a los desfiles de hoy. Espero que se acerquen a Palermo y los disfruten
— Mauricio Macri (@mauriciomacri) July 10, 2016