Historia y tradición
Si, como se sabe, un grupo social se construye sobre la base de una estructura material, una conciencia colectiva y lazos de solidaridad, habrá que convenir que el último de estos elementos parecía mostrar fisuras en la sociedad salteña de finales del siglo XIX. Es posible que esas fallas de los vínculos comunitarios estuvieran anunciando con más fuerza, no la ruptura sino el paulatino tránsito a una sociedad basada más en vínculos sociales contractuales que en "la voluntad y el espíritu de parentesco" predominantes en los valores de la antigua sociedad estamental. El final del siglo XIX y el comienzo del XX sería el escenario donde aquella vieja sociedad apuraba su retiro, y en el que se abría paso el predominio de relaciones más objetivas y mediatizadas.

Los caminos del comercio próspero dentro del espacio próximo de los tradicionales circuitos andinos y los del comercio local parecen cerrados, al menos para esta rama de los Frías cuya reválida de méritos y futuro depende más del estudio y ejercicio de una profesión liberal como la de abogado que de las rentas de la tierra o del incierto mundo de los negocios. Tres de los hermanos Frías Mollinedo: Daniel J., Bernardo y Juan Tomás obtienen el título de abogados y doctores en jurisprudencia. Todos ellos tienen una actuación destacada no sólo en su profesión sino como estudiosos del derecho.

Daniel será designado interventor en las provincias de Córdoba y La Rioja por el presidente Irigoyen. Bernardo será el fundador de la historiografía salteña y Juan Tomás será gobernador de Salta, ministro del Interior y diputado nacional. Observa Atilio Cornejo que los conocimientos y la valiosa biblioteca de su hermano mayor Juan Tomás, fueron decisivas en la formación y en la obra escrita de Bernardo Frías.

Frías se sintió cómodo y gratificado con el estudio de la historia antes que con el ejercicio de la abogacía y con los pleitos. Como bien observó Roberto García Pinto, el frontal rechazo de Frías al "detestable modernismo" apuntaba a las lacras que se ocultaban en sus entretelas y a la demolición de antiguas virtudes en nombre de un afán de lucro sin normas y sin límites. La descomposición del Poder Judicial que Frías pinta es el fragmento de un cuadro que incluía a los otros poderes del Estado, cuyas palancas eran controladas por clanes familiares que obtenían y retenían el gobierno mediante el fraude y la violencia.

En los párrafos autobiográficos de "La casa de los Frías", el autor de la "Historia de Güemes", refiriéndose a su carrera de abogado, anota: "en ésta, no le caí en gracia a la fortuna. Ningún pleito de importancia vino a mis manos. Y el teatro en el que me tocó en suerte actuar fue el de la depravación de las costumbres y la transformación en mercado de los Tribunales. Yo no había nacido, con ese don de atraer gente, ni para procurarme negocios y, aprovechando la oportunidad, para poner en práctica este aforismo: A la gallina y al cliente desplumarlos haz en caliente. De esta manera que apenas me rendía la profesión para sostenerme con dignidad".

Los valores heredados orientaban los pasos del joven abogado que, habiendo recibido el ofrecimiento de hacerse cargo de un Juzgado, declinó el ofrecimiento no sólo porque no tenía experiencia sino, "lo que era más grave, que la Constitución que debía jurar cumplir y respetar al recibirme del cargo y tomar la vara, exigía sabiamente dos años de práctica, y yo sólo tenía dos meses. No, no podía manchar mi nombre con el primer paso en mi vida pública, y me quedé en mi casa ¿Cómo podía dar comienzo a mi carrera con un perjurio? ¿Y cómo podía ser Juez respetuoso de las leyes que iba enseguida a aplicar, si comenzaba por ultrajar solemnemente la Constitución?".

"No era entonces el foro de Salta como para hacer fortuna, como que nadie hasta entonces se había enriquecido en sus estrados. Y al lado de esta mezquindad del teatro, comenzó a desarrollarse en él la corrupción más espantosa: jueces que eran partícipes con martilleros y procuradores, yendo a medias en las ganancias con aquellos, y recibiendo valiosos obsequios de estos, en cambio de la justicia que vendían. Uno de ellos recibía del procurador de sus amaños, el mueblaje de su sala como obsequio de bodas; otro penetraba en la casa cerrada de una de las partes, abriendo la puerta con llave del dueño, mientras éste preparaba los festejos del pleito, cuyo resultado ya conocía antes de estar sacada en limpio la sentencia.

"Y algunos gobernadores no tenían por malo enviar sus tarjetas de empeños por alguna de las partes que era de su lado, y que los jueces obedecían haciéndose los tontos, con excepción del doctor Pío A. Saravia, que nos mostró indignado una de ellas. Los privilegiados con los favores de los magistrados judiciales, llegaron al extremo de formar gavillas. Todos los cargos lucrativos a que los pleitos daban ocasión, eran repartidos entre ellos, y los honorarios por supuesto que correspondían al amor entre hermanos.

