Textos rescatados

Glotonería de Sarmiento

Un año después lo vi y oí en otro escenario, y se manifestó bajo otro aspecto distinto, pero igualmente típico de la personalidad que desconcertaba con sus múltiples facetas.

El literato italiano argentinizado señor Scotto dio una recepción en su casa en honor a su compatriota el poeta dramático Marenco. Entre los invitados había hombres de letras; viejos y jóvenes. Estaba Sarmiento que, naturalmente, tenía el sitio de preferencia junto al obsequiado. Se recitaron poesías, entre ellas la composición muy en boga entonces: "La mujer" de Olegario Andrade.

El ilustre huésped no hablaba español, pero demostró entenderlo, porque repitió en italiano algunos endecasílabos de la mencionada composición que resultaban también endecasílabos traducidos literalmente; así el verso final quedaba perfecto vertido en esta forma: "La figlia d’una lacrima de Dios".

Sarmiento habló con gravedad tratando el tema de la poesía americana, de la que hizo una breve síntesis. Remató con un elogio muy parsimonioso, y con muchas reservas, del lirismo objetivo de Andrade, que él calificó de poesía sociológica, interpretativa del nuevo espíritu que se diseña en el Nuevo Mundo.

Después pasamos al comedor, donde la concurrencia se fraccionó en diversos grupos. El de la gente más seria se formó alrededor del poeta italiano; otro estaba pendiente de la palabra vivaz, en disertación erudita sobre literatura, del doctor Luis F. Varela. La mayoría rodeó la mesa, y Sarmiento se quedó allí con los muchachos; y allí pudimos observarlo y sentirlo en sus desbordes de humanidad exuberante y casi brutal.

Tomaba a dos manos de la fuente de masas y alfajores, y a dos manos las metía en la boca, con actitudes de Pantagruel, deliberadamente ostentadas, según me pareció, con el objeto de dar la impresión de fuerza y de vitalidad poderosa. Esta presunción se confirma por la concordancia que él hacía resaltar entre su glotonería de ogro con la disertación, relampagueante de apóstrofes, que hizo allí contra la juventud, a propósito precisamente de la diversa manera de atacar el ambigú. Los jóvenes lo hicimos guardando medida, y él en forma deliberadamente excesiva.

Mientras masticaba y bebía de un modo casi escenográfico, nos ametralló con sátiras de grueso calibre a los jóvenes, haciendo la comparación entre él y nosotros, en términos de una formidable y áspera elocuencia. Nos dijo muchas verdades a las que entonces yo no di ninguna importancia. Mis compañeros y yo las imputamos al inciso inacabable de lo que en esa época se llamaba "las cosas de Sarmiento".

Más tarde, recordándolas a propósito de hechos y circunstancias a que resultaban rigurosamente aplicables, me convencí que aquellas cosas del loco Sarmiento son las más cuerdas y sabias de todas las que he oído en mi vida.

Aquello fue durante media hora un torbellino de burlas y de interrogaciones a las que no esperaba respuesta, y que él mismo se las respondía entre risotadas, interpretando a su modo lo que suponía que los jóvenes podían contestarle en excusa a la debilidad y fallas que nos señalaba, y todo entremezclado con reflexiones de profunda filosofía práctica, que entre salidas criollas hacían pensar que nos hablaba el espíritu de Juvenal y de Marco Aurelio, por boca del Viejo Vizcacha.

Diríase que en esa media hora la generación a que pertenecíamos los jóvenes allí presentes, y las sucesivas, incluyendo a las actuales, habían sido llamadas a una imprevista absolución de posiciones ante un juez burlón, pero justiciero, que nos procesaba y condenaba a la pena de reconocer que colectivamente merecíamos la crueldad de sus inventivas.

- Ustedes –nos decía- son refinados; toman las masas con las puntas de los dedos o con tenacitas y beben el champagne por gorgoritos; además son delicados de estómago; no pueden comer ahora que son las doce de la noche, porque todavía no han digerido la cena de las ocho; no pueden beber más que una copita de vino sin marearse; todos ustedes tienen cara y cuerpo de nerviosos; son blancos y rosaditos como niñas; saben vestirse bien y los más aptos componen lindos versos. Pero, ¿cuántos de ustedes saben andar a caballo? ¿Cuántos han cruzado cincuenta leguas del desierto? ¿Cuántos conocen siquiera la mitad del país? ¿Cuántos han aprendido la geografía argentina igual que la geografía europea? ¿Cuántos saben historia nacional? ¿Qué han leído ustedes de Sarmiento?

Y aquí un magnífico examen de sus principales libros clasificados a vuelo de águila. Y luego, en contraposición a nuestra vida artificial, a nuestros sibaritismos intelectuales, nos presentó el ejemplo de su existencia batida sobre todos los yunques del trabajo, golpeadas por todas las corrientes de la vida, asada como un buen matambre en los fogones de campaña, dorada por el sol desde el alba hasta el cenit; agregó

-Yo estoy siempre en el cenit; mi madurez es más joven que vuestra mocedad. Y nos demostró la realidad de tal afirmación confrontando nuestra mínima labor de estudiantes con sus faenas de coloso.

Extendiéndose sobre este tema, y a modo de resumen, nos refirió la conocida incidencia parlamentaria con el doctor Quintana, quien comparó con el vaso de agua limpia y clara asentado en su pupitre, mientras él era como el torrente de la montaña, y repitió más o menos la soberbia descripción de su vida accidentada y fecunda como los ríos que pasan fertilizando la tierra...

eXTReMe Tracker