Homenajes
Ing. Eduardo Patrón Costas
Ing. Eduardo Patrón Costas
Hoy, día 27 de marzo de 2012, se conmemora el centenario del nacimiento del ingeniero Eduardo Patrón Costas, tercer hijo de Robustiano Patrón Costas y Elisea Ortiz Isasmendi. Eduardo Patrón Costas pertenece a un linaje de emprendedores cuyo fundador llegó a Salta hace 260 años, procedente de Betanzos (Galicia) para dedicarse al comercio, cría de ganado, fabricación de carretas y a la industria del cuero.

Eduardo Patrón Costas se graduó en la Universidad Nacional de La Plata en 1936. Desde 1938, y durante más de medio siglo, administró del Ingenio San Martín del Tabacal. Tenía 26 años cuando inició su carrera en esa empresa, fundada por su padre en 1918 como cuña en la selva. El impulso innovador y la gestión eficiente del ingeniero Patrón Costas hicieron de El Tabacal una de las empresas azucareras más importantes de América latina y modelo en el mundo.

Esta empresa agroindustrial, una de las primeras del país en su género, se caracterizó por una gran complejidad, pues incluyó técnica industrial, comercial, agrícola y ganadera; investigación científica aplicada; gestión empresaria; preparación del suelo; construcción de edificios, viviendas, ferrocarriles, obras de irrigación; relaciones laborales; organización del trabajo y atención de la educación, la salud, el deporte y la recreación.

Durante los cincuenta años al frente de El Tabacal, el ingeniero Patrón Costas introdujo importantes innovaciones técnicas; extendió la superficie cultivada; en los años ’60 triplicó la producción; diversificó cultivos; introdujo variedades de caña, cosechadoras mecánicas y herbicidas; incorporó edificios y viviendas para el personal; mejoró el sistema de transporte; amplió depósitos, entre otras innovaciones.

Para el ingeniero Patrón Costas la empresa fue más que una estructura de producción. Poseía rasgos del hombre de negocios moderno que concentra todo su trabajo en su empresa aunque, por su formación humanista, Patrón Costas fue más allá de esos límites. Para ese hombre de negocios, “la empresa es un ser viviente de carne y hueso que, gracias a su contabilidad, a su organización y a su prestigio, tiene una existencia económica independiente”, según W. Rathenau.

Además de sus fines económicos y de concentrarse sobre su compleja armazón, la empresa debía “transformarse en comunidad de vida”, abierta a los cambios y a la sociedad de la que forma parte. La relación de Eduardo Patrón Costas y con la empresa y con las miles de personas que trabajaron ella, fue comprometida, cercana y cotidiana. La condujo en el terreno; fue sensible a inquietudes y a problemas humanos. Consagró sus días para que esa idea se proyectara en iniciativas solidarias, muchas silenciosas y poco conocidas.

La más importante de ellas fue la fundación de la Universidad Católica de Salta, a cuya concreción el ingeniero Patrón Costas dedicó un sostenido, equilibrado e inteligente esfuerzo desde el año 1959, cuando se iniciaron gestiones para su creación, hasta 1969 cuando los cursos regulares que habían comenzado a dictarse dos años antes en el Colegio Belgrano, se trasladaron al campus de Castañares, recién inaugurado. Reconocida en 1968 por el gobierno nacional, la Universidad Católica es la primera casa de altos estudios en la historia de Salta.

A la visión de futuro, capacidad de trabajo y talento organizador, añadió un conjunto de virtudes, cualidades y principios que orientaron sus actitudes, articularon su conducta y rigieron su vida. En su personalidad asoman algunos rasgos de su padre: laborioso, ordenado y también sensible; obró con reflexión y reflexionó desde la acción; combinó prudencia con capacidad de decisión; “adusto pero cordial, severo consigo mismo pero bondadoso”.

Sobriedad y discreción, equilibrio y tolerancia, no apetencia política, fueron elección de vida en Eduardo Patrón Costas. Al momento de administrar su tiempo en el que, como Benjamín Franklin percibió como “la sustancia de la vida”, optó por aplicarse al trabajo creativo, por la solidaridad sin ostentación y por la familia que formó con María Magdalena Giménez Zapiola, su gran apoyo e inspiradora, con la que constituyó una familia de diez hijos y numerosos nietos y bisnietos, los que guardan con afecto respetuosa memoria de ambos.
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