El Milagro
Señor del Milagro
Señor del Milagro
Desde el puerto del Callao (Perú) se divisaron en junio de 1592 dos cajones flotando sobre las aguas. Traídos a tierra, se observó en uno de ellos la siguiente inscripción marcada a fuego: "Una Virgen del Rosario para el Convento de Predicadores de la ciudad de Córdoba". En el otro había esta leyenda: "Un Cristo Crucificado para la Iglesia Matriz de la Ciudad de Salta".

Se había dejado constancia en ambos cajones que las imágenes las remitía el Obispo del Tucumán don Francisco de Victoria. Nunca se supo cuándo ni en qué navío fueron embarcadas las imágenes en España, ni la época en que atravesaron el istmo de Panamá, ni la embarcación que las trasladó por el Océano Pacífico hasta las costas del Peru.

En conocimiento del arribo de los mencionados cajones, el Virrey se trasladó de Lima al Callao y el 20 de junio de 1592, ante el fervor y la expectativa de todos los presentes, se abrieron los cajones, apareciendo su valioso contenido. Las Imágenes fueron conducidas a Lima, donde se las veneró durante varios días. Desde un comienzo se decidió respetar la voluntad del donante, el Obispo Victoria. Así fue como se dispuso formar una caravana para que las condujera hasta la ciudad de Salta, a cuyas autoridades se anticipó la grata nueva.

Militares, civiles e indígenas, todos unidos en la misma fe, emprendieron la marcha. El transporte común de la época, era el animal mular, pero como los cajones contenían una preciosa carga, se resolvió llevarlos sobre los hombros de los integrantes de la caravana. Centenares de leguas se recorrió de esta manera. Los pobladores de Salta organizaron a su vez otra caravana y fueron al encuentro de la que conducía las imágenes. Y en setiembre de 1592, en hombros de peruanos, altoperueanos -que se unieron en el trayecto- y salteños, arribaron las dos Imágenes a la ciudad de Salta.

Días más tarde la Imagen de la Virgen del Rosario fue conducida a la ciudad de Córdoba, con lo cual se daba fiel e integral cumplimiento a la voluntad del Obispo Victoria.

Cuando en los inventarios se detallan las Imágenes, con respecto a la Virgen se dice: "Item, la imagen de Nuestra Sra. del Milagro". Luego habla de: "Un Santo Cristo de Cuerpo entero que está en el Altar de las Animas" (Inventario de 1697). Fuera de esta suerte de noticias inventarias, ningún otro papel escrito alude -repetimos- a la existencia y procedencia de la mencionada Imagen del Crucificado.

Así puede decirse tranquilamente que el pueblo de Salta no le ha dado hasta 1692 ninguna importancia especial. Respecto a la segunda afirmación, o sea que el pueblo de Salta conocía por tradición el origen del Santo Cristo, lo vamos a probar ampliamente en los párrafos siguientes: La narración autentica de los temblores que ocasionaron la ruina de la ciudad de Esteco, y de los portentosos milagros que con ocasión de estos mismos terremotos tuvieron lugar en Salta, en la Iglesia Matriz, realizados a favor de este pueblo de Salta, por las sagradas Imágenes del Señor Crucificado y la Purísima Virgen del Milagro, consta de informaciones fidedignas.

Al cuarto día de los temblores, el 13 de setiembre de 1692, fueron los grandes terremotos que desplomaron los edificios y templos de la ciudad de Esteco, una de la más comerciales del Tucumán, pereciendo las familias bajo sus escombros, y luego sumergidas las ruinas por la inundación del torrentoso río de Las Piedras, que, desbordado de su cauce, se derramó sobre la población arruinada, convirtiendo sus ruinas en un lago que permaneció más de ocho años.

Las familias que se salvaron se dirigieron a Jujuy, porque en Salta seguían los temblores, entre ellas las de Sarasivar, Almirón, etcétera. Hoy el territorio de la ciudad de Esteco es una montaña impenetrable, que sólo le pueden designar al viajero y a revelar su existencia algunos promontorios de tierra cubiertos ya por exuberante vegetación.

