Historia y tradición
El grupo principal atesora la memoria como valioso capital simbólico que otorga consistencia, legitima socialmente y permite acrecentar no sólo la honra y el prestigio, sino también el patrimonio tangible. La memoria es un bien que se acumula, se posee, se hereda y se cultiva. Ese son procede del tener. Se trasmite a través de abuelos y de padres. Por el contrario, la "gente sin historia" carece, entre otros de este recurso. Las gentes sin historia, al tener incierto origen, conocen vagamente sus raíces y no pueden establecer con claridad quiénes fueron sus antepasados, y en muchos casos, tampoco pueden determinar quiénes fueron sus padres. Su no son deriva de su no poseer bienes. Esa gente sin historia se coloca bajo las órdenes y la protección de los señores que tienen historia, pueden recordarla, protagonizarla y escribirla. Los que son pueden documentar su historia. Ella está en probanzas, escrituras de propiedad, testamentarias, registros escritos y cartas.

La posesión de ese capital simbólico podía reforzar la posesión del capital material; también podía contribuir a compensar su mengua pero no podía evitar su pérdida. Pero la propiedad por sí sola no da acceso a la decencia. Que algunos indios o miembros de la plebe adinerados hayan adquirido tierras a miembros de familias decentes, no les otorga visado para el reconocimiento social. Parte de las propiedades del padre de Bernardo Frías fue adquirida a $3.000 por "un indio de la región". Pero esa transmisión de la propiedad no incluía la trasmisión del honor.

Por el contrario, que algunos decentes hayan perdido sus propiedades y ventajas, deslizándose hacia la condición de pobres decentes, los aleja del grupo. "La pobreza achola", se decía en Salta. Aunque en ciertos casos actúan los mecanismos de solidaridad dentro del grupo, esta situación provoca una movilidad descendente. Como señaló Maravall "la pobreza destruye hasta la calidad estamental de la sangre y pobreza aquí no es otra cosa que carencia de bienes económicos".

Se perdía el patrimonio por persecuciones políticas, tal como ocurrió a algunos de los españoles europeos o americanos que se mantuvieron fieles al Rey de España. Tal el caso de Andrea y Manuela Zenarruza, hijas del rico comerciante vasco Francisco Zenarruza, que pudieron conservar "la casa solariega, pero en una soledad y pobreza tan profundas, que alcanzadas a limosnas a las veces, no pudieron morir de hambre". La pobreza llegó con la vejez a otras hijas de padres pudientes. Una de ellas sobrevivía cosiendo a mano, pasando penurias porque "tenía que ahorrar de real en real para completar la suma que tenían que entregar por contribución territorial al fisco".

También se perdía en las mesas de juego, como ocurrió al español Navarro casado con una de las hijas de Teresa Fernández y Hoyos, familia con propiedades en los Valles Calchaquíes. Fue por este parentesco que Benigno Frías, padre de Bernardo, trabó relaciones con Navarro a quien pidió apoyo para comprar en Buenos Aires mercaderías ultramarinas en Buenos Aires.

Producida la quiebra de Navarro, Benigno Frías forma una sociedad con dos de sus hermanos, Ricardo y Melesio, para exportar ganado en pie a Chile. Los hermanos Frías dividieron la tarea: Ricardo se instaló en Tinogasta, en cuyos alfalfares engordaban los vacunos que desde Salta le enviaba Benigno; Melesio, encargado de fijar los precios, vender las remesas y cobrar las ventas, fijó su residencia en Chile que ofrecía por entonces un atractivo mercado para el ganado salteño.

"Las ganancias comenzaron a hacerse tan visibles que iban los socios en camino de hacerse ricos como lo fueron sus abuelos; más el menor de ellos, el radicado en Chile, Melesio cayó en las desgracias del jugador, arruinó la sociedad, despilfarrando sus beneficios a tal extremo que se vio en la necesidad de disolverla ya que contra su hermano, los Frías no podían entrar en otra clase de arreglos", anota Bernardo. Pese a sus "calavereadas", Melesio "era bueno y generoso".

Benigno, el padre del historiador, se vio forzado a vender la Estancia El Yeso para que Melesio pudiera reemprender la actividad exportadora hacia el Norte de Chile. Un temporal de viento blanco en plena cordillera frustró el intento de Frías. "La tropa entera pereció". Por segunda vez Benigno sufría un duro revés económico. En tanto que su hermano Melesio se marchó al Chaco salteño donde permaneció más de diez años "sin mostrar la cara" hasta que pudo recuperar parte de su fortuna. En tanto que Ricardo regresó de Catamarca, adquirió campos en Guachipas donde "si no en la opulencia, vivió tranquilo y feliz".

Empujado por sus actividades comerciales el padre Frías debió viajar a Valparaíso, Copiapó y a Lima. En 1845 compró una casa cuya entrada principal daba a la calle de la Victoria (hoy España) a una cuadra y media de la plaza principal de la ciudad de Salta y cuya puerta falsa lo hacía hacia el "tagarete"de Tineo (hoy avenida Belgrano). En 1862 el gobernador Juan Uriburu confió a Benigno Frías el cargo de Colector General de la Provincia. Derrotados el bando de los Uriburu, Frías no sólo perdió sus sueldos sino también su cargo.

Con el apoyo de dos de las personas más acaudaladas de Salta, Benjamín Zorrilla y Juan Galo Navea, don Benigno Frías se dispuso a abrir una tienda de ultramarinos. La buena marcha de sus negocios se vio alterada por la invasión a la ciudad de las fuerzas de Felipe Varela, lo que obligó a Frías a cerrar su tienda y abandonar su casa para salvar la vida. La intervención de un catamarqueño que acompañaba a Varela y que había conocido a Frías en su provincia, evitó el saqueo.

La tienda fue languideciendo hasta extinguirse, por lo cual la sociedad de Frías con Zorrilla llegó a su fin en 1871. "De cosa de seis años en seguida, los recursos para sostener la familia comenzaron a declinar y llegaron a tal extremo la escasez que temporada hubo, llamada por nuestro buen humor, ‘la época de la crisis’, en que nuestro anciano padre se halló materialmente sin pan para la mesa. Sin embargo, de aquellos cuatro varones que Dios le concedió en su hogar, se formaron tres doctores".

Las penurias materiales comprometieron a Benigno en pequeñas deudas. Para cancelar una de ellas de sesenta pesos, el padre de Frías recurre a dos personas conocidas para pedir un préstamo ofreciendo dejar en garantía un reloj de oro. Un canónigo de la Catedral muy allegado a la casa, se lo niega. Otro antiguo y adinerado amigo manda a contestar: "Dile a Benigno que no soy un banco".

"En cambio un extranjero, que ninguna vinculación que tenía con la familia, sino una amistad respetuosa y sólo de conocidos, tendió su mano sin reparo. Era don Miguel Fleming, cuyo nombre se consagra aquí para que su memoria sea venerada, dado que la gratitud por pequeño el favor que sea, no es afecto que deba extinguirse fácilmente en nuestra casa".

Con diferencia de unos pocos años y frente a dos dificultades – la de la amenaza del saqueo de su tienda por los seguidores de Felipe Varela y la necesidad de cancelar una deuda- Frías constata que la solidaridad no proviene de su grupo de pertenencia sino del exterior de ese círculo: de aquel lejano conocido catamarqueño y del boticario irlandés Miguel Fleming quien "sirvió desinteresadamente a los heridos (de la invasión de Varela) con sus remedios".

eXTReMe Tracker