Urtubey, de la matraca al chizito, en pocos meses

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El Gobernador de Salta, experto en el uso del llamado lenguaje no verbal, suele acompañar sus amenas charlas con un variado repertorio de señas, cuya interpretación más de una vez ha despertado comentarios encontrados.

Asistente habitual a los coloquios de Idea, a Juan Manuel Urtubey se le ha visto, en pocos años, ir reduciendo sus intervenciones y la amplitud de sus gestos, hasta el punto de que muchos se preguntan ya si no serán la edad o el estrés los que están haciendo mella en sus facultades.

Las dos fotografías que acompañan estas líneas (la de la derecha data de ayer) demuestran que Urtubey piensa cada vez en escala más pequeña, o al menos que ha abandonado la presuntuosidad de sus anteriores manifestaciones, que más de uno, que lo conoce, ha dicho que no se corresponden con su auténtica dimensión humana.

De haber visto esta foto, Mark Twain hubiera repetido aquello de: «las noticias sobre mi muerte son bastante exageradas».

El gran público se pregunta hoy qué ha sido de ese joven gobernador que con sus manos parecía estar escudriñando una imaginaria bola de cristal, bajo una mirada de fuego. Hay quien dice que sus mejores argumentos han sufrido un «significant shrinkage» y que la dimensión de las ambiciones, políticas y personales, de nuestro mandatario hoy no superan ese tranco de pollo que parece dibujar con los dedos de su mano en la foto de la derecha.

Los salteños, al ver este gesto tan insignificante y derrotista podrían decir que el ego de su orgulloso mandatario hoy es «asinita».

Todo cambia, todo se transforma, pero algunas cosas, como está visto, empequeñecen.