En Salta, los legisladores no representan ni al pueblo ni a las autonomías provinciales. Son, como suelen decir ellos mismos en sus campañas, diputados o senadores «de» Urtubey, de Romero, de Olmedo y del selecto grupo de megamillonarios que controla los resortes más finos de la política lugareña. Con la sola excepción, quizá, del Partido Obrero, los escaños que la Constitución reserva para la Provincia de Salta o para el pueblo argentino que en ella reside, son destinados, desde hace tiempo, a las familias con más cuota de poder. Esto lo sabe hasta el salteño más desinformado.
El teatralizado reencuentro entre el senador Juan Carlos Romero y el actual Gobernador de la Provincia, Juan Manuel Urtubey, quienes aparentemente se mantuvieron enfrentados durante buena parte del gobierno del último, no solo tiene por objeto el reparto jurisdiccional de espacios de influencia y decisión, así como la tutela de los intereses privados de uno y de otro, sino también -y como no podría ser de otro modo- la asignación de escaños nacionales.
Así como es poco probable que Romero, que gobernó a placer durante doce años seguidos, revalide su escaño en 2019 (tendrá para entonces casi 70 años), es altamente posible que Urtubey abra sus listas a la hija del senador -Bettina Romero Marcuzzi- quien en las últimas elecciones primarias quedó relegada en el espacio macrista por el cafayateño Miguel Nanni, que fue apoyado entre bambalinas por Urtubey.
Pero si de lo que se trata es de cuidar los negocios privados y de prolongar la inmunidad familiar hacia otra generación, la mejor decisión entre todas las posibles será convertir a Bettina Romero en diputada nacional.
Aunque los salteños sigan sin entender la mezcolanza que supone que el kirchnerista Urtubey abandone a Scioli en el atrio de la iglesia y se convierta en macrista, sin dejar de ser -según él- «peronista», y que la hija de Romero apoye abiertamente a Macri mientras su padre se diga partidario de Massa, lo que los silicianos más puros llaman «la famiglia» se encuentra por encima de estas consideraciones superficiales.
Tal es el lío, que en cualquier momento los salteños ven en la prensa al presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia, Santiago Godoy, pidiendo en los medios el voto para Bettina Romero, o a la familia Urtubey haciendo lo mismo, en base al conocido eslogan «la misma sangre, la misma lucha». Para salvar la ropa, a estas alturas todo es posible.
De momento, el diario El Tribuno, el medio de prensa analógico más antiguo de la Provincia de Salta, propiedad de la familia del senador y controlado estrechamente por gente de su confianza, ha renunciado expresamente a controlar al gobierno de Urtubey; no se sabe muy bien si como consecuencia de este pacto oculto, o del aumento de la discrecional pauta publicitaria. O quizá de ambas cosas.
Lo cierto y verdad es que la tímida apertura hacia el pluralismo de ideas que había insinuado El Tribuno para incomodar a Urtubey, es cosa del pasado. Ahora, el diario que supo ser propiedad del Partido Peronista (comprado por Roberto Romero gracias a la ayuda de los agentes de la Revolución Libertadora) se ha convertido en un apéndice más del aparato de comunicación de Urtubey.
El diario, así como otros activos familiares, está a la espera de una orden superior para proceder a instalar a joven Bettina como candidata oficialista a ocupar una banca en el Congreso Nacional, para que nada cambie y, al mismo tiempo, dar la impresión de que en Salta impera eso que Urtubey llama «la renovación política».