Homenajes
Carlos Caro
Carlos Caro
Carlos Alberto Caro nació en Metán el 11 de agosto de 1935 y falleció a los 55 años, en la ciudad de Salta, el 2 de noviembre de 1990. Fueron sus padres el doctor Alberto Francisco Caro y Fanny Hilda Lanzi, ambos vinculados a la ciudad de Metán en la que residieron y a la que consagraron su actividad, su capacidad y su vocación solidaria.

Cursó estudios primarios en Metán y secundarios en la ciudad de Salta. Inició los universitarios en Buenos Aires, los que no completó pues ante la muerte de su padre debió asumir responsabilidades como productor, cuando tenía veinticinco años. Desde muy joven acompañó a su padre en las tareas políticas, heredando de él su preocupación por los problemas sociales. Participó activamente en la actividad política, a la que se incorporó plenamente a partir del año 1955. Durante esos primeros años el compromiso político demandaba desinterés y firmes convicciones, dado que el justicialismo, al que adhirió, estaba impedido de actuar dentro de la legalidad y sus dirigentes eran objeto de persecuciones.

Atenuado el rigor de esa proscripción, Carlos Caro participó activamente en la campaña electoral de las elecciones del 18 de marzo de 1962 en las que se ratificó el carácter mayoritario del peronismo en la provincia. Anulados esos comicios, se realizan nuevas elecciones en junio de 1963. En esas elecciones es postulado como candidato a diputado provincial, cargo para el que resulta electo cuando tenía 27 años de edad.

Dentro de la Cámara de Diputados de Salta integró comisiones de trabajo y formó parte de la conducción del Bloque de Diputados del Justicialismo. No pudo completar su mandato por el golpe de Estado que, el 28 de junio de 1966, derrocó al presidente constitucional Arturo Illia y a todos los gobernadores provinciales, clausuró el Congreso de la Nación y las legislaturas provinciales.

Por tercera vez en sus 35 años, Carlos Caro era testigo de un golpe de Estado que afectó a las instituciones, vulneró las garantías constitucionales e impuso normas que prohibían la actividad política. Pese a que desobedecer esas imposiciones de la dictadura implicaba asumir serios riesgos personales, Carlos Caro redobló su compromiso democrático con un claro contenido nacional y social.

Como parte de esa decisión, cuando aún era un riesgo mencionar el nombre de Perón, a finales del año 1966, Carlos Caro viajó a Madrid para entrevistarse con el ex presidente de la Nación que se encontraba en el exilio y al que muchos le adjudicaban la condición de político agotado, sin ningún futuro.

De regreso al país, Caro intensificó su actividad política de oposición a la dictadura de Juan Carlos Onganía. Caro fue parte de un pequeño grupo de dirigentes que en Salta no acató la orden de congelar la actividad. No sólo la mantuvo sino que estuvo en las primeras filas de la acción opositora.

Apoyó a la CGT de la Argentinos que conducía Raimundo Ongaro, del que fue amigo y al que visitó en 1978 cuando este dirigente estaba exiliado en Madrid. Desde el Justicialismo adhirió al Movimiento de la Revolución Nacional; apoyó la actividad de los ateneos y centros de estudio convertidos en Salta en centros opositores que recibían la visita de dirigentes o intelectuales como Arturo Jauretche, José María Rosa, Arturo Illia, Abelardo Ramos y Horacio Sueldo.

También apoyó las protestas estudiantiles del año 1969, durante y después del Cordobazo. “Recuerdo un acto que se realizó una noche en la plaza principal de Metán en apoyo a los estudiantes de todo el país. La plaza estaba iluminada por antorchas que llevaban en sus manos vecinos y estudiantes metanenses. Yo estaba de paso por Metán. En un momento Carlos Caro se acerca y me pide que hable. Hablé y esa noche trasmití parte de mis conversaciones con él”, recordó luego un dirigente de la Federación Universitaria del Norte.

Quienes lo conocieron recuerdan no sólo al dirigente político y al productor, sino también al amigo y al ser humano solidario. No puso jamás la marca de su nombre y apellido a los muchos apoyos en los que se prodigaba. Nunca especuló con réditos personales ni políticos por esas expresiones de solidaridad que llegaban al necesitado, al desprotegido, al que era perseguido o estaba preso.

A partir de junio de 1970 los días de vida del régimen de facto estaban contados. Más por reconocimiento del fracaso de aquella dictadura que por convicciones democráticas, el gobierno devolvió la legalidad a la actividad política y anunció su propósito de convocar a elecciones sin proscripciones, excepto la de un nombre: Juan Domingo Perón.

En noviembre de 1972 Carlos Caro regresó a Madrid. Esta vez no lo hacía para visitar a un Perón acosado por las persecuciones y aislado por la ingratitud, sino para acompañarlo en su vuelo de retorno a la Argentina, después de 18 años de destierro. Caro fue elegido por el Justicialismo de Salta para representar a ese movimiento integrando la comitiva que acompañó a Perón en aquel histórico viaje. Caro fue uno de los principales impulsores de la Coalición del Interior.

Al cumplirse un año de ese vuelo, el 17 de noviembre 1973, a poco más de un mes de asumir su tercera presidencia, Perón le hace entrega una medalla en recuerdo de ese viaje. Carlos Caro participó activamente en las dos campañas electorales del año 1973: la que culminó el 11 de marzo con el triunfo del Justicialismo, y la del 23 de septiembre que, por tercera vez, consagró a Perón como presidente de la Nación.

