
Nadie puede negar que los tiempos han cambiado y que las costumbres ya no son las mismas de antes. Pero entre tanta mudanza, algunas cosas permanecen inalterables, como el dolor que el ser humano experimenta ante el fallecimiento de un ser querido y las manifestaciones con que, normalmente, este dolor se exterioriza.
No porque vivamos una época de cambios vertiginosos, el tiempo que le lleva a una persona superar la ausencia de un ser querido (la «elaboración» del duelo, como se dice ahora) es más breve.
Al Gobernador de Salta se le ha muerto su padre hace solo ocho días. Nadie podría entender en estos tiempos que un suceso tan triste pudiera llevarle a interrumpir sus actividades oficiales o a ventilar públicamente su dolor, vistiendo, por ejemplo, ropas de luto. Cualquiera podría entender que el Gobernador, tras la pérdida, lleve una vida «normal»; es decir, sonreír, divertirse, vestir de modo informal, etc.
Lo que no es tan normal es ver a alguien que ha sufrido una pérdida tan reciente con una expresión de radiante felicidad como la que muestra el Gobernador de Salta en esta fotografía. No es su felicidad lo que llama la atención sino la ausencia de la más mínima huella de un sufrimiento reciente.
¿Estamos ante un gran simulador de emociones? Pues, probablemente.
La mayoría de las personas que han atravesado por un trance semejante, tienen los ojos hinchados, la mirada un poco perdida, la boca contraída, el entrecejo flojo y el cuerpo todavía algo tenso y vacilante. Pero el Gobernador de Salta no tiene nada de eso, como lo demuestra esta fotografía en la que aparece como si nada le hubiese sucedido, junto a los impenitentes carnavaleros Mauricio Macri y Gerardo Morales
Las viejas de Salta -que todavía existen- podrían llegar a reprocharle al Gobernador que este lenguaje corporal tan exultante no sea compatible con el periodo de duelo. «Por respeto a la memoria de su papá, no debería haberse ido a carnavalear», dirían estas viejas. Pero él, como se ve, sigue en sus trece y desafía las habladurías.
Esto lleva a pensar que, o bien el Gobernador quiere transmitir la imagen de un político resiliente (aunque la procesión vaya por dentro), capaz de recuperar la forma y el temple aun en las situaciones más adversas; o bien que inconscientemente nos está dejando ver que su reciente fichaje por el macrismo (hasta le ha copiado la vestimenta) le provoca una felicidad tan intensa que todo lo demás, incluida la ausencia de un ser muy querido, es pura sensiblería.