Salteños destacados
¿Viniste a España a perfeccionar tu formación?

Sí. Como te decía, el Instituto de Cultura Hispánica me otorgó una beca para realizar estudios en la especialidad de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Al frente del postgrado, uno de los más importantes de España, estaba el profesor don José Botella Llusía, de quien me considero, modestamente, discípulo. Nada más llegar a España me instalé en Alcalá de Henares, en donde también trabajé haciendo guardias hasta mayo de 1977. Al mes siguiente decidí irme a Gijón y también para el verano me contrataron en el Hospital de Jove para hacer cirugía.

Permanecí en Asturias hasta finales de 1977 y después de aquella experiencia en el norte de España instalé mi consulta privada en Arganda del Rey, a treinta kilómetros de Madrid capital. Elegí Arganda porque era ya entonces una ciudad pujante, con mucho movimiento y en plena reconversión productiva. Mi consulta privada evolucionó bien hasta el punto de que en 1985, junto con otros compañeros, fundé el Centro Médico Familiar, en el que trabajo actualmente.

Cinco años antes, en octubre de 1980 más concretamente, doy un examen de antecedentes y oposición para ser médico de la Seguridad Social española. Lo gané y, desde diciembre de 1980 hasta la fecha, soy también médico ginecólogo del Centro de Especialidades Hermanos García Noblejas de Madrid.

Por estas épocas también formaste tu familia...

Dr. César R. Fortuny y señora
Dr. César R. Fortuny y señora
Efectivamente. En 1979 me casé con María Victoria Martín, española, y nació nuestra primera hija, Adriana. Más tarde, en 1982, nació María Eugenia y en 1989, Lucía. Vivimos un tiempo en Arganda del Rey, pero desde hace unos veinte años que vivimos en Madrid, en donde mi mujer y mis hijas trabajan, estudian y desarrollan sus actividades.

¿En qué año regresaste por primera vez a la Argentina y qué recuerdos tienes de aquella experiencia?

Regresé a Argentina después de 12 años, en julio de 1988. Como te dije al principio, yo escondí mis sentimientos durante todo este tiempo. Al regresar ví a una Argentina en un estado paupérrimo. Todo ello influyó para que me limitara a estar con la familia. Todavía vivía mi padre y tuve la ocasión de conocer a mis sobrinos. Pero no fue una sensación grata el volver en la situación en la que estaba Argentina en aquellos momentos, unido al hecho de que no quería abrir mis sentimientos, por que no sé lo que hubiera pasado.

Mi segundo regreso se produjo en 1993. Esta vez lo pasé mejor en Salta; conecté con mis amigos y con mi familia. Pero en cada regreso se repite un poco de lo mismo: mis sentimientos permanecen blindados. Por eso es que hasta el día de hoy no he ido al cementerio a ver dónde están mi madre, ni mi padre ni mi hermano. Y no pienso hacerlo nunca porque a ellos los recuerdo en vida, no a través de una sepultura.

¿Cómo ha ido evolucionando durante todo este tiempo tu relación con Salta?

Para mejor. Algunas cosas todavía me cuestan mucho, como por ejemplo volver a caminar por las calles del Barrio Libertador. Allí vivimos desde que estaba en cuarto año del bachillerato hasta que me fui a Tucumán. Tengo recuerdos inolvidables del tiempo de vacaciones, por ejemplo. Vendimos esa casa, pero para mi el barrio sigue siendo un lugar muy entrañable. Ahora, cada vez que vuelvo, me instalo en un hotel, me relaciono con mis amigos, mi familia y poco más. Pero voy comprendiendo, quizá por los años, que es necesario hacer aflorar de algún modo aquellos sentimientos que han permanecido ocultos por más de treinta años.

Hasta hoy, en cada viaje a Salta me asaltaba la sensación de querer volverme al cuarto día. Una sensación contradictoria, pues ahora mismo estoy desesperado por ir y sé que cuando llegue a Salta pasarán unos días y estaré deseando volver a Madrid. Sin embargo, este año ocurrirá algo especial: quiero pasar la Navidad en Salta con mis dos hermanas. Mi mujer y mis hijas se quedarán aquí, entre otras cosas porque Mariví también quiere pasar con sus padres. Su padre es una persona mayor. Será una buena ocasión para dar rienda suelta a las emociones y averiguar si puedo seguir viviendo sin la opresión de los sentimientos que padezco ahora.

¿Tienes planes de volver a vivir algún día a Salta?

No. Éste es un tema que tengo ya resuelto. Porque aquí formé mi familia y no me gustaría separarme de mis hijas si me voy, porque ellas seguramente decidirían quedarse aquí. Es comprensible: se han formado para este mundo, aquí tienen sus relaciones y yo entiendo perfectamente que estén planificando su vida futura aquí sin contar con la posibilidad de vivir en Salta. Con mi mujer pasa otro tanto de lo mismo. A ella tampoco le atrae mucho la idea. Ella es de aquí. Pero a veces pensamos en la jubilación y nos hace ilusión soñar con vivir una parte del tiempo aquí y otra en la Argentina.

El doctor César Fortuny falleció en la ciudad de Salta el 28 de septiembre de 2011. Tenía 64 años de edad.
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