Salta en el mundo
Bikabira
Bikabira
A veces me pregunto cuántos de nuestros jóvenes mediáticos -entre políticos y comunicadores- habrán conocido a Luisito Plaza y a otros popes del periodismo deportivo de Salta como Pepe Mangione, Siri Corvalán, Martín García, Luis Salcedo o Antenor Diez Arias.

Cada vez que dirijo la mirada sobre el variopinto mundo de la comunicación deportiva en Salta me asalta la duda y deseo s poqué razón los jóvenes cultores de este oficio hoy prefieren parecerse a Gonzalo Bonadeo, a Alejandro Fantino o a Mariano Clos en vez de mirarse en el espejo de aquellos entusiastas del micrófono y de la pluma, que lograron hacer del deporte de Salta algo próximo, ameno y compatible con la sencillez humana.

Cuando la necesidad estética me impulsa a ver jugar a Leo Messi, no me queda otro remedio que recurrir a los cuarteles de Doha -los mismos que visitó recientemente el gobernador Urtubey- para que las imágenes del partido lleguen nítidas a mi pantalla desde el emirato, de la mano del señor Bikabira, cuya foto aparece junto a estas líneas.

Bikabira es solo el nombre de fantasía que este simpático señor recibe en mi casa, ya que desconocemos su nombre real. Es él quien presenta los partidos de la liga española junto a futbolistas retirados como Paco Buyo o Paulo Futre.

La mayor sorpresa es que el señor Bikabira, en vez de imitar a Bonadeo, Fantino o Fabbri (a quienes probablemente ni siquiera conozca) es la réplica rediviva de Luisito Plaza, a quien tampoco conoció, pero cuya escuela ha trascendido al parecer desde la quietud pastoril de Coronel Moldes al bullicio futurista de la capital del emirato.

Bikabira no solo se parece a nuestro Luisito Plaza en estilo de comunicación sino incluso físicamente.


A veces pienso que en medio de su discurso árabe -en el que no faltan palabras como "kabira" (grande) o "taouila" (largo)- va a comenzar a hablar en salteño o que va a presentar a su lado a Juanita González, la que fuera fiel colaboradora de Plaza durante muchos años.

Tal vez, un día escuche a Bikabira decir -como alguna vez dijo Luisito- aquello de "¡muy buena la performance del piloto peruano!", una frase que usó para referirse a un recorrido con cero faltas de un jinete de pruebas ecuestres.

Quizá en medio de algún partido escuche a Bikabira contar -como contó alguna vez Luisito- su angustiante experiencia cuando el Boeing 737 que lo transportaba desde Buenos Aires acarició sin querer la corona de un cúmulo nimbus: "¡el omelette saltó hasta el techo y allí se quedó pegado!".

Es probable que, en el momento en que Messi inicie una imparable carrera con la pelota pegada al botín izquierdo escuche a Bikabira decir -como decía Luisito con voz argentina- "¡Cortada para Quevedo!", aquel fatídico preanuncio de que los jujeños nos dejarían otra vez fuera del Torneo Nacional, allá por los tempranos años setenta.

No comprendo -como es de suponer- una sola palabra de árabe (a excepción de "kibbeh", por supuesto). Pero me intriga saber por qué motivo en medio del partido los relatores cataríes repiten una y otra vez eso de "mubará", "mubará"; sobre todo porque si en realidad se refieren al señor Mubarak -el todavía presidente de esa coctelera política que se llama Egipto- la palabra repetida varias veces da a entender que el partido, más que un juego, es una auténtica batalla campal.

Convoco a los salteños a rastrear en las videotecas analógicas para rescatar a Luisito Plaza del olvido y a archivar a los arquetipos porteños del periodismo deportivo para volver a las fuentes.
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