Historia y tradición
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, intuyendo esa necesidad de insertar al pasado de Salta como parte del pasado nacional, el grupo principal salteño comenzó a clausurar las querellas contra la figura de Güemes que había atizado en vida de éste. ¿No era acaso un error colocar a Güemes al lado de los caciques anárquicos, demagógicos y disolventes? ¿No resultaba más conveniente y más justo presentarlo como un arquetipo de gaucho decente, hombre de orden, de buenos modales y de buena familia? como se pregunta León Pomer.

Hasta 1880 prevalecieron las críticas del general José María Paz a Güemes y los ataques a éste lanzados por Dámaso Uriburu y por el jujeño Joaquín Carrillo (1877). Cuando Frías comenzó a recopilar datos para su "Historia de Güemes" pudo entrevistar a algunos de los últimos sobrevivientes de aquella época. Uno de ellos fue una tía abuela suya, Francisca Valdez Hoyos ("Pachuca") Hija de un asturiano realista, Francisca murió a los 91 años manteniendo intacto su rechazo a Güemes.

Frías le pidió que le contara sus recuerdos de Güemes y su época. "Güemes no ha hecho nada, nos dijo. No ha hecho más que la guerra de recursos. Y al insistir en que particularizara los datos, sólo obtuvimos esta respuesta: Cállate hijo mío, no me hables más de ese bandido". La elite salteña no podía "regalar una figura surgida de su propia entraña", anota Pomer, quien señala que fue Frías quien introdujo ese viraje. Aunque hay que precisar que, cronológicamente, ese giro estuvo precedido de un gradual ese cambio de opinión que se reflejó en la casi total adhesión de los salteños al homenaje a Güemes organizado en Salta por Ángel Justiniano Carranza en junio del año 1885, y al que adhirieron descendientes de algunos de los más enconados opositores a Güemes.

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