Salteños destacados
Dr. César Rolando Fortuny
Dr. César Rolando Fortuny
Nuestra nueva sección "Salteños notables en el extranjero" se inaugura con una entrevista realizada en Madrid al doctor César Rolando Fortuny, destacado médico salteño que vive en el viejo continente desde hace nada menos que tres décadas. Fortuny nos concedió la entrevista con su cordialidad de siempre y, como es habitual en él, ajustó al milímetro todos los detalles del encuentro: la hora, el lugar, el tiempo y hasta la comida que compartimos durante dos horas y media en un elegantísimo restaurante del barrio de Salamanca de Madrid.

Un poco antes de la hora señalada, el doctor Fortuny acude a la cita. Impecablemente vestido con blazer azul, Fortuny se encarga de guiar nuestros pasos por esas calles cercanas al Parque del Retiro. Nuestra primera escala es, precisamente, "La Escala", un pequeño bar en la calle de Narváez en donde coordinamos los siguientes movimientos: una sesión de fotos en su barrio y un almuerzo en Viva Wok, uno de los sitios de comida oriental de moda en Madrid.

Cuéntanos sobre tus orígenes. ¿Cómo era tu familia en Salta?

Nací en Salta el 28 de septiembre de 1947, en el seno de una familia de clase media. Mi familia vivía en la calle Caseros 213 y en aquella casa nací yo y todos mis hermanos. Mi nombre completo es César Rolando Fortuny Vázquez. Soy hijo de Juan Fortuny y de Dolores Vázquez, que ya fallecieron. Mi padre trabajaba en la finca de La Troja, que era propiedad de don Miguel Fleming. Más tarde esta finca sería adquirida por mi tío Cristino Ibáñez. Mi padre desarrolló casi toda su vida laboral viajando de Salta a La Troja. A esta finca se llegaba por el camino a La Quesera, pasando por El Chamical y La Aguadita.

Mi madre era una señora de sus labores domésticas. Junto con mi padre formó una familia cuya descendencia integramos cuatro hermanos: Leticia, la mayor, nacida en 1941, luego Silvia, nacida en 1946, yo, que nací en 1947, como dije, y mi hermano Antonio en 1951.

¿Qué recuerdos tienes de tu escuela primaria?

Estudié la primaria en la Escuela Urquiza de Salta. Entre las maestras que dejaron una huella importante en mi, recuerdo especialmente a mi señorita de cuarto grado, María Angélica Lérida. Fue una persona que me marcó muchísimo, por su forma de enseñar y porque tenía un cariño muy grande hacia mi persona, un poco debido a que era un buen estudiante. Me sacaba a izar la bandera cuando correspondía al curso. También recuerdo muchísimo a la vicedirectora de la escuela, la señorita María Antonia Figueroa, que fue una docente de primera.

Entre los acontecimientos escolares, recuerdo también con mucho cariño la Fiesta de Chile que nuestra escuela celebraba en septiembre y la emoción de aparecer en el Cuadro de Honor de la Escuela Urquiza.

¿Qué recuerdas de tu paso por el secundario?

Al terminar la primaria pasé al Colegio Nacional de Salta. Los recuerdos más importantes que tengo están relacionados con mis buenos resultados académicos, ya que durante todos los años me eximí en todas las asignaturas. La eximición era entonces con 7. Recuerdo especialmente también a mi profesor de Historia de primer año, el doctor Gustavo Leguizamón, que nos hizo aprender muy bien la definición de lo que es la Historia. Recuerdo que ponía mucho empeño en que aprendiésemos la definición del libro de Astolfi que decía que "la Historia es la investigación y la relación metódica de los hechos del pasado que influyeron sobre los destinos de la humanidad" (N. de la R.: Fortuny enuncia esta definición, de memoria, fluidamente y sin ayudas). Éso era lo primero que quería que aprendiésemos y de esa forma todavía me lo acuerdo.

Dr. Fortuny en la calle de ODonnell
Dr. Fortuny en la calle de ODonnell
Luego, entre mis otros profesores, estaba el profesor Coll Arias, que nos enseñaba inglés. Lo recuerdo también con mucho cariño porque era una excelente persona.

Más adelante recuerdo del Colegio Nacional que, estando en quinto año, mi familia no tenía medios económicos para que yo siguiera estudiando en la universidad. Pero unos días antes de terminar el quinto año, vinieron al colegio unos señores de la Cooperativa de Crédito Salta repartiendo una solicitud para quien deseara una beca. Me acuerdo que poca gente le hizo caso al reparto de la solicitud. Pero yo la rellené y el día de la colación de grados, el día de la fiesta de egresados, para mi sorpresa, subieron al estrado unos señores que anunciaron que había ganado la beca.

Entonces pudiste iniciar tus estudios universitarios...

