Economía y sociedad
Conflicto docente
Conflicto docente
La Nación dedica uno de sus editoriales al conflicto entre el Gobierno de Salta y los trabajadores de la educación pública que, desde hace cinco semanas, impide la normal prestación del servicio público de educación en el territorio de la Provincia.

Bajo el título "Salta: ¿Qué culpa tienen los chicos?" el matutino porteño alerta sobre las graves consecuencias que acarrea la interrupción de las actividades lectivas, remarca la irresponsabilidad de quienes han dispuesto y mantienen la medida de fuerza y exhorta a las partes en conflicto a alcanzar un acuerdo salarial satisfactorio que permita el inmediato levantamiento de la huelga.

La situación no parece ser muy diferente a la de comienzos de clase de 1994, año en el que el gobierno de Roberto Ulloa se encontraba jaqueado por una protesta docente tanto o más grave que esta, que en su momento despertó también la sensibilidad de los medios de comunicación y de los poderes públicos nacionales.

Entre aquella situación de hace once años y la que trae de cabeza al actual Gobierno de Salta hay, sin embargo, notables diferencias. En 1994 el propio gobernador calificó a Salta de "Provincia inviable", un diagnóstico que intentaba reclamar un trato benevolente para la inercia en que estaba sumido el gobierno renovador, pero que levantó las feroces críticas de sus opositores.

Diez años ha necesitado el gobernador Romero para demostrar a los ciudadanos el error de diagnóstico de su antecesor. La idea de "Provincia inviable" ha cedido paso a la idea de una "Provincia en movimiento". éste concepto ha servido para hinchar el ego de los "gestores gubernamentales", hasta el punto de llegar a convencerse a sí mismos del carácter providencial no sólo de su gestión pública sino de su propia existencia. Sin embargo, es notable cómo ese "éxito extraordinario" de los profesionales de la nueva burocracia estatal no ha recibido en la opinión pública nacional el trato que ellos piensan que sus aciertos merecen. Para los grandes medios nacionales Salta no pasa de ser simplemente "una provincia ordenada", en el mejor de los casos, aunque, según La Nación de hoy, está camino de erigirse en un "vergonzoso ejemplo de subdesarrollo".

El gobierno de Romero se enfrenta al declive lógico y natural de todos los gobiernos inusualmente largos, marcadamente autoritarios e indisimuladamente conservadores. Ha perdido frescura, capacidad de respuesta y agudeza de visión política. Sus equipos han envejecido al compás de la esclerosis de su aparato ideológico y los "nuevos expertos" (por llamar de algún modo a ese grupo que espera su oportunidad) se resisten a jugar sus cartas a un gobierno crepuscular y en alarmante retroceso. En materia de Educación, el gobierno de Salta está pagando ahora el error de haber sustituido a finales de 2000 a un ministro con una amplia experiencia política por un tecnócrata de tercera fila, cuya gestión merece pasar al más piadoso de los olvidos.

Los gobiernos autocráticos responden tarde y mal a los conflictos sociales, no sólo porque van perdiendo reflejos sino porque sus acciones, exentas de cualquier contestación política al no existir una oposición seria o, cuando menos, activa, se van revistiendo de una falsa infalibilidad, propia de los seres providenciales.

Del lado de los docentes, hay que reconocer que su instrumental de lucha sindical es tanto o más anacrónico que la respuesta de su antagonista. Que hay errores que se repiten sin que nadie sea capaz de advertir a los interesados: que una protesta sindical con semejantes niveles de radicalización no beneficia los intereses económicos y profesionales de quienes la protagonizan, que no es posible resistir una huelga larga y profunda sin asegurar servicios mínimos, que el modelo de "gestión asamblearia" del conflicto ralentiza la toma de decisiones y dificulta los acuerdos, que no se puede malversar el gran apoyo popular que están recibiendo en movilizaciones y protestas dando cobijo a operaciones políticas ajenas a las legítimas reivindicaciones que sustentan y que la gran mayoría de los salteños esperan de ellos mucho más que espíritu de lucha y capacidad de movilización.
eXTReMe Tracker