Urtubey asiste al tedeum sin Isabel Macedo

Desde que la actriz Isabel Macedo ejerce como primera dama de la Provincia de Salta (esto es, escasos dos meses y medio) no se había presentado ninguna ocasión formal en la que el Gobernador y su actual pareja coincidieran, en el interior de la Catedral Basílica, con el Arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello.

El pasado miércoles, fecha en que se celebró el 206 aniversario de la Revolución de Mayo, fue una ocasión quizá inmejorable para que el trío Urtubey-Macedo-Cargnello se encontraran a los pies del camarín del Señor del Milagro, pero no ha podido ser.

Las revistas del corazón deberán esperar un tiempo más para fotografiar a la pareja en gracia y presencia del señor Arzobispo, quien -por lo que se rumorea en el pasillo que separa la Catedral del Banco Macro- no ha dado aún su visto bueno a la relación entre un divorciado sin divorciar (Urtubey) y una actriz soltera pero madura (Macedo).

Sabe Cargnello que cualquier trato de favor hacia Urtubey en este aspecto provocaría inmediatamente que miles de divorciados apartados de la Iglesia se le vengan al humo a reclamar los mismos derechos.

También se rumorea que, en privado, Macedo habría recurrido al viejo chiste de Isabel Sarli argumentando ante el Arzobispo «tener el derecho divino», algo a lo que inmediatamente asintió su consorte, que habría añadido, sin ruborizarse, que también tenía divino el izquierdo.

No se sabe muy bien cómo marchan los trámites, pero al día de hoy el gran jefe del Poder Judicial (con permiso del Indio Godoy) aún no tiene en sus manos la sentencia que lo desligue, al menos en el plano legal, de su todavía legítima esposa y madre de sus cuatro hijos.

Como el papa Francisco ha dejado en mano de los obispos el acoger o no en el seno de la Iglesia a los divorciados y facilitarles su acceso a la eucaristía, una vez que Urtubey «eleve» a Cargnello la sentencia civil que declara extinto su matrimonio con su anterior esposa, podrá por fin presentar su nueva novia al Arzobispo, sin que por ello chirríen los goznes de la gran puerta por la que de vez en cuando el prelado sale bajo palio.