Sí. Me matriculé en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tucumán. La beca que había obtenido era para toda la carrera. Una de las cláusulas que ponían era que debía hacer la carrera año a año, de modo que si tenía un tropiezo algún año, perdía la beca. Incluso la perdía si me tocaba hacer el servicio militar. Esta beca fue un hito importante en mi vida y no menos importante fue haberme eximido de cumplir con el servicio militar. En el sorteo tuve un número bajo, el 158, y entonces pude continuar la carrera. Hice la carrera año a año, como me pedían. Sin aquella ayuda hubiera sido imposible estudiar, porque en mi casa durante esos siete años tampoco la economía mejoró como para permitirme estudiar sin la beca.

Estando en quinto año de la carrera, ocurrió otra cosa importantísima en mi vida de estudiante: fue haber ido a vivir con mi amigo del alma Ramiro Caro, a la FOTIA. Porque a pesar de que estaba en quinto año y faltando dos años más, yo sabía que la beca era una ayuda de la que podría llegar a prescindir porque tenía un amigo. Por supuesto, continué con la beca, pero ya con la satisfacción de saber que mi amigo me bancaba si yo llegaba a perderla. Estas son cosas importantes para valorar lo que es la amistad con este personaje que es Ramiro.

¿Cuántos años viviste con Ramiro?

Viví tres años. Ramiro también estudiaba Medicina. En 1972 yo había terminado de cursar la carrera año a año y me quedaban diez asignaturas para obtener mi título. Pero en 1973 decidimos con Ramiro irnos a Buenos Aires. Nos fuimos el 2 de mayo de 1973, porque el padre de Ramiro juraba al día siguiente como senador en el Congreso Nacional. Éstas son cosas importantes en mi vida.

Nos instalamos en la calle French 2377 y me acuerdo de que el senador Caro nos mandaba a hacer la compra de la vajilla porque no teníamos ni platos ni nada. Allí estuve seis meses. En noviembre de 1973 decidí volver a Tucumán para rendir las diez asignaturas que me faltaban. En mayo de 1974 terminé la carrera y volví a Buenos Aires inmediatamente.

El 15 de junio de 1974 ocurrió otra cosa, pero esta vez penosa. Murió mi madre. Entonces regresé a Salta con el billete de avión que me dejó otro entrañable amigo salteño.

Mi mamá tenía 57 años cuando falleció. Murió repentinamente y cuando yo volví a Salta ya había fallecido. Desde ese entonces para aquí, hasta el día de hoy, guardé mis sentimientos en una coraza.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en la profesión de médico?

En aquel año 1974 ejercí poco en Salta. Al año siguiente me trasladé a Tucumán. Allí me nombraron médico del ingenio Santa Lucía, que era un lugar que estaba en el ojo del huracán de la guerrilla del llamado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Allí padecí una noche que esta gente, en el sitio en el que yo cenaba, irrumpiera cortando las comunicaciones por teléfono, pero sin hacer ningún tipo de violencia, y nos invitara a la plaza porque iban a dar una acto. Ellos estaban en Las Mesadas, que está un poco más hacia el interior de Santa Lucía.

Dr. Fortuny en la calle Duque de Sesto
Dr. Fortuny en la calle Duque de Sesto
El 9 de febrero de 1975, el Operativo Independencia llegó a Santa Lucía. El comandante de aquel operativo, general Vilas, se instaló en el pueblo y preguntó si había médico. Estábamos el doctor Mónaco y yo, pero sin contrato. El que nos habían hecho ya estaba vencido y, aunque no nos lo renovaban, nos obligaban a seguir yendo. Nos preguntó por qué no se nos había hecho contrato. Le contestamos que no sabíamos por qué. Aquello le costó la cabeza al ministro de Sanidad que había en esa época en Tucumán, que era Del Río. El general Vilas llamó en ese mismo momento por un teléfono de campaña y ordenó aquel cese.

A raíz de esto, el Ministerio de Sanidad, para salvarse, escribió en el diario Noticias "dos médicos de Santa Lucía hacen abandono de su puesto de trabajo". Eso no era cierto. Nos obligó a sacar una solicitada en La Gaceta diciendo cuál era nuestra verdadera situación. Luego, tras de ese episodio, vuelvo a Salta y me nombran médico de Higiene Social, cargo del que -luego del golpe de Estado de 1976- me cesaron.

Luego, llegado julio de 1976, tras la incertidumbre que sucedió al golpe, decidí, a través de una beca que gestioné en el Instituto de Cultura Hispánica, venir a España porque sentía mis horizontes completamente cerrados en Salta. Entonces me embarqué a Madrid.


¿Viniste a España a perfeccionar tu formación?

Sí. Como te decía, el Instituto de Cultura Hispánica me otorgó una beca para realizar estudios en la especialidad de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Al frente del postgrado, uno de los más importantes de España, estaba el profesor don José Botella Llusía, de quien me considero, modestamente, discípulo. Nada más llegar a España me instalé en Alcalá de Henares, en donde también trabajé haciendo guardias hasta mayo de 1977. Al mes siguiente decidí irme a Gijón y también para el verano me contrataron en el Hospital de Jove para hacer cirugía.

