Política y gobierno
Brizuela
Brizuela
En el mes de mayo de 1973, pocos días antes de que se produjera el segundo retorno al país de Juan Domingo Perón, circulaba yo distraído por el antiguo patio cubierto del Colegio Nacional de Salta cuando sorpresivamente otro alumno del colegio me detuvo poniéndome la mano sobre el pecho. Sin que yo pronunciara palabra, me dijo: "El almirante Rojas cometió un gran error al no matar a Perón. Debió haber bombardeado y hundido la Cañonera Paraguay en donde se había refugiado el tirano".

Tenía yo entonces sólo 14 años, y a pesar de mi corta edad, al parecer ya acreditaba una cierta y mal ganada fama de peronista. Yo entendí aquel comentario como un exabrupto propio del gorilismo que era mayoritario entre mis compañeros de colegio, pero más tarde comprendí que el autor de aquella frase infame tenía la intención de humillarme frente a un grupo de amigos, degradando públicamente esa condición de peronista de la que yo, al parecer, presumía exageradamente. A pesar de los ribetes de este suceso, nunca sentí un especial rencor ni por lo sucedido ni por la persona que había proferido aquella barbaridad. Unos pocos años más tarde los acontecimientos me iban a permitir interpretar aquellas palabras como un preludio de la escalada de odio que agitada por unos y por otros desataría una matanza en el país.

En 1983, con 25 años, abandoné el Partido Justicialista por decisión propia. Desde esa fecha vengo contemplando, cada vez con menos sorpresa, cómo muchos de los antiperonistas recalcitrantes de los años setenta -incluidos los partidarios del magnicidio del líder- se han convertido en acalorados abanderados de la causa peronista, renegando de su propio pasado y de las ideas que entonces los animaban.

Como yo no reniego el mío, me veo en la obligación histórica de recordar que quien en 1973 se lamentó del "error estratégico" del malvado almirante golpista es el hoy ministro de Gobierno de Salta, escribano Víctor Manuel Brizuela.

Leyendo hoy la crónica de la represión desatada por la Policía de Salta durante la manifestación docente del viernes pasado, descubro que el ministro Brizuela se opone ahora a toda forma de "intolerancia y violencia" y que defiende la "armonía entre docentes y gobierno" y "el respeto de los derechos de los demás ciudadanos". En suma, un halcón reconvertido en paloma de la paz.

No puedo ocultar que experimento una enorme satisfacción al comprobar cómo el peronismo ha contribuido a civilizar las ideas extremas de don Víctor Manuel, partidario hace treinta años de "otras soluciones políticas" bastante diferentes a las que hoy considera él compatibles con la democracia y el Estado de Derecho.

Afortunadamente, hoy, como hace treinta años, yo sigo pensando lo mismo sobre la violencia y la intolerancia, y sigo defendiendo con la misma obstinada decencia de entonces la vigencia de la democracia, del imperio de la ley y del respeto a la vida humana.
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