Salta en el mundo
José Saicha y J. Armando Caro en el control técnico de Sonovisión - año 1963
José Saicha y J. Armando Caro en el control técnico de Sonovisión - año 1963
En casi un siglo, Salta incorporó el telégrafo por alambre (1872), después la telegrafía sin hilos, las comunicaciones entre radioaficionados (1925), la radio comercial (1930), la televisión por cable (1964) y la TV de señal abierta (1966).

En agosto de 1920, un grupo de radioaficionados porteños realizó la primera trasmisión de radio en directo en el país. Treinta y un años después, algunos de esos técnicos dirigieron la primera emisión de la televisión argentina.

El árbol genealógico de la telegrafía, la radio y la televisión reconoce las mismas raíces, no sólo técnicas sino también humanas. En la primera mitad del siglo XX en Salta, al igual que en Buenos Aires, casi todos los pioneros locales de la telegrafía y de la radio, lo fueron también de la televisión.

Al menos tres radioaficionados que formaron parte del puñado de salteños que, a partir de 1921, comenzó a interesarse aquí por la radio, participaron en la primera línea de los trabajos técnicos que permitieron la apertura de “Sonovisión. Canal 3”, uno de los primeros del país.

Después de casi un año de trabajo y de unos meses de emisiones experimentales, el 7 de mayo de 1964 “Sonovisión” comenzó a trasmitir para poco más de quinientos abonados residentes en un área del radio céntrico de la capital salteña, que tenía entonces 130.000 habitantes.

Esos técnicos fueron Juan Mesas Sánchez (62 años); J. Armando Caro (53) y José Domingo Saicha (47). Mesas Sánchez, nacido en 1903 en Almería, llegó a la Argentina en 1913. Pronto se trasladó a Salta donde comenzó a trabajar como telegrafista en el Distrito 18 de Correos. En 1924 construyó su primer receptor y en 1929 tuvo a su cargo la dirección técnica de la primera radio emisora de Salta.

Aunque abogado y varias veces legislador nacional, J. Armando Caro se había iniciado en la radio cuando tenía 13 años. Armó su primer equipo de radio a los 16, especializándose en electrónica durante más de medio siglo. En 1926 Mesas Sánchez y Caro se conocieron cuando ambos participaron en la reunión de fundación del Radio Club Salta.

A su condición de radioaficionado y amigo de los anteriores, José Domingo Saicha, hijo de un inmigrante iraquí, añadía su condición de empresario y, luego, de presidente del directorio de “Sonovisión S.A.”. Más de una vez estos tres amigos conversaron sobre la posibilidad de instalar la TV en Salta, antes que comenzaran a darse las condiciones para ello.

“Incluso antes de esos años (1958-1960) mi padre ya había realizado experiencias de trasmisión de señales de televisión de barrido lento (SSTV) sobre las bandas de radioaficionados de onda corta”, recuerda Luis Alberto, hijo de J. Armando Caro.

Juan Mesas Sánchez, en 1979
Juan Mesas Sánchez, en 1979
Mesas Sánchez reconoció que su interés por la telegrafía lo había llevado “a la radio y ésta a la televisión, no sin antes haber pasado en los años de 1940 por una experiencia en el cine. Trabajé como técnico en sonido en “Lumitón” de Buenos Aires. Recibí el primer premio por el sonido de la película “Así es la vida”.

En aquellas charlas previas a “Sonovisión”, Saicha, Mesas Sánchez y Caro coincidieron en la importancia que radio y televisión tenían en la comunicación humana. Pensaban que la incomunicación reforzaba el aislamiento de Salta y atizaba rencores. “Yo quería comprensión, entendimiento y colaboración entre personas que pensaran distinto. Las tecnologías de la comunicación deben estar al servicio de la confraternidad humana”, escribió Mesas Sánchez.

Saicha marcó los lineamientos de “Sonovisión” en el acto de inauguración. Incorporar a Salta a la aún pequeña e incipiente red de la naciente televisión argentina, era un modo de contribuir al progreso de la provincia, dijo. El grupo de empresarios y técnicos que construyó “Sonovisión” debió luchar “contra inexplicables egoísmos” y enfrentar “a sectores dispuestos a la obstrucción”.

