Economía y sociedad
El Noroeste de Salta, mi Provincia, es una zona rica y plena de posibilidades de crecimiento económico y de desarrollo humano. Empero muchos de sus habitantes carecen de empleo, viven en la pobreza o no encuentran, sobre todos los jóvenes, un horizonte de futuro dentro del cual construir sus vidas. Para colmo de males, de un tiempo a esta parte vienen reiterándose prácticas violentas que se montan sobre reivindicaciones generalmente legítimas.

En este escenario, algunos comentaristas han optado por presentar a la privatización de YPF como la causa, única y excluyente, de los recientes sucesos de General Mosconi.

Sin embargo esta interpretación ignora que, en términos globales, la década del 90 fue una etapa de crecimiento en la cual aumentaron la superficie sembrada y la producción agrícola, se multiplicaron la producción de petróleo y gas y las correspondientes regalías, y creció el número de ocupados en el sector formal de la economía, aun cuando es igualmente cierto que aumentó el desempleo.

Respecto del mercado de trabajo local, sobresalen dos circunstancias. De un lado, muchos trabajadores no están suficientemente preparados para ocupar los nuevos puestos de trabajo que genera la actividad petrolera. De otro, la evolución demográfica (natalidad, inmigración, emigración) desborda cualquier buen comportamiento de la economía.

En realidad y mas allá de estos indicadores, Mosconi y el Departamento General San Martín atraviesan una situación extremadamente compleja y difícil.

La degradación de la política

En primer lugar, las instituciones políticas del norte salteño resultan insuficientes para gobernar tan inmenso territorio. Dicho en otros términos, una decena de Municipalidades estructuralmente débiles y casi subordinadas al poder central provincial, no alcanza para definir políticas regionales, para encarar obras de infraestructura, ni para coordinar los servicios públicos esenciales.

Conviene recordar, además, que los ciudadanos de los Departamento del norte de Salta tienen un papel determinante dentro del mapa electoral provincial, ya que -en la práctica- de su voto depende el resultado final de las elecciones a Gobernador y a legisladores nacionales.

Es esta la razón por la cual los políticos salteños, con contadas excepciones, persisten en el error de procurar buenos resultados electorales, apelando a dos elementos igualmente perniciosos:

  • El uso clientelar de la ayuda social, que es asignada en función de lealtades partidistas; y
  • Un sistema electoral donde los sub-lemas multiplican las candidaturas y terminan por consagrar representantes sin sustento popular suficiente.

Esta combinación perversa ha destruido la política. Así, los partidos tradicionales parecen en trance de extinción, la actuación de las organizaciones empresarias y sindicales resulta empañada por expresiones demagógicas o asamblearias, los liderazgos naturales -democráticos y pacíficos- suelen ser desbordados por quienes prefieren la violencia verbal o física.

La crisis de la política acarrea dos consecuencias mas: La cíclica desaparición del Estado, reemplazado -bien que en zonas acotadas- por las vías de hecho o por los agentes violentos, y la influencia -en determinadas áreas de la administración- de militantes adscriptos a las prácticas antidemocráticas.

Quisiera detenerme un momento en esta afirmación, para señalar que en Mosconi no solo han muerto ciudadanos pacíficos y han resultado heridos Gendarmes enviados para restablecer el imperio de la Ley, sino que están amenazados derechos fundamentales tales como el derecho a vivir en paz, a producir y a contratar, la libertad sindical o el derecho a circular libremente.

Si una combinación de pobreza, desgobierno, corrupción y violencia es perniciosa en cualquier sitio, es francamente grave en una zona de frontera castigada por el narcotráfico, el contrabando y la desesperanza, y en la mira de quienes buscan solidaridades con expresiones terroristas que operan mas al norte.

Las reformas institucionales necesarias

Pese a este cuadro preocupante, pienso que los problemas del Noroeste de Salta tienen solución.

Una solución en donde los factores estrictamente locales se enmarquen en una serie de principios o condiciones generales: profundización de la democracia (o, lo que es lo mismo, la erradicación del caudillismo); lucha eficaz contra la pobreza; reconstrucción del Estado de derecho, de la paz pública y de la seguridad fronteriza; emergencia de una clase dirigente capaz, honrada y con vocación de servicio.

Entrando en la temática local, hace falta crear dos nuevas instancias de Gobierno: Una, la Mancomunidad de Oran y San Martín, dotada de autonomía, dirigida por una Junta Departamental con funciones definidas en materia de obras, servicios y tributos. Otra, un Consejo Económico y Social donde, además de los empresarios, trabajadores, profesionales y agricultores, participen las comunidades aborígenes. Ambas estructuras deberían financiarse con ahorros en el gasto político provincial y municipal.

Estos cambios locales deben inscribirse dentro de una mas amplia reforma provincial, que refuerce las prácticas democráticas y reduzca drásticamente el gasto político mediante la eliminación del Senado, la profesionalización de la administración pública (hay que abandonar la idea de que es un botín de las familias o de los partidos gobernantes), y la despolitización de la ayuda social.

Pero sin duda las mas urgente de todas es la eliminación de la Ley de Lemas.

Es igualmente preciso reemplazar el actual régimen de coparticipación provincial, garantizando que un porcentaje importante de las regalías hidrocarburíferas sea administrado por aquella Mancomunidad y sirva para financiar un ambicioso programa de infraestructura, centrado en la inversión en capital humano, riego, energía barata y telecomunicaciones; además del ferrocarril y los buenos caminos que agilicen y abaraten la salida de la producción local hacía los dos océanos.

Se trata de lograr, en resumen, que el área y sus habitantes logren una inserción exitosa en la globalización.
eXTReMe Tracker