Urtubey, con el Ku Klux Klan y con Malcolm X

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El Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, se encontrará este mediodía, hora europea, con el Presidente del Consiglio de Italia, Matteo Renzi. El mandatario salteño acudirá a la cita en calidad de acompañante del Presidente de la Nación Argentina, Mauricio Macri, cuya delegación oficial integra.

Será la segunda vez que Urtubey se encuentre con un jefe de gobierno italiano. En octubre de 2010, el mandatario salteño mantuvo un brevísimo encuentro con Silvio Berlusconi, líder del partido derechista Forza Italia, quien al año siguiente debió abandonar el gobierno, cercado por los procesos judiciales abiertos en su contra, y aislado de Europa por sus continuos desprecios a sus colegas comunitarios.

No es tampoco la primera vez que Urtubey se abraza con líderes políticos formalmente antagónicos. Cuando el Gobernador de Salta estreche la mano del izquierdista moderado Renzi, recordará seguramente su anterior encuentro con Berlusconi. Pero también recordará sus recientes abrazos con Daniel Scioli, los que fueron sustituidos rápidamente por tiernos abrazos con Mauricio Macri, quien enfrentó al primero en las últimas elecciones presidenciales.

Recordará también sus abrazos con el piquetero antisemita Luis D'Elía y sus casi simultáneos abrazos con representantes de la comunidad judía de Salta. O quizá le vendrá a la memoria su asistencia perfecta a las convocatorias militantes de Cristina Kirchner (y antes las de su marido) y su «abrazo técnico» a la fórmula Carlos Menem - Juan Carlos Romero, en las elecciones presidenciales de 2003.

Probablemente experimente cierto vértigo al acordarse de sus achuchones con el colectivo LGBT y las organizaciones feministas de Salta y su apoyo explícito a los grupos ultras de la iglesia católica que en su día rechazaron el llamado «matrimonio igualitario» y que aún hoy siguen exigiendo su abolición.

Así pues, en nombre del «peronismo flexible y tolerante» que dice defender, el Gobernador de Salta dará hoy un paso más en su estrategia de abrazar los extremos opuestos. No sería sorprendente que mañana estuviera rindiendo homenaje a las víctimas de la Sala Bataclan en París, o a las de Charlie Hebdo, y pasado volara a Oriente Próximo a abrazarse con los barbudos líderes del estado islámico.

Todavía le queda margen para la farsa, pues en una sola jornada puede rendir su admiración a Jean-Marie Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, con solo atravesar la ciudad en Métro, o alabar a los independentistas catalanes, por la mañana, y tomar el té con Felipe VI y Letizia por la tarde.

La consigna es: allí donde haya focos, allí estará Urtubey. Poco importa si de un lado está Dios y del otro el diablo, porque lo que verdaderamente interesa es que al final del pasillo haya una cámara (y un retocador fotográfico, por las dudas), que es todo lo que se necesita para hacer pasar a un líder ambiguo, pequeño y comarcal por un hombre recto de incalculable dimensión universal.