Economía y sociedad
Turismo en Salta
Turismo en Salta
El ejercicio de la salteñidad en el exilio nos expone a veces a un proceloso mar de contradicciones. Para los salteños que viven fuera del país no siempre es posible hacerse con una idea acabada de la marcha de la sociedad que los ha visto partir, ni siquiera con una idea aproximada de sus progresos y de sus retrocesos. Una de las razones de este déficit es la virtual ausencia en Salta de medios de comunicación libres, plurales y de calidad. Las otras son, con toda probabilidad, la escasez de estudios científicos serios y una cierta propensión universitaria a reciclar los conocimientos sobre la realidad regional hacia dentro de los propios claustros.

Estas carencias obligan a menudo a reconstruir la realidad de algunos procesos a través de las noticias de viajeros, de los contactos epistolares, de las crónicas que contienen los weblogs y de los pocos artículos que se publican en la llamada "prensa digital alternativa". La realidad que dibujan estas fuentes oscila entre el triunfalismo de un número no desdeñable de salteños que contemplan con satisfacción el crecimiento de la actividad turística, y la visión hipercrítica de quienes, desde otras posiciones, destacan el creciente grado de insatisfacción social, los avances de la pobreza y el retroceso de las libertades democráticas.

Para los primeros, el aumento constante de la oferta hotelera, el flujo creciente de visitantes extranjeros y la remodelación del centro histórico de la ciudad señalan hitos de progreso que distinguen claramente a este presente, pródigo en intercambios con el extranjero, de un pasado reciente marcado por el inmovilismo y la marginalidad de nuestros servicios turísticos.

Salta -qué duda cabe- ha dado un salto hacia adelante en materia turística y, aunque resulte paradojal, este salto ha disparado el orgullo de algunos de nuestros comprovincianos. Todo ello hasta el punto de que algunos parecen más preocupados por la cantidad de hoteles de cinco estrellas que se construyen en Salta que por los índices de desarrollo humano que denuncian a los gritos que los salteños ven cada día más comprometido su acceso a las fuentes esenciales del bienestar como la salud o la educación públicas.

Otros, en cambio, no dudan en afirmar que el crecimiento del turismo sólo beneficia a un sector muy pequeño y bien delimitado de la sociedad y que el crecimiento de la riqueza que viene de la mano del aumento cuantitativo del turismo no se corresponde con una mayor equidad en la distribución de esta riqueza, sino que, al contrario, este crecimiento está contribuyendo a ampliar, todavía más, las diferencias entre ricos y pobres.

La función social del turismo

Los últimos acontecimientos políticos y sociales -que han servido para confirmar de un modo concluyente y definitivo el carácter profundamente conservador de las políticas gubernamentales- nos inclinan a pensar que este modelo de "desarrollo turístico", por llamarlo de algún modo, ignora por conveniencia que el llamado "turismo sostenible" no sólo demanda un medio ambiente intacto sino también, y muy especialmente, un entorno socioeconómico positivo para las ofertas turísticas.

Lo que queremos decir es que el empeño por alcanzar la meta de un "turismo sostenible" no puede ni debe detenerse en la compatibilidad ecológica sino que debe avanzar hacia objetivos más ambiciosos de compatibilidad sociocultural y económica, que hoy por hoy están ausentes de las políticas públicas del Gobierno de Salta.

El turismo sostenible debe contribuir al intercambio entre culturas y favorecer el entendimiento entre los seres humanos, pero al mismo tiempo debe posibilitar una dinámica cultural autónoma de las regiones y contribuir a la justicia social. Como sostienen los expertos, las regiones de destino no deben tener la simple consideración de museos sino que deben ser valoradas como el espacio vital de sus habitantes. En este aspecto, la función de Salta como centro de servicios para el turismo debe tener siempre una consideración secundaria.

Nuestro turismo debe perseguir los criterios de un crecimiento económico cualitativo, que posibilite la creación y distribución de riqueza a medio y largo plazo, teniendo en cuenta los costes y los beneficios ecológicos y sociales. El auge del turismo en Salta, lejos de instalarnos en el triunfalismo y en la autocontemplación, debe hacernos reflexionar sobre el papel que la actividad turística puede y debe desempeñar para contribuir al crecimiento y desarrollo del bienestar en nuestra Provincia, garantizando una renta y mejorando la calidad de vida de todos sus habitantes y no solamente de una parte de estos.

El futuro del turismo en nuestra Provincia está ligado a la capacidad de sus dirigentes para convertir a esta actividad en un elemento de equilibrio que ayude a conjurar nuestros déficits estructurales, un objetivo que sólo puede ser alcanzado en la medida en que el turismo de Salta esté siempre integrado en una economía intersectorial sana, diversificada y articulada en torno a las características específicas de la región.

La evaluación de la marcha del turismo salteño debe evitar tanto los triunfalismos de los que cuentan las estrellas de los hoteles y los tenedores de los restaurantes, como la superficialidad de quienes analizan este fenómeno teniendo en cuenta solamente indicadores como la rentabilidad de los negocios, el número de visitantes o el incremento del producto regional. Es preciso un debate profundo acerca de la función del turismo en nuestra sociedad y de su capacidad no sólo de generar riqueza sino de distribuirla equitativamente, respetando nuestra identidad como pueblo y nuestros valores socioculturales, entre los que se cuenta, de un modo inequívoco, la justicia social.

Eludir este debate supondrá alimentar una falsa ilusión de riqueza y privará seguramente al turismo salteño de su capacidad para contribuir a la superación de la pobreza y para enriquecer culturalmente a todos los salteños, sin excepción.
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