Política y economía
Cuando aún falta un año para las elecciones generales de 2007, contrariando las normas que rigen las campañas proselitistas, en Salta se percibe un intenso, y también confuso, clima electoral. Por primera vez, desde 1983, las pugnas políticas locales se están librando, simultáneamente, en dos escenarios: el provincial y el nacional.

A la expectativa que despierta dentro del justicialismo el final del largo ciclo de doce años del actual gobernador Juan Carlos Romero, se añade ahora el que desatada el esperado guiño del presidente Kirchner hacia un candidato propio.

A la media docena de precandidatos dirigentes del Partido Justicialista, se suman las conjeturas sobre posibles alianzas, imposibles de imaginar meses atrás.

Alianzas impensables

Una de ellas, es la que se estaría tramando entre algunos de los sectores que en Salta se identifican con Kirchner, el del diputado nacional kirchnerista Juan Manuel Urtubey, con la estructura oficial del Partido Renovador, fundado hace 24 años por el marino Roberto Augusto Ulloa, que gobernó Salta durante casi todo el “proceso” (1976-1983) y un sector de la Unión Cívica Radical.

La intensidad de la campaña puede medirse en la multiplicación de actos públicos y de cruce de acusaciones entre los mismos precandidatos justicialistas, los que, sin embargo, niegan estar haciendo proselitismo. “Estamos abriendo espacios para le gente”, justifica el actual vicegobernador Walter Wayar, uno de los postulados a suceder a Romero.

“Será una reunión de amigos”, dice un allegado al senador nacional Marcelo López Arias, que presidirá un acto de prematuro lanzamiento el próximo jueves 26 de octubre en el Centro Argentino.

Todos se consideran tocados por las manos de Kirchner y de Romero, aunque este toque no sea explícito y visible.

Todos dicen tener apoyos y la suficiente madurez y experiencia como para aspirar a gobernar Salta.

Wayar es vicegobernador desde hace 11 años. López Arias ejerce funciones políticas desde hace 23 años, de los cuales casi la mitad los lleva cumplidos como legislador nacional y cuando deje la banca en el senado, habrá completado 18 años en el Congreso, duración que no se alcanzó ni en tiempos del conservadorismo cuando esos cargos eran casi vitalicios.

La confusión existente añadió este fin de semana un nuevo, aunque no imprevisto, ingrediente: la aparición de pintadas en muros de la ciudad donde en grandes y prolijas letras se lee: “Re Romero 2007”. Mientras en el gobierno dicen desconocer el origen de esas pintadas, otros atribuyen el hecho a una maniobra de Urtubey y algunos creen que quien se beneficia con esa confusión es el propio Romero.

Réditos del desgaste

“Al gobernador le convienen estas disputas entre dirigentes que se miden el traje, faltando catorce meses para el final de su tercer mandato. Estas rencillas tienen efecto no sólo entre el votante peronista sino, sobre todo, en los independientes frente a los cuales Romero necesita confirmar que su continuidad en el gobierno es la única garantía de orden y de eficiencia de gestión”, señalan desde la desarticulada oposición.

Añaden que aquí lo paradójico puede dar réditos electorales. “A muchas personas, incluso aquellos que tienen intereses económicos que defender, parece que no les resultan contradictorios dos afirmaciones que lo son: afirmar que en Salta hay seguridad jurídica y, a continuación, decir que esa supuesta seguridad depende de una sola persona, antes que de las instituciones”.

En el propio justicialismo, y dentro de los allegados a los tres principales precandidatos, hay una sensación que se confiesa internamente, pero se calla hacia fuera. Algunos comienzan a admitir la posibilidad de que Romero someta a un largo desgaste a quienes pretenden sucederle para luego emerger como el único garante de la continuidad de lo que, esos propios dirigentes, llaman “su proyecto”.

El senador nacional López Arias acaba de decir al semanario “Crónica del NOA” que, en caso que Romero se postule para un nuevo mandato (2007-2011) “yo no dudaré en mantener el apoyo de siempre al gobernador”. López Arias dijo que Romero será prescindente en la lucha interna, aunque el gobernador acaba de asegurarse que a partir del 2007 mantendrá las riendas del partido, el que preside desde hace más de 15 años. “Romero le reclama a Kirchner la normalización, la apertura y la democratización del PJ nacional y, al mismo tiempo, mantiene cerrado el PJ de Salta, elige ‘a dedo” su conducción y ejerce una autoracia personal vitalicia”, asegura un dirigente del Partido de la Victoria (kirchnerista).

El gobernador de Salta volvió a cargar contra la parálisis del PJ nacional. Lo hizo la semana pasada en “Ámbito Financiero”, a propósito de la violencia durante el acto en San Vicente “El Partido no pudo elaborar un elemental comunicado pidiendo disculpas a la sociedad por lo ocurrido”, anotó en una crítica directa a la “inexistencia de autoridades del Partido Justicialista”.

Sus críticos en Salta respondieron: el 17 de octubre ni siquiera encendieron las luces de la sede del PJ de Salta para recordar del Día de la Lealtad. El semanario “Cuarto Poder”, vocero oficioso del gobierno, dijo que hay que recordar también que en Salta hubo graves hechos de violencia, como la represión policial a los docentes en huelga el 1 de abril de 2005.

La ola de las reeleccciones

Las pintadas “Re Romero 2007” fueron dibujadas durante la madrugada del jueves 19, cuando Wayar dijo que no admitiría cogobierrno y que, en caso de ser gobernador, asumiría en plenitud el liderazgo político. La historia política del peronismo, dentro y fuera de la provincia, señala lo contrario: que es difícil, y hasta imposible, gobernar cuando están separadas las cabezas del gobierno y del partido.

A las pintadas pidiendo una virtual reelección indefinida, se sumaron las voces de varios dirigentes cercanos al gobernador que sacaron del anonimato tal propósito. Uno de ellos fue el presidente del Concejo Deliberante, Jorge Vidal Casas. Después de tomar distancia de Wayar, su antiguo jefe, dijo que el candidato a gobernador debía ser Romero.

Si se reabriera la vía de la reelección, el kichnerismo salteño no podrá –tal como lo hizo en agosto de 2003- criticar a Romero. No lo podrá hacer, dicen, no sólo por el público apoyo de Kirchner a las reelecciones indefinidas, como la que pretende el gobernador Rovira de Misiones sino por el precedente del propio Kirchner cuando gobernó Santa Cruz.

Pero por una vez, en este punto, Romero coincide con Kirchner en el propósito de la reelección indefinda, una ola en la que cabalgan sus colegas José Alperovich, de Tucumán; Eduardo Fellner, de Jujuy y a la que intentará treparse esta semana el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá.

A fines de julio pasado el ex ministro de Economía Roberto Lavagna dijo: “Yo asimilaría a una traición a la patria todo el mecanismo que busca la reelección indefinida. Poco antes, el diario “La Nación” editorializó sobre “El vicio reeleccionista”. Una cita de Juan Bautista Alberdi resumía la opinión de ese diario: la reelección desnaturaliza el gobierno republicano porque introduce en él “algo del gobierno monárquico”, como “la perpetuidad del poder en manos del mismo gobernante”.
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