Historia y tradición
Arturo Frondizi
Arturo Frondizi
Si no hubieran ocurrido el 6 de septiembre de 1930, el 4 de junio de 1943, el 16 de septiembre de 1955, el 29 de marzo de 1962, el 28 de junio de 1966 o el 24 de marzo de 1976… La historia Argentina está plagada de “si no hubiese…”. Lo ocurrido a lo largo del siglo XX nos marcó a fuego como sociedad y terminamos casi siempre con las manos vacías o, dicho de otra manera, con el edificio a medio construir y echando culpas a diestra y siniestra. En todos los casos, la indiferencia de los mirones detrás de las ventanas fue peor que la miopía de los complotados. ¡Qué cosa inmanejable nuestra política!

Se cumplen 50 años del inicuo y grotesco golpe –por donde se lo mire- que derrocó a Arturo Frondizi (1908-1995), cuyo gobierno venía muy zarandeado por derecha y por izquierda, principalmente agredido por su principal beneficiario: el peronismo proscripto. Posiblemente no haya habido ningún presidente más incomprendido que él en la historia del siglo XX. Aún hoy se percibe en sectores intelectuales una especie de negación, propia de quienes se sienten con una cierta culpa retroactiva. No tanto por haber sido protagonistas en aquellos años difíciles (están ya todos muertos, obviamente) sino porque lo han descubierto tarde al personaje, su plan de gobierno y logros decisivos en cortos cuatro años; o han sabido de su vasta obra escrita (cito en particular Petróleo y Nación –de lectura obligada para quienes vendieron YPF en los 90 y hoy lograron perder el autoabastecimiento-, El problema agrario argentino, El Movimiento Nacional, fundamentos de su estrategia) o por la cantidad de estudios e investigaciones que se han hecho sobre su figura, su época y su gobierno. El juicio histórico lo ha ubicado entre los grandes estadistas de nuestro país y del mundo, y no es una exageración.

“Piensen como hombres de acción y actúen como hombres de pensamiento”, solía decirnos a los jóvenes militantes desarrollistas, a la vez que para afuera distinguía drásticamente al estadista, que piensa en la próxima generación, del politiquero cuyo horizonte no es más que la próxima elección. Eso lo pinta de cuerpo entero.

Aparte de la ignorancia de los captores que lo recluyeron en la Isla Martín García, había por cierto mala fe en sus mandantes, paradójicamente tocados en sus intereses a causa del autoabastecimiento de hidrocarburos, de las pujantes industrias de base, petroquímica, siderurgia y celulosa. Pero no es solo el haberlos afectados lo que le costó el gobierno, no le perdonaron haber procurado cicatrizar las heridas abiertas por el peronismo, el sector que menos entendió su prédica.

Allí está también, accesible a los investigadores profesionales o aficionados, la parva de discursos que pronunció durante su mandato. De entre ellos voy a rescatar uno, pronunciado en febrero de 1962 en Córdoba, dos meses antes del golpe, en el cual Frondizi rescató la esencia de su gobierno, que tenía un rumbo claro y procuraba superar rencores y diferencias sectarias “[…] para liberarnos del atraso y la dependencia de intereses extraños”. Entonces sostuvo
“Nadie quiere hacer de la Argentina un país rico pero sin alma; un país de mercaderes egoístas y trabajadores pauperizados. Aunque hubiera un argentino tan desviado y tan ignorante de las raíces que lo sustentan, […] la realidad nacional y universal se encargarían de desautorizarlo categóricamente. Una nación, un pueblo, no son cosas que se inventan … Son realidades vivas que se desarrollan en un proceso histórico pleno de formas espirituales y que conviven con otros pueblos en permanente interrelación”.
Como diría el criollo, más claro echalo agua. Mi sentido homenaje al gran patriota.
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