Los mismos terremotos y con igual o mayor intensidad se sintieron en Salta, por la razón y causas geológicas de estar situada sobre los planos de la cordillera de los Andes. Pero los salteños, que imploraron desde luego el auxilio de Dios omnipotente, que rige y gobierna los elementos y la naturaleza en todas sus leyes físicas y las subordina a su voluntad, y con el auxilio de la Purísima Virgen, no tardaron en recibir la protección que solicitaban por medio de los asombrosos prodigios del Señor Crucificado del Milagro, cuya efigie se veneraba en la Iglesia Matriz de Salta; regalo que el ilustrísimo Obispo Victoria había hecho a esta Iglesia, la que desde aquellos tiempos fue conocida y venerada por sus habitantes, cuyos milagros avivaban la devoción de los fieles.

Toda la historia del Milagro tiene como escenario al antigua Iglesia Matriz, junto al Cementerio (actual Palacio Arzobispal), hasta que la misma cayó por tierra más o menos en 1780. Los Párrocos y Vicarios pidieron al gobierno colonial la Iglesia de los expulsados Jesuitas, que estuvo en la esquina a las actuales calles Caseros y Mitre para Parroquia, previo alargar siete varas la nave de la capilla jesuítica y dotándola de un nuevo frente. A este último templo se trasladaron las Santas Imágenes, y aquí mismo se instaló la primera Catedral, tomando posesión de ella el Señor Obispo Videla del Pino. Aquí siguieron recibiendo el culto tradicional; y también ocurrieron los terremotos de 1844.

Después, el gobierno y el Dr. Isidro Fernández promovieron la erección de la nueva Catedral en 1858, sobre la calle España, quedando la primitiva Catedral como Capilla de la Hijas de María y sus habitaciones contiguas como Curia y oficinas del Obispado hasta la construcción de la actual, ahora de estilo colonial y antes de estilo gótico. Fue su constructor el ingeniero Solá. como testimonio de gratitud por los milagros ocurridos en los terremotos del 13 de setiembre de 1692, la festividad del Señor y la Virgen del Milagro se solemniza desde entonces como fiestas mandadas observar anualmente. Juraron solemnemente celebrarlas el Cabildo, Justicia y Regimiento, gobernadores de las provincias del Tucumán, Obispos, clero secular y regular y todo el pueblo de Salta. Hasta hoy su festividad es de las más solemnes, concurriendo sus fieles en gran número, aún de los departamentos más distantes de la Provincia y de otros puntos del país, a cumplir promesas y a rendir culto a tan portentosas Imágenes, y asistir a la procesión pública, la más célebre que se conoce en la República.

Tanta piedad de salteños y peregrinos indujo al ilustrísimo Obispo Linares a solicitar de Roma la solemne coronación de la Imágenes. En 1902, con presencia de las autoridades de la Provincia y altos dignatarios de la Iglesia, fueron coronadas el 13 de setiembre. La Catedral fue enriqueciendo su ornamentación, hasta que el primer Arzobispo de Salta, Monseñor Roberto J. Tavella, promovió su total y magnífica decoración. Con motivo de la visita a Roma del mismo Prelado, y a su solicitud, la Santa Sede otorgó al Santuario Catedral del Milagro el título de Basílica Menor, en 1939. Mons. Carlos Mariano Pérez animó e impulsó de 1964 a 1984, permanentemente como II Arzobispo de Salta, el culto del Milagro. En 1979 la Virgen del Milagro visitó toda la provincia. El 30 de Marzo de 1984 asume, como III Arzobispo, Mons. Moisés Julio Blanchoud. En 1987, el 7 y 8 de abril, S.S. Juan Pablo II, visitó la Arquidiócesis de Salta y su Catedral y veneró las Sagradas Imágenes. El 4 de junio de 1988 se constituye al Santuario como Vicaría Episcopal por mandato de S.E. Mons. Moisés Julio Blanchoud, y se nombra primer Vicario al Cngo. Alberto Julio Abram. En 1992, IV Centenario de la llegada del Santo Cristo, se inaugura la nueva Casa Catedrálica, el Museo de la Catedral "Mons. Carlos M. Pérez" y el Altar de la Cruz Primitiva.
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