La TV debía ser un medio para el diálogo y el entendimiento. Los programas no estarían “reñidos con lo ético y lo moral”. Lo comercial no estaría divorciado de lo cultural: ambos se complementarían. “Sonovisión” recogería preocupaciones políticas y sociales, pero no tendría banderas de partido.

Ingeniero Marcos Huller
Ingeniero Marcos Huller
El gran desafío era tender puentes que vincularan en una sola empresa la capacidad y experiencia de los técnicos con el capital de empresarios locales. En 1959 el diario “El Tribuno” firmó un acuerdo con el circuito cerrado “Tonsa TV”. La experiencia permitió ver imágenes televisivas en aparatos colocados en once casas de comercio situadas a no más de tres cuadras de la Plaza 9 de Julio.

“A mediados de 1962, yo estaba en “El Tribuno”, donde era asesor de Roberto Romero. Recuerdo que, al terminar una reunión con Saicha y el doctor Caro, me dice Romero: ‘Hay que hacer algo por la televisión en Salta’. De inmediato se acordó organizar una empresa. Me confiaron la tarea de redactar su Estatuto. Luego, la de Síndico y administrador”, recuerda hoy Víctor Martorell, por entonces joven abogado de 32 años.

La sociedad tenía que financiarse con un porcentaje de lo producido por la venta de aparatos de TV, con el cobro de la conexión y un abono mensual, además de publicidad. Para ello se conformó un grupo de empresas que tuvo a su cargo la venta de esos aparatos, dice Martorell. La capacidad e imaginación cubrían baches abiertos por las limitaciones de los recursos técnicos.

José Saicha, en 1979
José Saicha, en 1979
Saicha, presidente del directorio, era propietario de “Casa Novel”, “Titán” y “Soler”. Lo acompañaban Romero, director de “El Tribuno”; Yamil Chibán de “Sabantor”; el ingeniero César Alberto Pipino y Marta Moschetti, de “Moschetti”, y Humberto y Ricardo Maluf de “H y R Maluf”. Incluido Martorell, fue el grupo que aportó capital. Se invirtieron $30.000.000. Santiago Simón Torrego, en la parte contable, “fue eficiente, intachable, honesto”, anota Martorell.

El costo del cableado y el esfuerzo que demandaba su tendido, era la parte más pesada pues había que pagar al contado los cables coaxil, los distribuidores y otros insumos. Esta tarea fue supervisada por “Deneb”, empresa de Buenos Aires con experiencia en circuitos cerrados. Cada quincena se pagaban los jornales a los que se encargaban del tendido de la red. Mientras que “Philips” financió a largo plazo la compra de cámaras y equipos.

Un vacío legal permitió que “Sonovisión” eludiera las restricciones impuestas por el Estado nacional al otorgamiento de licencias para canales abiertos. La Municipalidad de Salta, previa aprobación del Concejo Deliberante, autorizó el cableado. En noviembre de 1963, después de prolongado debate, se sancionó la ordenanza autorizando el tendido de cables.

El núcleo del cableado estaba en Florida primera cuadra. Por el Norte llegaba hasta calle Ameghino; por el Sur hasta calle Tucumán. Virrey Toledo era el límite Este y República de Siria, el Oeste. “Fue una hazaña distribuir la señal con estos recursos técnicos, en un radio tan amplio sin que ella se perdiera. Lo que estaba pensado para edificios de propiedad horizontal, resultó viable en la ciudad”.

Dr. J. Armando Caro, en 1979
Dr. J. Armando Caro, en 1979
Los técnicos de “Deneb” tuvieron un papel importante en el armado de “Sonovisión”: los ingenieros Marcos Huller, Reingart y Carlos Muscio, tuvieron a su cargo el trasmisor. “Los amplificadores que utilizamos en Salta eran a válvula y en la línea del coaxil se enviaban, junto a la señal de TV, 110 voltios para alimentar los amplificadores. Esto era peligroso para los técnicos, que debían tener mucho cuidado al tocar los conectores”, refiere Muscio.

“Deneb” fabricaba antenas y era especialista en circuitos cerrados de TV, que se instalaban en edificios de departamentos para un número limitado de usuarios. Martorell señala que “Deneb” diseñó el sistema de cableado en la ciudad. “Extrapolando los conocimientos en circuitos cerrados pensó que se podría extenderlo a un amplio radio de manzanas de la ciudad. Se trataba de lograr un circuito más amplio reproduciendo la señal o amplificando”.

