Día Octavo
Señor del Milagro
Señor del Milagro
Hecho el acto de contrición, como al principio y la oración preparatoria, y rezadas las tres Avemarías, se dirá la siguiente

¡Oh, Bien supremo, yo soy este miserable que he huido de Vos, renunciando a vuestro amor! Por esto solo, indigno debiera ser de veros y de amaros. Mas también Vos sois Aquel que por piedad de mí no la tuvisteis de Vos mismo, y quisisteis morir de dolor y cubierto de infamia en una Cruz. Vuestra muerte me hace, pues, esperar que un día podré yo veros y gozar de vuestra presencia, amándoos con todas mis fuerzas.

Mas ahora que estoy en continuo peligro de perderos para siempre, y que ya os había perdido por mis pecados, ¿qué haré durante el resto de mi vida? ¿Continuaré en ofenderos? No, Jesús mío, yo detesto sobremanera los ultrajes que os he hecho, contrito estoy de haberos ofendido, y os amo de todo corazón. ¿Desecharíais Vos un alma que se arrepiente y que os ama?.

No. Yo sé que habéis dicho, Redentor mío, que no sabéis rechazar a los que se arrojan a vuestros pies arrepentidos: Aquel que a mí viene, no le echaré fuera. ¡Oh, Jesús mío, todo lo abandono y me convierto a Vos!. Os abrazo y os estrecho contra mi corazón; dignaos Vos abrazarme y estrecharme en el vuestro.

Si me atrevo a hablaros así, es porque me dirijo a la bondad infinita, y porque hablo a un Dios que ha querido morir por mi amor. ¡Oh, Salvador mío, dadme la esperanza en vuestro amor!. ¡Oh María, querida Madre mía os lo suplico por el amor que tenéis a Jesucristo, alcanzadme la perseverancia! Así lo espero y así sea.

Dulcísimo Señor del Milagro, perdonad mis pecados y librad, por vuestra misericordia, a la ciudad de Salta de todo castigo. Concedednos esta gracia, por intercesión de nuestra Protectora, vuestra dulcísima Madre, la Inmaculada Virgen del Milagro. AMÉN

Atributos de María

Fuente de Aguas Vivas

Purísima Virgen del Milagro, María, Madre admirable, milagro de la gracia, el octavo atributo que simboliza vuestra original pureza, es el ser Fuente de Aguas. Concededme, Madre mía, el que, cual sediento ciervo que busca las aguas, corra yo a beber de aquellas cinco fuentes que por mí derramó mi dulce Jesús en el madero santo de la Cruz, para que, atraído de las dulzuras que comunican aquellas santísimas llagas, lave yo en aquellas purísimas aguas las muchas manchas con que he afeado mi alma, para que, cuando venga mi Señor a juzgarme y aparezca en el Cielo aquel madero santo de la Cruz, llore lágrimas de consuelo al ver que, aunque desprecié las fuentes de aguas vivas, la Cruz fue la llave que me abrió las puertas de la gloria. AMÉN

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