
Tanto Juan Manuel Urtubey como Bettina Romero están afinando sus motores para la próxima gran cita electoral del año 2017, en la que la hija de quien fue Gobernador de Salta entre 1995 y 2007, se perfila como candidata a diputada nacional con la bendición del actual Gobernador de la Provincia.
Hace tan solo cinco años atrás, con ocasión de otra elección nacional de características similares, Urtubey y Romero se prodigaron interminables insultos, en una parodia de reyerta que hizo que muchos partidarios de Urtubey, creyendo que había estallado la guerra de verdad, atacaran a Romero como si se tratase de la reencarnación del mal absoluto.
La amplia sonrisa Colgate de la joven y talentosa Romero Marcuzzi anuncia que la denuncia penal del hangar, la de los terrenos de La Ciénaga y cuanto otro desaguisado se haya cometido con los decretos truchos de Mashur Lapad, han sido objeto de un silencioso archivo, después de que varios fiscales y varios jueces se dejasen inútilmente las uñas investigando lo que -según Urtubey- eran las manifestaciones más visibles de las prácticas corruptas de Romero.
Romero y Urtubey, que desde hace más de veinte años se prestan ideas y se intercambian hombres, no solo han enterrado el hacha de guerra, sino que los fiscales penales están de capa caída, tras demostrarse el rotundo fracaso de la reforma legal que hace solo cuatro años instituyó el llamado «sistema acusatorio» y dejó en mano de los inquisidores fiscales el comando de la instrucción penal y la libertad de los ciudadanos.
Un puñado de fiscales valientes y bien preparados no ha conseguido superar el doble desafío que supone, por un lado, la existencia de una legión de fiscales autoritarios y con alma de policías y, por el otro, la ancestral desconfianza de los jueces, que al primer renuncio ya presentan contra ellos pedidos de jury de enjuiciamiento.
Con este panorama, el de las sonrisas del poder y el declive de la institución fiscal, Bettina Romero es casi número puesto para encabezar la lista de Urtubey a la Cámara de Diputados de la Nación el año que viene. Porque a las paces se las hace bien o mejor es continuar la guerra.