Política y gobierno
Señora Pando
Señora Pando
"La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música", dijo alguna vez Groucho Marx. Con esta aguda observación, el comediante no sólo consiguió granjearse la antipatía de los militares de su país sino también la de sus colegas castrenses argentinos, que, quizá, a raíz de aquellas palabras comenzaron una ambiciosa operación de extirpación de la "víbora marxista". La trágica confusión entre el marxismo de opereta y lo que se llamó el "socialismo científico" hizo buena otra frase del mismo Groucho Marx que, con idéntica agudeza, decía que "inteligencia militar era una contradicción en los términos".

Las dificultades de nuestros hombres de armas para identificar al enemigo han permanecido, al parecer, larvadas durante décadas. Estas dificultades han evolucionado en paralelo a otras anejas como las que, desde siempre, atenazan a nuestros oficiales a la hora de utilizar la lengua de Cervantes. Basta repasar los discursos huecos del dictador Jorge Videla o los ininteligibles de su homólogo Galtieri para darse cuenta por qué muchos de ellos eran más bien partidarios de que "hablasen las armas".

Hoy mismo, sin ir más lejos, el casi bicentenario ejército patrio nos ha sorprendido con una resolución por la que se dispone el pase a retiro de un oficial de aquella fuerza. Si ya resultan sorprendentes los motivos que se esgrimen para clausurar sin honores la carrera del joven oficial y prolífico padre, mucho más sorprendente es el lenguaje que se ha empleado en los considerandos de la medida. En uno de sus párrafos se sostiene lo siguiente:

"La gran falencia en relación al concepto habiente del causante al surgirle en el seno de su grupo familiar continuas críticas contra el PEN (Poder Ejecutivo Nacional) y el Ejército argentino, con el agravante que algunas se originaron desde la casa asignada al causante en el Barrio Militar General San Martín, sito en Paso de los Libres"

El párrafo parece haber sido redactado por el enemigo. O, a lo mejor, codificado en alguna clave secreta de aquellas que suelen utilizar los profesionales de la guerra. ¿Qué es el concepto habiente del causante? Esta intrincada frase recuerda mucho, otra vez, a Groucho Marx cuando decía aquello de La parte contratante de la primera parte, será considerada como la parte contratante de la primera parte.

No llama menos la atención el empleo de la expresión PEN (Poder Ejecutivo Nacional) en reemplazo de la más natural "Presidente de la Nación", porque -recordemos- las críticas de la esposa del militar no se dirigieron al "poder" en términos abstractos sino al ciudadano de carne y hueso que lo ejerce. De todos modos, la terminología castrense parece no haber evolucionado mucho desde los años setenta, épocas en las que era (infelizmente) normal hablar de detenidos que se hallaban "a disposición del PEN". Ni qué decir del uso de la expresión "Ejército argentino" con el adjetivo en minúsculas, que refleja, probablemente, un descenso en la autoestima de una fuerza que siempre escribió su nombre con mayúsculas.

Lo que se lleva la palma, sin embargo, es la justificación del pase a retiro (las críticas del grupo familiar), agravadas insólitamente por haberse realizado desde "la casa asignada al causante" en un barrio militar. El ejército parece haber anulado de hecho aquel viejo dicho de "yo en mi casa digo lo que quiero", llevando el principio de la disciplina militar y el de la extraterritorialidad de sus normas hasta la más recóndita de las intimidades del hogar familiar. No debiera de extrañarnos que, de aquí en más, se exija a los militares, en uso de la vivienda "provista por la repartición", que se cepillen los dientes en posición de firme o que antes de cada comida deban de entonar las estrofas de "Aurora". En alguna época, conductas como esta era contempladas como propias del "totalitarismo", pero en los tiempos que corren parece que todo ha cambiado.

La música militar sigue sonando... desafinadamente. De la letra, mejor ni hablar.

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