La muerte de Perón, el recrudecimiento de la violencia y de la crisis del país desembocaron en un nuevo golpe de Estado en marzo de 1976. A diferencia de los anteriores, ese régimen implantado por la fuerza no se proponía ser un simple paréntesis entre dos gobiernos constitucionales, sino establecer una dictadura dispuesta no sólo a prohibir la actividad política sino a eliminar dirigentes, y no sólo aquellos que practicaban la violencia.

Decenas de compañeros, amigos y el propio Carlos Caro fueron objeto de esas persecuciones que se manifestaron con distinta intensidad: desde el secuestro y asesinato de amigos suyos, como el profesor Luis Risso Patrón; pasando por el exilio de, entre otros, Sergio Santillán y sus primos a los que ayudó y visitó en el exilio; la detención de otros y la discriminación laboral de muchos.

Hacia finales del año 1982 el régimen manifestó su intención de convocar a elecciones. En el orden nacional, parte de los principales dirigentes del peronismo histórico y renovador constituyó el Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO) fundado, entre otros, por Antonio Cafiero y J. Armando Caro. En Salta Carlos Caro adhirió al MUSO.

Un importante sector del peronismo salteño consideró que Carlos Caro era la figura que podía aglutinar voluntades. Así fue elegido precandidato a gobernador acompañado por un peronista de larga trayectoria, Dante Lovaglio. Con más esfuerzo y propuestas que recursos económicos, afrontó la campaña interna que concluyó en las elecciones del 14 de agosto de 1983 donde la Lista Amarilla, que él encabezó, obtuvo mayoría de votos.

Una discutible decisión judicial desvirtuó en un fallo el resultado obtenido en las urnas. Sus convicciones democráticas habían sido puestas a prueba, quizás con mayor fuerza que las de los años adversos. Caro no sólo fortaleció esas convicciones sino que dio una generosa y sincera prueba de adhesión a las mismas, aceptando esa decisión y llamando a cerrar filas en torno a las candidaturas que el Partido Justicialista presentó en las elecciones del 30 de octubre de 1983.

Ha concluido un proceso interno duro y áspero, dijo luego. “Pero el momento político, la necesidad de reencontrar el camino de la convivencia civilizada y pacífica entre argentinos, exigen gestos de grandeza y pruebas de responsabilidad política”, señaló en un documento fechado el 26 de septiembre de 1983.

Pese a cuestionar el traslado al ámbito judicial de estas elecciones donde su candidatura había triunfado limpiamente y a señalar que esto restaba legitimidad al proceso electoral, apostó a recomponer el diálogo y de hacerlo “lejos de toda tentación mercantilista”. Por último, exhortó a los dirigentes y votantes de su lista a “volcarse en apoyo decidido y activo a las listas del Partido Justicialista”.

Siete años después, el 3 de noviembre de 1990, el ex gobernador Roberto Romero, que había competido con Carlos Caro en esas elecciones internas del PJ, dijo: “Estuvimos enfrentados, fuimos adversarios, pero hay que reconocer en Carlos Caro a un ferviente defensor de la democracia, incluso en los años más duros de la dictadura militar”.

Desoída su prédica favorable a una democratización del peronismo y a la integración de todos sus sectores, en 1985 Carlos Caro fundó el Partido Tres Banderas. Un sector del peronismo de Salta llegó a la conclusión de que la estructura partidaria local no garantizaba una participación necesaria para consolidar la débil democracia, y que tampoco permitía una actualización programática.

El Partido Tres Banderas logró reunir más de 8.000 afiliados; se organizó en todos los departamentos de la provincia; en las elecciones legislativas de noviembre de 1985 se colocó como el cuarto partido provincial obteniendo un caudal electoral inicial del 5% de los votos. Los intentos de los motines militares de 1987 y 1988 dirigidos a desestabilizar la democracia, encontraron el rechazo de Caro.

Carlos Caro murió el 2 de noviembre de 1990. Su desaparición dio lugar a una emocionada despedida en Metán. “Metán llora la pérdida de Carlos Caro, un amigo del pueblo, al que prodigó su sencillez, su alegría. No supo de rencores, sino de dulzura y perdón”, dijo Elsa Vera.

“El sello de Carlos Caro quedará marcado en esta sociedad por el amor que prodigó a sus hijos, por el afecto sin reservas que brindó a sus amigos, por su hospitalidad y su generosidad, por haber brindado a sus hijos una fina educación, por haber incorporado las más avanzadas tecnologías a sus empresas y por el afecto que brindó a sus colaboradores”, expresó Lucio Poma.

El transcurso del tiempo atempera y tamiza las pasiones políticas; permite trazar con más equilibrio y ecuanimidad el perfil de los protagonistas y permite evaluar sus trayectorias con más serenidad y justicia. Que una calle de la ciudad de Metán lleve el nombre de Carlos Caro es un acto de justicia. Su vida fue un compromiso no sólo con ideas y valores que defendió a lo largo de su vida, sosteniéndolas en momentos difíciles: también fue un compromiso de hacerlo en el lugar donde nació, junto a la comunidad a la que perteneció, con la que se identificó y a la que defendió.
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