Permanecí en Asturias hasta finales de 1977 y después de aquella experiencia en el norte de España instalé mi consulta privada en Arganda del Rey, a treinta kilómetros de Madrid capital. Elegí Arganda porque era ya entonces una ciudad pujante, con mucho movimiento y en plena reconversión productiva. Mi consulta privada evolucionó bien hasta el punto de que en 1985, junto con otros compañeros, fundé el Centro Médico Familiar, en el que trabajo actualmente.

Cinco años antes, en octubre de 1980 más concretamente, doy un examen de antecedentes y oposición para ser médico de la Seguridad Social española. Lo gané y, desde diciembre de 1980 hasta la fecha, soy también médico ginecólogo del Centro de Especialidades Hermanos García Noblejas de Madrid.

Por estas épocas también formaste tu familia...

Dr. César R. Fortuny y señora
Dr. César R. Fortuny y señora
Efectivamente. En 1979 me casé con María Victoria Martín, española, y nació nuestra primera hija, Adriana. Más tarde, en 1982, nació María Eugenia y en 1989, Lucía. Vivimos un tiempo en Arganda del Rey, pero desde hace unos veinte años que vivimos en Madrid, en donde mi mujer y mis hijas trabajan, estudian y desarrollan sus actividades.

¿En qué año regresaste por primera vez a la Argentina y qué recuerdos tienes de aquella experiencia?

Regresé a Argentina después de 12 años, en julio de 1988. Como te dije al principio, yo escondí mis sentimientos durante todo este tiempo. Al regresar ví a una Argentina en un estado paupérrimo. Todo ello influyó para que me limitara a estar con la familia. Todavía vivía mi padre y tuve la ocasión de conocer a mis sobrinos. Pero no fue una sensación grata el volver en la situación en la que estaba Argentina en aquellos momentos, unido al hecho de que no quería abrir mis sentimientos, por que no sé lo que hubiera pasado.

Mi segundo regreso se produjo en 1993. Esta vez lo pasé mejor en Salta; conecté con mis amigos y con mi familia. Pero en cada regreso se repite un poco de lo mismo: mis sentimientos permanecen blindados. Por eso es que hasta el día de hoy no he ido al cementerio a ver dónde están mi madre, ni mi padre ni mi hermano. Y no pienso hacerlo nunca porque a ellos los recuerdo en vida, no a través de una sepultura.

¿Cómo ha ido evolucionando durante todo este tiempo tu relación con Salta?

Para mejor. Algunas cosas todavía me cuestan mucho, como por ejemplo volver a caminar por las calles del Barrio Libertador. Allí vivimos desde que estaba en cuarto año del bachillerato hasta que me fui a Tucumán. Tengo recuerdos inolvidables del tiempo de vacaciones, por ejemplo. Vendimos esa casa, pero para mi el barrio sigue siendo un lugar muy entrañable. Ahora, cada vez que vuelvo, me instalo en un hotel, me relaciono con mis amigos, mi familia y poco más. Pero voy comprendiendo, quizá por los años, que es necesario hacer aflorar de algún modo aquellos sentimientos que han permanecido ocultos por más de treinta años.

Hasta hoy, en cada viaje a Salta me asaltaba la sensación de querer volverme al cuarto día. Una sensación contradictoria, pues ahora mismo estoy desesperado por ir y sé que cuando llegue a Salta pasarán unos días y estaré deseando volver a Madrid. Sin embargo, este año ocurrirá algo especial: quiero pasar la Navidad en Salta con mis dos hermanas. Mi mujer y mis hijas se quedarán aquí, entre otras cosas porque Mariví también quiere pasar con sus padres. Su padre es una persona mayor. Será una buena ocasión para dar rienda suelta a las emociones y averiguar si puedo seguir viviendo sin la opresión de los sentimientos que padezco ahora.

¿Tienes planes de volver a vivir algún día a Salta?

No. Éste es un tema que tengo ya resuelto. Porque aquí formé mi familia y no me gustaría separarme de mis hijas si me voy, porque ellas seguramente decidirían quedarse aquí. Es comprensible: se han formado para este mundo, aquí tienen sus relaciones y yo entiendo perfectamente que estén planificando su vida futura aquí sin contar con la posibilidad de vivir en Salta. Con mi mujer pasa otro tanto de lo mismo. A ella tampoco le atrae mucho la idea. Ella es de aquí. Pero a veces pensamos en la jubilación y nos hace ilusión soñar con vivir una parte del tiempo aquí y otra en la Argentina.

El doctor César Fortuny falleció en la ciudad de Salta el 28 de septiembre de 2011. Tenía 64 años de edad.
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