Según Martorell: “La experimentación y un sector importante de la parte técnica estuvo a cargo de J. Armando Caro que tenía 40 años de experiencia en radio y conocimientos avanzados en alta fidelidad. En aquel momento Caro era diputado nacional. Se le ofreció integrar el directorio como socio, pero no aceptó. Explicó que su condición de político era incompatible con esa función. Caro armó la mesa de sonido que era una joya. Allí puso sus conocimientos y su alma. Recuerdo que él compró, de su bolsillo, muchos de los elementos con los que hizo esa mesa”.

Poco antes de comenzar a transmitir, se consultaron algunas cuestiones técnicas con “Philips” de Holanda. “Horas antes del acto de inauguración, recuerda Martorell, recibimos la respuesta de “Philips”. Nos decían que nuestro proyecto no era técnicamente viable. ‘Lo que ustedes están tratando de hacer es imposible. Aconsejamos desistir de esa idea’. Fue un balde de agua fría. Por un momento pensamos que aquello sería un desastre, que nuestro emprendimiento nacería muerto. Huller y Caro aconsejaron seguir adelante y la cosa funcionó”.

“Lo logramos. Los abonados recibían la señal de “Sonovisión” que era muy buena. También sonido en Frecuencia Modulada, que era una novedad. Durante una hora, cuando salía la señal de ajuste, se emitía buena música. Informamos de todo esto a “Philips”. Meses después, la empresa mandó técnicos holandeses a ver aquella experiencia insólita”, añade Martorell.

El 5 de enero de 1964 comenzaron las trasmisiones experimentales. El 7 de mayo se inauguró el canal. El acto se trasmitió en directo. Comenzó a las 10.45 con una misa en la Catedral y siguió en los estudios de “Sonovisión” con la bendición del padre Roberto Desimone. Asistieron el ministro de gobierno, Guillermo Villegas y el intendente de la Capital, Pedro Betella. “Sonovisión” pidió que ese día, comerciantes y casas de familia permitieran a más gente ver la primera emisión de la TV en Salta. Había aparatos de TV en las calles que rodean la Plaza 9 de Julio.

Al comienzo el canal emitía desde las 18 hasta las 23 de lunes a sábado, y de 10.45 a 23.30 los días domingo. Ángel Longarte, hacía “El mundo en la noticia”. Héctor Bates Belgrano, tenía a su cargo la programación en vivo de “Sonovisión”. “Un señor Dorré fue gerente, vino de Buenos Aires y creo que era de “Proartel”, dice Martorell. Locutores fueron Carlos Alfonso García, Magda Sirolli de Wayar, Mary Gerbino, Luis Plaza, Teresita Castillo, Raúl Rodini y Lorenzo Moreno.

Programas con mucha audiencia eran: “El Fugitivo”, “Ruta 66”, “El Santo”, “Doctor Cándido Pérez, señoras”, “La Familia Falcón”. “La Tuerca”, “Bonanza”, “Maveric”, “El Show de Dick Van Dyke”, “Bat Masterson”, “Combate”, “El Club del Clan”, con Antonio Prieto. “Doctor Kildare” y “Parry Mason”. “Hacer exteriores era complicado, pero se logró. Trasmitimos la procesión del Milagro y la visita de los reyes de Bélgica, Balduino y Fabiola, resumió René Caballero.

“Dos años después, el canal de cable cedió ante la fuerza del canal de aire. Se consideraba que el cable no tenía futuro. Eso no fue así. Hoy el cable lidera la TV. A la larga, fue un error aquella decisión”, explica Martorell. “Sonovisión” fue un paso necesario para dar lugar al canal de aire. Esa fue la idea de los accionistas”.

Al comenzar “Sonovisión” había 500 aparatos de TV. Cuatro años después los receptores de televisión eran 1.500 y la ciudad tenía 30.000 hogares. “Fue una experiencia importante. Permitió que Salta incorporara uno de los avances más importantes del siglo XX en materia de tecnología de las comunicaciones. Fue también un ejemplo de conjunción de capacidades, esfuerzos y recursos”, concluyó Víctor Martorell.

(*) Síntesis de “Orígenes de la radio y de la TV en Salta”, investigación inédita de Gregorio A. Caro Figueroa.
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