
Al parecer, la sensatez de Urtubey guarda una relación de proporción directa con la distancia existente entre su cuerpo y Salta. Dicho en otros términos, mientras más lejos esté el Gobernador de Salta, más sensato y atinado se muestra en sus juicios.
Esta sensatez -un signo de su nueva y desconcertante personalidad política- parece haberse contagiado a su aparato de comunicación, que ante el compromiso del Gobernador de hablar en la sede neoyorquina del Americas Society / Council of the Americas, ha preferido decir que Urtubey «expondrá» y no que «disertará», que es un verbo muy mal empleado en estos casos.
Ha sido precisamente en la ciudad de los rascacielos, en la capital financiera del mundo, en donde Urtubey se ha desmarcado con más nitidez del kirchnerismo gobernante, con el que ha mantenido una finísima sintonía durante los últimos ocho años.
Para empezar, aunque el Gobernador de Salta -según él mismo- no es partidario de marcarle la cancha a Scioli, dijo algo que parte por la mitad la estrategia de campaña del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Para Urtubey, en política no es bueno «conservar», ni siquiera lo bien hecho. Él quiere un gobierno transformador, que «vaya para adelante», aunque en ese empeño se cargue también las cosas buenas que se hicieron antes.
Esta postura no es muy coherente con el sesgo ultrareaccionario de algunas de las políticas que su gobierno aplica en Salta, sobre todo en materia de educación religiosa, judicialización de abortos no punibles y educación sexual en las escuelas, y con el perfil ultraconservador de algunos de sus principales aliados (por ejemplo, los gauchos de Güemes).
Sin embargo, como al Gobernador le gusta «ir para adelante», no sería en Nueva York, la ciudad a la que cantaron Tony Bennett, Barbra Streisand y Frank Sinatra, en donde Urtubey se iba a echar para atrás.
Después de complicarle la vida a Scioli, que apuesta sin rubores por la «profundización del modelo», decidió echarle un pulso a Axel Kicillof con su audaz pero razonable propuesta de acordar con los fondos buitre, pagando a estos acreedores lo que piden, con objeto de que la Argentina no sea definitivamente expulsada del mercado global de capitales, sobre todo en estos momentos en que hay que pagar los gastos de la fiesta.
Por último, en un ataque de modestia muy similar a los que suele protagonizar Cristiano Ronaldo, ha dicho que las versiones que lo sitúan como futuro inquilino del Palacio San Martín son infundadas y que solo las conoce por lo que escucha en los medios. Según Urtubey, los problemas exteriores que deberá afrontar la Argentina en los próximos años (su reinserción en el mundo, de las finanzas, de la democracia, de los derechos humanos, etc.) requieren de dirigentes mucho más preparados que él para ocupar el cargo de Canciller de la República.
Urtubey ha dado a entender que aunque Scioli lo llame a integrar su gabinete (en caso de ganar las elecciones, cosa que no está todavía demasiado clara) él seguirá firme en su empleo de Gobernador de Salta, o seguirá «conduciendo los destinos de los salteños», como le gusta decir a él y a muchos peronistas que padecen del mismo delirio de grandeza.
En suma, que los aires de Nueva York le sientan estupendamente bien a Urtubey. Que se lo ve con más soltura retozando por la Quinta Avenida que a King Kong en la cúspide del Empire State y, desde luego, con mucho más acierto del que normalmente tiene cuando circula por la Estación de Fauna Autóctona de Finca Las Costas.
Quizá, si Urtubey gobernara Salta desde Nueva York (sin pisar Salta), todos seríamos más felices. Al fin y al cabo, como dice Billy Joel en su famosa canción, New York es un Estado de la Mente...