Salvo que no le hayan dado tiempo suficiente para meditar su respuesta, no se entiende muy bien la razón por la cual el Presidente de la Nación ha dicho ante un calificado auditorio de prensa en Bruselas que el «reclamo» por las Islas Malvinas «no va a cambiar nunca». Decir esto, supone admitir que el Reino Unido jamás nos va a devolver las islas, y esta premisa no es precisamente de la que parte todo el haz de políticas desplegadas por la República Argentina para que le sea restituida su legítima soberanía sobre aquel territorio.
El problema, por supuesto, no está en decir que la política argentina no variará, sino en el empleo del adverbio «nunca». Porque es evidente que esta palabra no debió de aparecer en la frase presidencial. El que lo haya hecho es una mala señal hacia adentro, pero también una pésima señal hacia afuera, pues si aspiramos a una solución negociada y pacífica, no hay nada peor que enrocarse en las palabras.
En algún momento, la política argentina en la materia tendrá que cambiar. Lógicamente así debería ocurrir en el caso de que el Reino Unido accediera a devolver las islas. Sería absurdo seguir manteniendo el «reclamo» (la oposición a algo que se considera injusto) cuando la injusticia ya ha sido reparada.
Mucho más correcto, tanto desde el punto de vista lingüístico como del político, hubiera sido decir: «la postura argentina en relación con las Islas Malvinas no va a cambiar en lo sustancial mientras el Reino Unido no acceda a devolver la soberanía».
Un presidente optimista hubiera dicho que su esperanza es la de mantener el «reclamo» por poco tiempo y no por toda la eternidad. Quien habla en esos términos o está admitiendo la inutilidad de las políticas que se están desplegando o es que es un derrotista por naturaleza.
A pesar de la tajante afirmación del Presidente de la Nación, es de esperar que en un plazo razonable se produzca la restitución a la soberanía territorial argentina de las Islas Malvinas, y en consecuencia, lo que anhela la gran mayoría de los argentinos es que se produzca de una vez el archivo definitivo del «reclamo» y el cambio radical de la postura argentina en los foros internacionales.
Lo de «nunca» es para aquellos que no están muy convencidos de lo que están haciendo.