Hay un antes y un después del desafortunado viaje de dos semanas que Urtubey y su pareja realizaron a París y Nueva York entre el 17 de abril y el 1 de mayo pasados. A su regreso al país, el Gobernador de Salta pudo confirmar lo que ya se insinuaba de forma preocupante en su teléfono móvil mientras se hallaba en el extranjero: que durante dos semanas seguidas las redes sociales, sin darle tregua ni cuartel, lo habían despellejado, a él y a su nueva novia.
Buena parte de la culpa la tiene la viralización del vídeo en el que se ve al mandatario en el hospital de Orán, en el momento en que esquivaba a un enfermo tirado en el suelo. Esta grabación dio la vuelta al mundo y lo hizo más conocido en todo el país, pero al mismo tiempo más odiado, ya que su porcentaje de imagen positiva descendió a los niveles más bajos desde mayo de 2015.
De una forma impensada y en cualquier caso prematura, Urtubey comprendió que su precaria alianza con Macri, la misma que lo había llevado a instalarse en un cómodo lugar de la escena política nacional, tiene límites concretos, y que su progresión, que parecía imparable, ha tocado techo.
El suceso no ha supuesto, como se pensaba, un baño de humilidad para el Gobernador, sino un motivo más para cambiar una vez más de estrategia. Los bruñidores de su imagen dedicaron la semana que hoy acaba a hacer enormes esfuerzos por darle la vuelta a esa imagen de insensible aristocracia con que Urtubey se hundió en las encuestas. Lo mostraron trabajando (como si no fuese su obligación hacerlo), repartiéndose entre cientos de lugares en Salta (como si ya fuese normal que no estuviera en su Provincia) y hasta sensible a las nuevas demandas ciudadanas (casos Leyseca, Robbio Saravia y Parodi).
Mientras eso sucedía en el plano de la comunicación y la imagen, Urtubey enfrentaba el penúltimo quebradero de cabeza de su sinuosa vida política, y se formulaba la siguiente pregunta: ¿Conviene o no seguir pegado a Macri?
Con Macri había alcanzado el pico de su popularidad, pero también con él su imagen positiva se había hundido como nunca antes lo había hecho. Los porteños creen ahora cada vez menos en él y en su discurso narcisista de ma me mi conmigo.
Por eso, quizá, después de prestar a sus legisladores nacionales para que apoyaran la conocida como «ley buitre», Urtubey echó el freno de mano, probablemente para no transmitir, a los pocos que aún lo consideran un peronista derecho, la impresión de ser cómplice de una descarada política antiobrera, o para volver a ganarse un lugar entre las preferencias del vulgo.
Primero ocurrió la demostración de fuerza de los sindicatos y posteriormente la negativa de Urtubey a ordenar a su hermano senador y a su aliada Cristina Fiore que votaran en contra del proyecto de ley antidespidos. Y mientras esto ocurría, el Gobernador no se mostró en otros territorios y guardó prudentemente a su novia en el armario, para evitar que la siguieran dañando.
Hoy, aprovechando que el senador Juan Carlos Romero votó en contra de la ley populista impulsada por Sergio Massa, Urtubey se ha acercado al exintendente de Tigre, y tiene un pie puesto en el partido que ahora dirigen José Luis Gioja y Daniel Scioli. Es decir, que como se lo aconsejó su equipo de comunicación, mantiene una vela encendida a cada santo.
Pero si el panorama externo es complejo, con lo que menos contaba Urtubey es con que el avispero local se revolviera de la manera en que lo hizo. A las repercusiones tremendamente negativas de su viaje, se unen ahora las dudas de los legisladores sobre la oportunidad del endeudamiento proyectado, las críticas a la falsa gestión del Fondo de Reparación Histórica, los indicios claros de tráfico de influencias en la designación de jueces, las tensiones que provoca la justicia selectiva (Leyseca, Clemente Vera, Reynoso, Solá Torino y otros), la doble moral en materia de violencia de género (Robbio Saravia, Cornejo Jovanovics), la pública desautorización al Consejo de la Magistratura y a sus métodos de comprobación de idoneidad, y el grave accidente de tránsito en que se vio envuelto el ministro Carlos Parodi, en el que resultaron lesionados dos policías (y no se sabe si una o dos vacas).
Con tanto trabajo en casa, parece lógico -y no ya solo conveniente- que el Gobernador dedique más tiempo a ocuparse de las cuestiones domésticas y menos a sus desfallecientes ambiciones presidenciales.