"A tal extremo llegaba la corrupción de las costumbres públicas, que el mismo Tribunal Superior de Justicia aparecía formando a la cabeza del partido político que sostenía al gobierno. El foro, convertido en verdadero mercado, veía algunos abogados quitarse los pleitos, a otros mandando emisarios particulares a solicitar el arreglo judicial de la sucesión de padres de familia, llegando a la desvergüenza y el escándalo a no aguantar siquiera que ocurriera el fallecimiento; mientras otros acompañaban con especial interés los restos del difunto a quien seguramente ni de vista conocían".

Esta denuncia de la corrupción política y las opiniones críticas de Frías quizás expliquen en parte que hayan tenido que transcurrir casi 90 años para que se publique la casi totalidad de su obra. En septiembre de 1912, Alberto Tena, enviado a Salta por la revista porteña "Fray Mocho" entrevista a Bernardo Frías y publica su conversación en la sección "Gentes de tierra adentro".

"Los libros los ha editado el doctor Frías de su peculio particular. En cierta ocasión el editor solicitó del gobierno cuatrocientos pesos para completar los dineros necesarios exigidos por la impresión del segundo volumen.. La respuesta fue muy halagadora para un hombre que ha dedicado 25 años a estudios históricos. Fue una gran respuesta... Se suscribía seis ejemplares que importaban diez y ocho pesos", suma que jamás habría sido pagada por el gobierno. Muy mal pagaba el régimen conservador imperante en Salta a este intelectual cuya obra aún se menosprecia y al que con temeraria ligereza se etiqueta como "historiador de la oligarquía salteña".

(*) El texto consultado es una versión del original, mecanografiada en La Rioja en 1975. Consta de 60 folios tamaño oficio a espacio simple. Concluye con la siguiente observación de quien hizo la trascripción: "El copiar un original tan plagado de errores fue un acto de perseverancia rayano en la testarudez". Se trata de una versión incompleta que no incluye interesantes aspectos autobiográficos del autor, reproducidos por Atilio Cornejo en "Bibliografía jurídica de salteños" (Salta, 1983) Además de "La casa de los Frías", permanece sin publicar "El Congreso de la Independencia", obra dramática en dos actos. Dejó inconclusos otros dos: "Tratado de moral cívica" y "Compendio de historia argentina". Además de estas "Tradiciones familiares", Frías escribió 8 volúmenes de "Tradiciones históricas". El primero se editó en Buenos Aires en 1923; el segundo en 1924; el tercero en 1926; el cuarto en 1929 y el quinto en 1930. Cuarenta y cuatro años después de la muerte de su autor, aparecieron en Salta los volúmenes VI (1974), VII (1978) y VIII (1989). Las "Tradiciones" están reunidas en 2.247 páginas.

(**) La obra más importante de Frías es la "Historia del general Martín Güemes y de la provincia de Salta o sea de la Independencia Argentina" cuyo primer volumen apareció en Salta en 1902. El segundo y el tercero en Buenos Aires en 1907 y 1911. El cuarto y quinto en Salta en 1950 y 1961. La obra completa se terminó de editar en Buenos Aires en 1973, setenta y un años después de aparecido el primer tomo. La edición completa consta de seis volúmenes que recogen los ocho tomos que totalizan 72 capítulos y 3.874 páginas. Se abre con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y se cierra con el asesinato de Facundo Quiroga en 1835.

Bibliografía principal

- Philippe Ariès. Ensayos de la memoria 1943-1983. Prólogo de Roger Chartier. Grupo Editorial Norma. Colombia, 1995.
- Gregorio Caro Figueroa. Historia de la gente decente en el Norte argentino. Ediciones del Mar Dulce. Buenos Aires, 1970.
- Atilio Cornejo. Bibliografía jurídica de salteños. Ediciones Limache. Salta, 1983.
- Roberto García Pinto. Isis o la literatura del Norte argentino. Edición de la Fundación Michel Torino. Salta, 1984.
- Carlos Jáuregui Rueda. Los vascos navarros de Salta. Siglos XVI al XIX. Notas para su estudio.Fundación Vasco Argentina Juan de Garay. Departamento de Estudios Históricos. Buenos Aires, 2003.
- José Antonio Maravall. Poder, honor y elites en el siglo XVII. Editorial Siglo XXI. Madrid, 1979.
- José Antonio Maravall. La literatura picaresca desde la historia social. Siglos XVI y XVII. Editorial Taurus. Madrid, 1986.
- León Pomer. La construcción del imaginario histórico argentino. Editorial Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1998.
- Paul Ricoeur. La memoria, la historia, el olvido. Editorial Trotta. Madrid, 2003.
- Ferdinand Tönnies. Comunidad y asociación. Prólogo de Lluis Flaquer y Salvador Giner. Homo sociologicus. Ediciones Península. Barcelona, 1979.
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